Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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domingo, 12 de mayo de 2019

Los conciertos del Jardín Botánico en Madrid



Hoy he ido, a la caída de la tarde, al primero de los conciertos del Jardín Botánico de Madrid, para el que se aunaban dos espléndidas circunstancias: uno de los lugares más gratos que conozco –e insisto conozco más de medio centenar de Botánicos de todo el mundo– y la iniciativa de un mecenazgo que forma y promociona íntegramente a nuestros músicos.
Había, en este primer concierto, ciertas irregularidades de poca monta, que se deben entender, entre ellas no haber encontrado la medida exacta de los altavoces –algo estridentes–, lo que, a su vez no permitía percibir bien la calidad de los solistas, un cuarteto, sobre repertorio muy asequible, como se ve por este programa:




Afortunadamente estaba bien organizado y había una persona amable ("Luis") que se encargaba de controlar casi todo. Hice dos tomas del lugar (la llamada "Glorieta de los plátanos", que yo suelo asociar a una haya roja) y de los músicos.
El espectador se salió a poco de empezar –me gusta la música clásica sin estridencia, a su medida–, y aprovechó para fotografiar peonía, lilas y otras maravillas de la primavera del Botánico


Antes de subir por el Retiro, con la bici del Ayuntamiento –cada vez funcionan mejor– me paré a oler una robinia, que perderán pronto la flor, rosa, como esta, o blancas, más olorosas.



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miércoles, 25 de mayo de 2016

PEONÍAS

 

pensamientos de todos los colores
muy cerca    se amontonan  peonías
que llevan la belleza    y pesadumbre
van muriendo sin pausa      cada día

y así fue que    anduvimos   entre flores
qué es pétalo    qué es piel     no se sabía
primavera    jugaba como un niño
lo que queda    en los ojos      se encendía

perderse por caminos y recodos
plazoletas que aguardan       escondidas
donde puedas cerrar los ojos cuando
placita de los tilos     en la umbría

ascenso hacia las sombras    luminosas
en silencio    la luz    la piel           peonías











domingo, 24 de abril de 2011

Peonías en Villafranca





Pues a mitad de camino entre la corte y el extremo noroeste de la península he parado en Villafranca del Bierzo para intentar ver el esplendor de las peonías, que allí están y siempre decaídas, con signos de su grandeza. Para llegar a Villafranca hay que desviarse del autopista dejando la sierra de los Ancares a la izquierda, pasado Ponferrada y el Bierzo, los valles de frutales –en verano venden cerezas en la carretera. En Villafranca habían parado muchos viajeros y hasta peregrinos/as barbudos ellos, otros muy jóvenes, que luego te encontrabas siguiendo a pie la línea de la carretera. Comí rápidamente en la plaza mayor ­­–muy coqueta, soleada en ese momento– y despreciando monumentos –Villafranca es ciudad monumental– fui al parque de las peonías: muchas estaban maltratadas por las lluivas de los últimos días; pero en otros casos había capullos recién abiertos, abrumadas otras de tanto color, como flores cabezonas. Fotografíé otras floraciones y, al ir a tomar otra vez la carretera, el puentecillo que circundan calles viejas y algún convento (el de la Concepción, por ejemplo). Y se fue el viajero, que nunca ha conseguido cultivar peonías.
– ¿Cómo se dan tan bien, si aquí, tan alto y en el interior tienen que sufrir heladas....?
– No se crea –era un villafranqués sentado al sol en el parque–, que aquí están muy protegidas....

Eso será–, contesté yo mientras me guardaba discretamente algunos esquejes.