Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 22 de noviembre de 2016

Un jardín en el centro de Madrid


Existe, como alguna vez hemos dicho aquí, una bibliografía de los jardines de Madrid, que en algunos casos olvida ejemplos tan notorios como el jardín de Angloma, que cierra –si se pudiera cerrar– la Plaza de la Paja. 

A muchos habrá sorprendido el remanso del jardín que ocupa toda la espalda de la Casa de América, recogido en torno a una fuente neoclásica que preside una palmera añuda y chata, al lado de una especie de cenador, que el otoño ha dejado con las alfombras de costumbre. 


Todo el jardín está rodeado por una gran verja, a la que se enrosca una glicina probablemente centenaria. El lugar resulta tan bello como frondoso.... y, por cierto, el restaurante que lo cierra por el lado opuesto a Recoletos, el de la Casa de América, ha bajado sus precios para hacerlos normales y que la gente pueda disfrutar de aquel lugar mientras combate el hambre. Dejo unas cuantas fotos.




Nos recibe un acebo, hembra, cuajado de frutos ya; luego, pitosporos, arces, prunos.... aun agarrados al otoño, entre verdes y dorados.
Seguro que Mercedes Gómez, la historiadora de Madrid (la referencia, en la carátula de mi Blog, "Arte en Madrid"), ha trazado ya en alguna de sus páginas la historia de este lugar.







martes, 11 de enero de 2011

Arte, ingenio, circunstancia



Pasamos de manera rápida por una exposición el lunes –estaba cerrado El Prado– en la Casa de América, el Palacio de Linares, que ocupaba tres plantas con objetos irregulares: como muchas de las exposiciones de ahora lo primero que percibe el profano es el ingenio en un contexto de extravagancia y todo vale. El ingenio ha de apoyarse en circunstancias, es casi como el chiste del arte. No lo menosprecio en general; mi tantas veces citado viejo alumno y luego colega Pablo Moíño me enseñó la seriedad del ingenio en muchos aspectos. 
El comentario viene a cuento porque, además de las muestras de arte-ingenio-circunstancias que voy a integrar en esta entrada, hoy por la mañana he mantenido larga conversación con mi querida alumna Lucía, que está convencida de que la literatura es "innata" al hombre, a la humanidad, y de que ha existido siempre. Profe algo derribado ya, no he tenido fuerzas suficientes como para iniciar la siempre ardua batalla de las ideologías, y apenas le he podido insinuar que "la literatura no existe", que existe una actividad muy importante en nuestra sociedad –y en otras– que se suele denominar así –y esa sí que es importante–.... y después de unas cuantas vueltas por el campo, de concluir que en definitiva todo se resume en saber lo que denominamos "arte" y su parcela "literatura". 

Corresponde el centro de este círculo a la ilustración anterior, con la leyenda
yo no tengo ningún inconveniente en llamar arte a esa lámpara de los años cuarenta hecha con bolígrafos bic, al poster redondo del coleccionista de estampas de la Virgen (¡precioso cuadro!) o al resultado de recoger cartas de avisos varios para componer un mosaico del ingenio, la estupidez y la capacidad de echar a risas todo que tiene la condición humana.


Pero a renglón seguido añadiría que también me gustaría designar como arte a los modos que tiene de cubrirse con un manotazo la calva Ángel Gavilondo –mi ministro– o a la capacidad de encontrar el ritmo y la presión suficiente en la delicada tarea de concluir un asunto animal, sea el hombre o sea la mujer, con dosis distinta –supongo– de dulzura, tenacidad, ritmo y presión. 


La vieja pelea por las palabras. Los poetas deberían ser todos nominalistas, por principio. Un poeta de acción, un pragmático, quedaría entregado a una infinita melancolía –ausencia y pérdida de lo que no se sabe bien qué es– y sería un parado más en el universo de esta crisis que se han inventado. Vamos a dejarlo, porque voy a pedir otra vez la revolución, cuando en realidad lo que muchas veces se necesita es el arte animal al que antes aludía, prendido de unos ojos, como los que vi el otro día –no me había fijado– el domingo, grises. ¡Qué hermosos son los ojos grises! Y no es arte. La naturaleza no es arte. ¿Será arte el modo de mirar de aquellos ojos grises que se escondían detrás de unas gafas? ¿Dónde empieza el arte, en el ponerse las gafas, en elegirlas, en mirar detrás de los cristales? O más difícil todavía, ¿en combinar el gris de los ojos –natura– con el artificio de las gafas? 
Vinieron luego otros buenos alumnos a preguntarme, casi con avidez, cuestiones de filología –de lo que se llama literatura, vamos– que querían resolver con mi contestación, de manera que en algún momento me sugirieron que definiera con mayor contundencia, casi que cuantificara. Ahí es ello, que es una de las vetas espirituales –no vayamos a confundir todo, que esta entrada va muy mezclada–: no solo no hay que cuantificar, ni siquiera se debería alcanzar la definición, lo mejor es devolver al mar todo y que siga en su lograda y real complejidad; esa solución es más exacta que la otra, aunque no satisfaga nuestro imposible deseo de llevar al magín grandes dosis de conocimiento, para lo cual reducimos la realidad a perlas sintéticas, casi siempre falsas.
Tengo que volver a a hablar con Lucía.
Y tengo que hablar también con Moíño.
Y tengo que volver a mirar aquellos ojos grises.

***

Uno de los resultados inmediatos de esa Ortografía que las gentes se ha regalado estas navidades, con las 800 páginas y sus buenos dineros, es que es un modo de dar carta blanca en los usos. Un poco el ¡viva la virgen! al que íbamos a llegar por nuestra propia desventura vital. Ello explica los usos con caja baja que a veces rechinan a los más pacatos, cosa que da hasta vicio, fíjense si no qué bien se leen: víctor garcía de la concha, esperanza aguirre, zapatero, la ortografía de la real academia española, pedro álvarez de miranda.... tienen su encanto, a veces no se sabe bien si huelen o no, si hacen milagros o no, si son iglesia, calle o si tienen los ojos grises: azucena, almudena, recoletos, domingo, etcétera. Es una golosina. Y en el sin embargo encontramos cosas como: Ojos Grises, Chinita, Revolución.... (Recordad: siempre cuatro puntos suspensivos, como César Vallejo, con caja alta.)