Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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domingo, 22 de mayo de 2016

Nueva tasa en el Botánico de Madrid

Cuando mayo encara la feria del libro en Madrid –hacia el final del mes, se sabe porque suele llover mucho– se impone visitar el Botánico, antes de que se vayan todas las flores, particularmente las peonías, una flor cuya belleza es casi agresiva, la que más gusta a la dama que vengo amando insistentemente. Es una flor, como tantas (camelias, azaleas, rododendros, etc.)  que procede de China y que se ha cultivado luego en todo el mundo con resultados espectaculares, en tanto allá –en China– siguen utilizando las buganvillas como seto de las autopistas, las camelias en las cazuelas de las casas de cualquier barrio, etc.
Crucé el Retiro, que estallaba de paseantes, ávidos de pillar un día de asueto con tiempo veraniego, entregados a la molicie – no en su sentido tradicional– y el dulce no hacer nada.... como siempre respetando la distinción entre praderas y lugares frecuentados (alrededores de lago, palacio de cristal, fuente de la alcachofa, vertiente que da a Menéndez Pelayo, antigua casa de fieras....) y amplias zonas de lugares casi desiertos, casi mágicos, sobre todo las umbrías que preceden a la chopera cuando se va de este a oeste. Tomé un par de películas, que aparecerán en mi facebook.
Cosa extraña, el Botánico tenía una larga cola para entrar, lo mismo que su vecino de enfrente, el Museo del Prado, lo que es justificable porque se celebra la "noche de los museos". Y el Botánico ha cambiado tarifas, con un sesgo muy curioso contra jubilados: de gratuita para mayores de 65 ha pasado a 0,50 por viejecito, lo que quiere decir que se va intentar frenar que el jardín se llene de jubilados que van allí a pasar un buen rato y a pensar en sus cosas. Alguien ha debido resolver que aquello era, por oculta razón, maligno, y ha puesto esa tasa, suficiente para frenar la lujuria floral de los jubilados, que no pueden invertir su capital día tras día en ese goteo considerable. Claro que así no se frena –siempre ocurre lo mismo– el regodeo natural de los ancianos con posibles. Verdad es que, quien tramó la subida, habrá pensado aviesamente que los jubilados ricos o con posibles no necesitan ir al Botánico, que tendrán su jardín y su sabe dios qué. Hago memoria de mi vicio de botánicos: Palermo, Lisboa Cambridge, Valencia, Poitier, Canadá, Xiamen, Florencia, Pisa, Burdeos, Granada, París, Gijón, Buenos Aires, Nápoles.... es irregular, afortunadamente, la medida contra ancianos, aunque los de Italia suelen ser algo caros, como los de China, porque los acotan como jardines.
Por mi parte, y como hago siempre, presenté un carnet falso –por caducado– de profesor de la UAM, en el que he medio borrado, como si fuera por el uso, su año de caducidad. No se suelen dar cuenta, aunque me miran con suspicacia. Es el caso que necesitaba ir a resolver un problema floral, una distinción sencilla entre las azaleas y los rododendros –que ando hablando con Gen Pan–, por un lado; un problema léxico sobre la denominación de las "vincas", y una cuestión sobre las variedades de la "aquilea"....; además de cerciorarme del remoto origen de los rododendros, que los californianos defendían como suyo, cuando yo siempre he asegurado que son de origen chino. La verdad es que resolví todo, y dejo muestras fotográficas; deduje por lo que vi que tanto rododendros como azaleas son de origen chino, y que –sobre todo los rododendros– se refinaron en los laboratorios naturales de California, y luego se extendieron por toda Europa, particularmente por la zona de la actual Alemania. Proceden del este de China, de una zona que voy a visitar ahora muy pronto, las laderas del Tibet en Sichuan; y se extienden hasta el norte, casi hasta Mongolia, aunque muchos de los ejemplares del Botánico madrileño señalan que proceden de Birmania, es decir, que podrían ser fácilmente de Yunnan.
En cuanto a las aquileas.... logré ver dos de las variedades que a mí me parecían totalmente distintas, ¡y en flor! De manera que salí bastante feliz del Botánico, anduve durante unos metros con una manifestación anarquista que iba de Atocha a Cibeles, gritando con ellos lo de "ninguna persona es ilegal" (qué lema tan bien encontrado y gritado), y entré en Caixaforum para escuchar un concierto de violonchelos y disfrutar de una serie de dibujos animados, la mayoría rusos.  
Y va la serie floral, la primera, del rododendro, el encarnado tirando a rosa, luego las aquileas (la primera es la achillea 'moonshine', amarilla; la siguiente, azul tirando a morado, la 'vulgar'), tan distintas; finalmente, a barullo van para regodeo de los sentidos. Y todo termina con un pequeñísimo membrillo que ya asoma entre las grandes hojas del árbol, en recuerdo de "El sol de los membrillos", la película de V. Iriarte que proyectaron en la segunda cadena esta semana, para ver cómo pinta Antonio López.






lunes, 3 de diciembre de 2012

Pequeño museo (de árboles) junto al Prado



Entramos al Botánico –falsamente, esa verja está cerrada– por la puerta de la Castellana y caminamos sobre la alfombra de otoño bajo la rama del olmo que sirve de pórtico, para elegir unos cuantos árboles. La tarea se complica pronto: otoño viste demasiado bien al parque y muchos son los que reclaman que se les mire. Miro a todos, pero elijo –y les digo que "en representación"– solo unos cuantos.
La verdad es que son muy llamativos, no hay retorcimiento estético en presentar a este grupo de amigos, encabezados por el "árbol del hierro", que como muy singular lo etiquetan también en el propio botánico. En otoño se pone como quien tiene amor y mira para todos los lados, ensimismado en su chorro  dorado.
Siguen una morera colgante, un pruno, que disimula su color habitual cuando los demás están llegando a cobrar algo parecido; luego un olmo, un ginko menor y se termina con la escueta elegancia de una variedad de arce, el "arce opalus".






Y al salir del parque hay que seguir admirando árboles, pues toda la arboleda que rodea al Museo del Prado es majestuosa –pináceas, magnolios, arces, liquidámbares....– y a juzgar por su tamaño y altura algunos pueden tener la misma edad que el Museo o que el Botánico.

Restaurante El Botánico
El 17 de Moreto
Como en este blog se introducen –sin que yo sepa cómo– aspectos heterogéneos, tal la relación de tascas y restaurantes, bien está que terminemos alabando la gracia del que se acaba de abrir, o no hace mucho, enfrente del Botánico –cerca del que así se llama y del que ya he dado referencia aquí–: creo que se llama "El 17 de Moreto", tiene aire moderno y agradable (mesas altas, entre mesa y barra) para un menú corto, pero ofrecido a precio normal, con platos caseros preparados y presentados con gracia. El rapsoda se tomó unas "lentejas de la abuela" y un pollo en salsa que estaban bastante bien. 
Entrará a formar parte de la serie de tascas que alimentan a los investigadores de la zona (ya se sabe, AHPM, Biblioteca del Prado, Biblioteca del Museo Naval, Biblioteca de la RAE....), junto con el Parterre y el mismo Botánico. Hay más, desde luego, pero los investigadores, por naturaleza de su trabajo y desconsideración social, son pobres, muy pobres.





viernes, 15 de julio de 2011

Rodeados de flores

ipomea tricolor

Es inevitable que, por ahora, vengan las entradas rodeadas de flores, sobre todo del Jardin de Plantes de Poitiers, para que den cabida a las del parque Blossac. La que abre la entrada es una ipomea tricolor, "blue ciel"; la que lo cierra una digitalis purpurea, y la que va en segundo lugar una "tagete tenuifolia". Enseguida, la gracia de una flor del "pois de sentier" y una "pomme de terre ratté". Las condiciones de conexión son muy malas y no sé cuándo terminaré por completar esta entrada, hoy viernes, por la mañana, en el palaci "Fumé".

pois de sentier

Pomme de terre ratté

tagete tenuifolia

digitalis purpurea

miércoles, 13 de julio de 2011

San Juan al lado de su jardín


Los pináculos de San Juan intentan
un gesto gris de piedra y de montaña,
contrafuertes y nervios y arbotantes
que dos cimborrios cierran y espadañas.

Si el caminante sigue su paseo
a pocos metros, el jardín de plantas,
no he visto nunca un ginko tan gigante
ni un roble con ese collar de ramas…

La rue Bouchet me trajo por las calles
que guardaron el tiempo en sus ventanas,
en los patios cerrados, en las puertas…
la ciudad vieja duerme abandonada.

Tantas iglesias y con tanta gente.
Dicen que mucho fue. No queda nada.

un roble con un collar de ramas