Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

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martes, 29 de mayo de 2012

Métrica: el octosílabo (1)

El índice de los temas sobre métrica de este blog se encuentra en:
http://hanganadolosmalos.blogspot.com/2011/09/metrica-espanola-indices.html




El cuadro de posibilidades rítmicas del octosílabo, el más popular y tradicional de los metros en lengua española, es el que sigue enseguida; el número de sus variantes resulta, como se ha analizado en muchas ocasiones, riquísimo; entre todas ellas llamo la atención sobre la que se ha llamado abajo hemistiquial (1.3.7), algo descuidada en la primera versión de esta métrica, ya que se trata de una modalidad peculiar, como veremos, que se aparta en cierto modo del metro de ocho y no llega, por otra, a la pura serie ritmica. 


OCTOSÍLABOS


                    
         Heroicos                    2.4.7               puro
                                           2.5.7               pleno
                                            2.7                 difuso

         Melódicos                 3.7                  puro
                1.3.5.7            pleno
                3.5.7               semipleno
                1.3.7               corto   hemistiquial               
                     
         Dactílicos                 1.4.7   
        
         Sáficos                      4.7

         Enfáticos                 1.5.7               corto
                                          1.7                 largo

         Vacíos                       5.7                 corto
                                          7                    largo               


Si como patrón métrico de mayor tradición y amplio uso, ha sido objeto de numerosos análisis e inventarios al trazar su historia trazamos la historia de la métrica española. 
Los encontramos en los orígenes de la poesía castellana, formando parte como hemistiquio de los cantares de gesta, de los viejos romances, de la poesía medieval fluctuante, del refranero, como verso mayoritario de zéjeles y villancicos... En los cancioneros barre prácticamente al heptasílabo y se impone como verso dominante de arte menor. Con esas dos herencias, los siglos de oro no hacen más que prolongar y enriquecer su uso, ensayando variedades poco frecuentadas antes. La comedia nueva lo utilizó como forma poética del coloquio dramático, es decir, la base sobre la que se marcaban luego otros registros populares o cultos. Vivo en las tonadillas del s. XVII, en los romances de la centuria siguiente, cada vez que asoma un género popular –zarzuelas, sainetes, neoromances...–
Quizá lo más conveniente e ilustrador sea mostrar las veces que autores, corrientes o épocas (el Mester de Clerecía, los poetas italianizantes del siglo xvi, el modernismo, los poetas cultos del 27, la postguerra en el siglo XX, los novísimos, etc.) han intentado no caer en sus redes. O aquellas otras en las que se ensayaron modalidades extravagantes, como el octosílabo con cesura, utilizado por Espronceda en “A Matilde”, que en realidad se convierte en composición rítmica de doble cláusula ooóo / ooóo, de la que damos ejemplos en el repertorio. 
Hubo un momento, con el triunfo de las formas italianas, desde 1530 a 1580 aproximadamente, cuando el octosílabo pareció que se retiraba a los ámbitos de la poesía popular y tradicional. Difícil resultaba encontrarlo en los cancioneros de Garcilaso, Figueroa o fray Luis de León...; pero se fue recobrando no solo con el auge de la poesía popular, del conceptismo religioso, de la tradición cancioneril y, sobre todo, del romancero nuevo, sino en la inspiración  de los poetas cultos, que volvieron a frecuentarlo; ya en la segunda mitad del s. xvii vuelve a dominar sobre las formas italianas. Algo semejante ocurre en los albores del siglo xx, con el triunfo del modernismo y su repertorio de estrofas cultas, asentadas en alejandrinos, endecasílabos y eneasílabos; pero volvió a reponerse nuevamente, sobre todo por la importancia que le otorgó Juan Ramón Jiménez, inmediatamente después de sus libros modernistas y antes de su inspiración neobarroca, es decir, entre 1903 y 1910, incluso apareciendo en series asonantadas, como octosílabo conversacional (por ejemplo, en Antonio Machado), para terminar triunfando en el neopopularismo posterior (Lorca, Alberti). Aquel movimiento lo que muestra es que las tendencias artísticas innovadoras alientan el apartamiento del metro octosilábico como verso demasiado gastado y popular; cosa que también ocurre en poetas de marcado aire intelectual o de voluntad artística muy señalada (Jorge Guillén) o en la etapa inicial de buenos versificadores (José Hierro).

En cuanto a sus tipos rítmicos, lo normal es que el acento esencial en séptima venga precedido de otros en quinta/3,2; mientras que el de cuarta pide en 1ª o en 2ª, aunque como se verá las variedades son ya muchas; las más frecuentes son las trece que he organizado en el esquema, bajo cuyos epígrafes se ordenan las subvariedades. 
Ya señalé, y lo reitero, que entre todas ellas la variedad 3.7 puede configurarse como serie o tirada rítmica (ooóo), y de hecho muchas veces ha funcionado así, por ejemplo para lograr la melodía de las cuartetas aconsonantadas de “A Margarita Debayle”, de Rubén Darío:

Una tarde la princesa                                3.7
vio una estrella aparecer;                         (1).3.7
la princesa era traviesa                             3.7
y la quiso ir a coger.                                  3.7
…….


Esta variedad del octosílabo, extraordinariamente cantarina y sonora, no es en rigor una tirada rítmica pura, pues juega en su composición y sonido también la cesura o final de verso, muy breve, de manera que ambos aspectos configuran un tipo de poesía que es casi una canción.
Para su uso polirrítmico, el más frecuente, véase el romance del conde Arnaldos, cuyo arranque y final son toda una exhibición de posibilidades:

¡Quién hubiese tal ventura                                    1.3.5.7           
sobre las aguas del mar                                         4.7                 
como hubo el conde Arnaldos                                3.5.7              
la mañana de san Juan!...                                      3.7                 
... Yo no digo mi canción                                       1.2.3.7            .
sino a quien conmigo va.                                       5.7       


Completaré, con dos entradas nuevas, la exposición del octosílabo, mostrando en la siguiente ejemplos de las variedades, para terminar, en la última, con sus combinaciones.
¡Viva Grecia!           










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