Hace poco Isaías Lerner nos envió para la revista VOZ Y LETRA, que dirijo para la editorial Arco-Libros, dos hermosas cartas autógrafas de Benito Arias Montano, que se encuentran depositadas en la Morgan Library de Nueva York: su letra es armoniosa, humanista desde luego, menuda, muy controlada en su disposición y trazado. Escritas desde Flandes y sobre sus asuntos, a veces trasluce una queja que, sin duda no podía ser más fuerte, sobre los males de las guerras, que tan lejos debían de estar de sus quehaceres de estudioso de lenguas antiguas, por ejemplo.
Luego, en el Archivo del Instituto de Valencia de don Juan, en el palacio de Osma en Madrid, he tenido ocasión de leer bastantes más cartas autógrafas suyas sobre asuntos diversos; otras creo recordar que había en la biblioteca Zabálburu, también de Madrid; pero aun más me interesaron las cartas cruzadas entre el Gobernador de Flandes, Zúñiga, Granvela, etc. cuando muy a veces y muy lateralmente se referían a Arias Montano. Hay un momento en el que Zúñiga comenta —las cartas están cifradas en muchas de sus partes más comprometidas– que le enerva Arias Montano y que es el que más daño hace con su sensibilidad ante la violencia y su simpatía por las gentes de allá. Obviamente no lo dice así y el investigador no puede ir apuntando esas citas literalmente –ya dije que las cartas están cifradas–, pero sí recuerdo la imagen que me provocó su lectura y cómo me reconcilió con este fiel servidor de Felipe II, enviado a los Países Bajos, en época de guerras y crueldades, con sus libros y sus clásicos ante los ojos y, supongo, en el corazón. Sobrevivió, como todos, a la desazón de los tiempos. Hizo lo que pudo quizá. Le ayudaría el conocimiento y la lectura, como a mí me ayuda cuando se preguntan en el departamento de la UAM que qué es esto de la Biblioteca Nacional que hago con mis alumnos, y me niegan los dineros que se reparten, que pocos eran los que me llegaban.
Me sirve este comentario para dar noticia de un extensísimo autógrafo suyo, que me ha sobrevenido cuando casaba los seis o siete expedientes para obtener el hábito de Santiago de los Villamedianas, pues en uno de ellos el es el encargado de gestionar el expediente y tomar declaración a los testigos, entre otros trámites. Al leerlo uno cae en la cuenta de que es lógico que sea así, porque Benito Arias Montano era también, claro, caballero del Hábito de Santiago, y él abriría el sobre sellado con las instrucciones reales para cumplimentar aquel trámite.





