Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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domingo, 4 de diciembre de 2011

El tricentenario de la Biblioteca Nacional de España y el corpus documental de Villamediana


El doble título de esta "entrada" traduce mi vacilación sobre si hacer dos comentarios separados o uno solo que los englobe, pues mientras preparaba una historieta sobre la arqueología de la Biblioteca Nacional, llena de curiosidades históricas que, en lo que se me alcanza, no se han llegado a reunir así, referidas a la BNE, terminaba de leer la tesis doctoral –dirigida por Mercedes Blanco en París– de Rouached sobre la poesía satírica del Conde, y perseguía los artículos de Flavia G sobre la poesía satírica del Duque. Porque, en efecto, yo suelo trabajar en el pupitre 30 de la sala Cervantes de la BNE, en donde además –a base conciertos, convenios y vocaciones– me reúno todos los lunes con un nutrido grupo de jóvenes investigadores. Y he pensado, leyendo documentación vieja, si por donde yo me siento fue por donde andaban los huertecillos que pertenecieron a los Villamediana y por los que litigaron con la princesa de Asculi; o si las obras que durante aquellos días (1615) sirvieron para renovar la fontanería, transcurren por los mismos lugares por los que se recondujeron las aguas, por la "calle nueva" dice el documento (en AHPM p. 3347), los arroyos, las fuentes antes de inaugurar el convento de los agustinos recoletos; o si coinciden aquellas escalinatas con el boquete que se abrió a cañonazos por los franceses, que lograron entrar en el convento, bayoneta delante, lo saquearon y de ese modo lograron rendir Madrid, rodeando la puerta de Alcalá, que estaba muy bien defendida por patriotas y voluntarios. Años más tarde, los agustinos reclaman que se les devuelvan algunos objetos que se habían quedado en las ruinosas salas del Retiro (la documentación en el Archivo del Palacio Real).

Los Jerónimos, hoy, con el anexo del Museo del Prado
Los franceses primero y la desamortización más tarde acabaron con aquel lugar, que terminó –como es bien sabido– vendido como solar para los negocios inmobiliarios de Mendizábal, en tanto que lo que dentro había se repartió –cundo no se vendió– entre la nueva parroquia de San José (es decir, la vieja de San Hermenegildo, cuya historia he contado en este blog) y los trinitarios, donde se estaba llevando todo (la documentación, en los archivos de la Academia de San Fernando).  Los franceses aprovecharon la lección e instalaron en la parte alta (arriba de las actuales escalinatas de los Jerónimos) sus cañones mayores, derribando una serie de casetas (que se aprecian en uno de los cuadros más antiguos del Retiro, el de Leonardo, con estampa en la BNE). No había manera de quitarlos una vez expulsados nuestros vecinos, y tuvo que intervenir el Consejo, el Ayuntamiento, para que los obreros no vaguearan más y se emplearan a fondo para desmontar todos los cañones, "menos uno" (en este caso los documentos se encuentran en el Archivo Municipal de Madrid), que apuntaba directamente a mi pupitre número 30  de la sala Cervantes. Tardó en quitarse, por cierto.

Los agustinos recoletos
Es posible, por lo demás, seguir la historia de las posesiones del Conde, casi todas embargadas a su muerte o vendidas en almoneda –las más valiosas se las llevó el Príncipe de Gales y andan hoy en el Museo Wellington, que lamentablemente –eso me dicen– no conserva un inventario, pero hay que seguirlo buscando. Y es posible seguir con su otra posesión, la gran casa que se situaba bastante cerca –enfrente– de San Felipe el Real, en el arranque de la calle Mayor, dando paso a un callejón, vaya por dios, donde estaba la mancebía. Lo que hay allí, en el solar de los otros agustinos, los calzados, los de fray Luis de León (que allí estuvo el año de su muerte, en 1591) ahora son las "casas del Cordero", las primeras viviendas que hoy llamaríamos "de lujo", para la burguesía madrileña decimonónica.
alzado de las casas del Cordero
Recuperemos la arqueología de la BNE, sin embargo. Exhumando viejos grabados o referencias literarias e históricas (sobre todo relaciones) es posible hacerse una idea de cómo se ordenaba aquel espacio antes de que los agustinos plantaran su enorme convento, con huertas alrededor (véase el plano de Texeira, que como es de mediados de siglo XVII, ya lo recoge todo) sobre todo en el este y al sur, lo que les permitía vender frutas, verduras y su propio vino a los madrileños, cosa que se sabe, entre otras cosas, por los permisos que solicitan al Concejo para poderlo hacer, como otros conventos, y como hacía la casa real con los productos de la Casa de Campo y, algo más tarde, al final de la década de los treinta (de 1630) con los productos de las huertas del Buen Retiro, y que no eran solo agrícolas (también se vendían aves, conejos, huevos....) 
La vieja iglesia (y convento) carmelita de San Hermenegildo
El hecho de que el convento se inaugurara en 1620 –y que lo contará en un epítome Quevedo, el dedicado a Tomás de Villanueva– no quiere decir que se hubiera terminado todo; al contrario, la tradición de El Escorial permitía continuar por decenas y aun por siglos. Por ejemplo en 1655, los maestros Mateo Baez y Gil López se obligan a construir una enorme reja de cinco pies de largo y veinticinco de largo, más un púlpito "como el del hospital de los escoceses" para el convento (AHPM, p. 6357).

Otra historia distinta que converge con la sucintamente apuntada arriba es la que involucra, más tarde, al MAN (Museo Arqueológico Nacional), con la BNE. Si me da tiempo, haremos un recorrido de lo más importante.
Ojalá que el tricentenario –fastos, supongo– tenga una parte de recuperación y consolidación de nuestro patrimonio histórico y bibliográfico, y también de nuestro conocimiento de esos dos aspectos. Termino con la visión de ese mismo espacio (cuadro de Joli que se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, del s. XIX) no sin recordar que uno de los más famosos cuadros de Antonio López reproduce, como se sabe, el arranque de la Gran Vía con la Iglesia de San José en el centro.  Véase en http:

sábado, 2 de abril de 2011

Se me llena el barrio de vecinos famosos

Baroja y en la "casa de Baroja"
Margarita de Jesús
Ya existían vecinos famosos antes, aunque eran pocos y cada uno había dejado una huella distinta. En mi barrio, siempre estuvo Agustín de Foxá en la esquina de la calle Ibiza con la de Menéndez Pelayo, privilegio del que disfrutó Gabriela Mistral un poco más allá, mirando al parque, durante una de sus breves estancias en Madrid. 

Moratín, en la C/ Leganitos
Y todavía algo más hacia el nudo comercial en el que se cruzan Goya y Alcalá se recuerda con placa rota a García Lorca, en una de sus últimas casas de Madrid, aunque el color de la la placa que no resalta en la fachada y pasa casi desapercibida; en fin, siempre compuso Miguel Hernández las nanas de la cebolla en la callle Conde Peñalver –antes Torrijos–, hacia su cruce con Juan Bravo.... 


Las viejas placas lo dicen todavía, y lo dicen bien. Las hay de todos los siglos, autores y circunstancias. La de la plaza del Humilladero recuerda que allí estuvo la Puerta de Moros (bueno, por allí). La del Instituto San Isidro, que era el Colegio Imperial (hacia 1628 se empezó), que al lado de la Puerta de Alcalá estaba la vieja plaza de toros, etc.
El padre Victoria
Pero vuelvo hacia mi zona en donde se daba, además, la curiosa incidencia de que en la calle Ibiza –de donde ha partido este paseo sentimental–, en su cruce con Fernán González, ha estado desde siempre cantando Plácido Domingo en una placa enorme: la gloria de inmortalizarse 
Puerta de  moros
urbanamente en vida. A Plácido le han salido dos vecinos nuevos, en la misma casa Adriano del Valle, ya hace algunos años, y enfrente Dionisio Ridruejo, hace muy poco.

Eugenio D'Ors
Lo de recientemente alude a ese noble proceder de nuestro consistorio que, además de poner multas y rebañar las cuentas corrientes del vecindario con los tributos de las basuras, está llenando Madrid de placas unificadas y romboidales, a manera de lo que ya ocurría en otras grandes ciudades de pasado glorioso. Recuperar el pasado, ay, de todos modos es peligroso cuando con tanto primor se le ha destruido, de manera que la placa que tantas veces rememora, otras tantas es un aldabonazo a nuestras coinciencias, y así ocurre llamativamente con algunas, por ejemplo cuando se recuerda a Cabezón, a Margarita de Jesús, al padre Victoria o los agustinos recoletos.... entre otros muchos.

Concha Espina
El "Aquí estuvo" en una fachada de ladrillo de hace unos veinte años, cerca de un garaje y encima de una tienda de suministros eléctricos no puede ser un recordatorio de un monjita de los tiempos de Cervantes; y cuando del "aquí estuvo" de Saavedra Fajardo y los agustinos recoletos levantamos la vista al aire, el espacio y el quiosco del café del Espejo, no podemos imaginar lo que "estuvo" ni lo que fue de ello. Y menos mal, porque en el tránsito del reinado de Isabel II aquel estuvo fue un garaje de Mendizábal. Y no digamos lo que pasa con la aglomeración de placas que sufre la fachada del café de Oriente y alrededores, de la que solo la de Cubiles –el músico– es más reciente, las otras aluden a imposibles: San Gil, Las casas del Tesoro, etc.

Más suerte tuvo la residencia del padre Victoria, al que le ha correspondido un precioso edificio victoriano. Otras son sencillamente escorzos del ayuntamiento, sinécdoques urbanas, como las placas que recuerdan la vivienda de Quevedo o la de Cervantes. Están equivocadas las de Bolivar (en la parroquia de san José), probablemente la de Ercilla (en San Nicolás), etc. 

El Colegio Imperial (San Isidro)
¿Pondremos alguna vez en el suelo de la calle de Santiago una placa especial que diga: "Pasajero, estás pisando lo que hubiera podido quedar de Velázquez"? Y otra al lado de la calle Huertas que advierta, "Oh joven divertido y procaz, recuerda cuando tomes la última copa de madrugada que, pared con pared, en las trinitarias, Cervantes yace en sabe dios qué rincón y no le dejas dormir".

Bartok en la calle de la Paz
Últimamente se nos está llenando Madrid de músicos: preciosa la de Bocherini, en Mesón de Paredes; o la de Chapí en el centro, en casa tan alegre; y muy voluntariosa la que une el barrio de Lavapiés a Albeniz; más precisa la de Prokofief en el Monumental –por su estreno de uno de los conciertos de violín–; y olvidada la de Bela Bartok, en la calle de la Paz (¿leería Bartok a Galdós, escucharía a Chapí....?) Una bien reciente, en plena Malasaña, recuerda a Ramón Barce. Valle-Inclán anda por todos lados, como Galdós.

Bocherini en Lavapiés
Esto de las placas tiene su qué: ¿sabría Claudio Sánchez Albornoz –plaza de Celenque– que durante un tiempo podía encontrarse a la vuelta de la esquina con Baroja? Aunque Baroja terminó viviendo cerca del Retiro, en el barrio de los Jerónimos. ¿Se encontraría Baroja con Concha Espina, al ladito? En algunos casos hay doble placa, la vieja y la nueva, como la que hay que descubrir entre andamios y turistas para recordar dónde estuvo La fontana de oro y, por tanto, en qué lugares se inspiró Galdós par escribir la novela. Muy escondida –y algo incierta– la que recuerda el lugar donde pudo haber estudiado Cervantes en la calle Estudios.

Cervantes, en la C/ Estudios
Y ya, puestos, que es una aventura de la imaginación que a mí me gusta desarrollar hasta sus  últimas consecuencias, ¿esa vecina de ojos oscuros  que pasea al perro al atarceder, a veces noche, sabremos los dos, cuando cruzamos los ojos, los míos con lujuria los suyos con temor, que ella lleva una placa en potencia y yo en insistencia, que rezarán leyendas de nuestros encuentros ocasionales en el bulevar?
De lo que no tengo ninguna duda es de que se pelearán en mi departamento de Filología de la Universidad Autónoma de Madrid por ponerme una placa y recordatorio en el despacho que he ocupado durante décadas, será –siempre se puede soñar– a propuesta inequívoca de Florencio Sevilla, inmediatamente "apoyada" por Mariano de la Campa, en votación secreta que arrojará el siguiente resultado: trescientos ochenta y tres mil doscientos cuarenta votos a favor, uno en blanco, y dos en contra; el uno de ellos intentará una enmienda al acta explicando el sentido de su voto, enmienda que el director actual, Antonio Rey, pasará inmediatamente a votación a mano alzada, y será derrotada por por trescientos ochenta y tres mil doscientos treinta y nueve votos –uno se fue a hacer pis– en contra, con lo que nunca habrá ocurrido oficialmente aquello que uno dice.
Inaugurará la placa, con cortina y flores, Ángel Gabilondo. Y para escribir su leyenda se pelearán las mejores plumas. 
La eternidad me espera.

martes, 18 de enero de 2011

Madrid histórico: Parroquia de San José, antiguo convento de San Hermenegildo


El convento de San Hermenegildo, de carmelitas descalzos, se fundó en 1586, en plena expansión de la orden reformada, favorecida por Felipe II, y se terminó de construir en 1605, lo que todavía se recuerda en la capilla de santa Teresa y otras muchas reliquias. Estaba situado en la calle Alcalá, entre las de Barquillo y Torres,  tapando la casa de las siete Chimeneas (actual Ministerio de Cultura), en realidad el convento y la iglesia daban a la callé de Alcala, en tanto que la huerta, tapiada, llegaba hasta la calle de las Infantas.

La vieja iglesia de San Hermenegildo

Teatro Apolo y San José
Parroquia actual
La construcción –como muchas de aquella época– hubo de demolerse a comienzos del siglo XVIII (1723), para construirse en el mismo enclave la que hoy todavía se puede ver (terminada hacia 1748), que resituaba la iglesia de nueva planta alineándola con la calle; semejante remodelación urbana se remató con la desamortización (1836), que es cuando la iglesia pasa a ser Parroquia de San josé –parroquia que existía y tenía otra ubicación– y el convento se destina a usos civiles, hasta que es derribado en 1870: la huerta pasa a ser parte de la plaza del Rey y en el convento se construye nada menos que el teatro Apolo, que a su vez se derriba en 1933: es uno de los solares ocupados luego por la central de algún banco (en este caso el de Vizcaya, y ahora, nuevamente, dependencias del ayuntamiento). Todavía en 1912 se efectuó una implementación de la fachada para lograr que formara cuerpo con las adyacentes, tal y como ahora se ve.


Lope de Vega celebró (1614) su primera misa, al ordenarse sacerdote. No es del todo cierta, sin embargo, la gran placa que dentro de la iglesia dice que  allí se casó en 1802 Simón Bolívar; en realidad lo fue en iglesia cercana y desaparecida.
El Cristo del Desamparo o de los siete reviernes (es decir: los siete viernes después del domingo de Resurrección, que algo dejaron a los "primeros viernes de mes") de Alonso de Mena, (Granada, 1587-1646, aunque hay quien piensa que todavía vivía en 1649; yo creo que la doc. local que lo refiere es la de algún homónimo) estaba en el convento de agustinos recoletos de Madrid, en una de sus capillas,  y allí lo describe Baena (cito por la ed. de Sancha) en los siguientes términos, que puede que expliquen por qué quedó sin policromar: lo hizo con tal devoción que todos los días que había que trabajar confesaba, y comulgaba; la materia es una madera muy parecida al color de la carne humana, sin tocarle el pincel más que donde fue necesario para la sangre. La cabeza, elevada y traspasada de espinas; el rostro angustiado y levantado los ojos al cielo, abiertos los labios, divisándose los dientes perfectos, y la lengua elevada en movimiento de hablar. El cuello, con los nervios patentes, denotando fatiga, los brazos tirantes, y encogidas la manos por los clavos; levantado el pecho, y distintas las costillas; la espalda, cance[r]ada y descarnada. Todos los huesos, nervios y arterias y venas, tan distintos que con facilidad se pueden contar, la postura derecha, estribando los pies clavado cada uno de por si sobre otro maderillo añadido al tronco de la cruz. El dichoso escultor murió en breve echando con este el sello a sus obras. Don Juan Fariñas vino después a corregidor de Madrid, y habiendo muerto el año de 1644, dexó por herederos de este tesoro a los religiosos... Parece ser que con la desamortización, muchos de los objetos de culto de los conventos fueron a parar a las parroquias, y en este caso a la muy cercana de San José (con el solar de los agustinos se quedó el propio Mendizábal). En tanto que algunas piezas de arte de las parroquias también se desperdigaron. Nos interesaba saber dónde fue a parar el cuadro de San Hermegildo, de Herrera el Mozo, que presidía el altar mayor:  después de varioas avatares, terminó en el Prado, en donde lo estoy buscando. Entre las varias páginas que he encontrado –no he visto citado a Baena en ningua, tampoco documentación histórica, etc.– me ha parecido muy completa gráficamente, esta:
http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?t=10125
 

De donde he tomado algunas fotos antiguas, aunque acabo de visitar la iglesia, desde luego: se debe de tener cuidado, porque ofrece al visitante una "capilla del Cristo", con un crucificado que no es el de Alonso de Mena (basta leer la descripción de arriba para comprobar que no lo es). Pocos citan, sin embargo, ese otro tremendo Cristo yacente (como el palentino de los versos de Unamuno, como el de las Descalzas Reales....), tan de la pasión española, atribuido a Sánchez Barba.


Dejamos para la próxima e inmediata a Lope de Vega, afeitándose los bigotes –en Toledo, creo recordar– para ordenarse sacerdote y celebrar su primera misa en San Hermenegildo. Eso sí, profundamente enamorado, intensamente.