Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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sábado, 29 de junio de 2013

Autógrafos del siglo XIX, volumen IV de la BAE

Carta, en francés, de Dickens, en 1868
BAE quiere decir Biblioteca de Autógrafos Españoles, colección de la que ya han aparecido los volúmenes I y II, que recogen autores de los siglos XVI y XVII, y de la que está también preparado el volumen III (sobre el siglo XVIII). En este caso doy la noticia de que acabo de cerrar y presentar el volumen a la editorial Calambur, en donde va a aparecer el libro, con el índice que se indica al final. 

Carta de Verdi en 1862, al tenor Fraschini
El contenido de los libros suele ser el resultado de esfuerzos y trabajos anteriores que, por lo general, adelgazan el libro hasta conseguir aquello que, según el título, mejor conviene. Y así es que en el camino se han quedado centenares, miles –no es encarecimiento– de autógrafos que hubieran podido ocupar la página que en la colección se concede a cada autor. Por poner un par de ejemplos típicos, de Benito Pérez Galdós guarda la biblioteca nacional de España gran cantidad de manuscritos autógrafos, tanto de sus novelas como de los Episodios Nacionales; también se guardan novelas enteras de Pereda y cuentos de Clarín. Otro ejemplo más particular: de Larra compró la BNE hace poco una jugosa correspondencia –ya tenía algunas cartas suyas– y guarda el Museo Romántico de Madrid multitud de papeles, su legado. Los aficionados a cartas y epístolas –y en el siglo XIX era casi una manía, preciosa, pero manía– se hubieran podido zambullir en los epistolarios de Valera (publicado, en su mayor parte), Cánovas, Martínez de la Rosa, Zorrilla....


No son muy frecuentes, pero también nos hemos encontrado con manuscritos híbridos (impreso +  manuscrito), como el caso del manifiesto catalanista de Lérida, en cuya hoja final va la firma de todos los que se adhirieron inicialmente (precede el manuscrito con las conclusiones).
Otro tipo de autógrafos desechados son los escritos en lengua no española, entre los cuales cabe destacar, no los que están en otras lenguas peninsulares –hay entradas para Aribau, Rosalía de Castro, Masenet....–, si no los más curiosos en inglés, francés, italiano, portugués, por no hablar de lenguas exóticas. La entradilla de este blog se ilustra con textos de Dickens,  de Verdi, de Reis Dámaso, de Guglielo Godio... y hasta del papa Benedicto XV. Los más abundantes, entre los extranjeros son los franceses: hay autógrafos de Victor Hugo, Alejandro Dumas, Zola, y una excelente colección de novelas del s. XIX, de Francis Ey, Elie Berthet, H. Arnaud, Alexandre Lavergue, etc.
Hemos admitido excepcionalmente un texto en inglés, por cierto, el de Blanco White, cuya obra mayor se conserva en la universidad de Princeton;  no teníamos facilidad para obtener un ejemplo.
Autógrafo del papa Benedicto XV
El volumen muestra una curiosa mezcla entre escritores puros, por así decirlo, tipo Bécquer, periodistas (Mariano de Cavia, Mesonero Romanos....) y, sobre todo, hombres públicos, los más: Joaquín Costa, Martínez de la Rosa, Donoso Cortés, etc. Y recupera algunos nombres semiolvidados, sobre todo ensayistas y poetas, como Sinesio Delgado o Manuel del Palacio.
Luego están las instituciones, normalmente bibliotecas, que guardan colecciones de autógrafos, en general –como la de la Biblioteca de Bartolomé March, en Palma; o los riquísimos fondos de la biblioteca Lazaro Galdiano, en Madrid; o la colección de Castellano en la propia BNE– o de determinados autores, y ya hemos citado los casos de Larra, Galdós o Blanco White, a los que se podían añadir los de Ganivet, Hartzenbusch, Echegaray (está todo en la BNE), Campoamor (está todo en Mallorca), etc.; pueden ser también temáticos o centrados en algunos años, como los manuscritos de los años 1800-1820 que conserva la Biblioteca del Senado (en Madrid). Por cierto, también hemos desechado los híbridos, desde los dibujos de Ganivet a los musicales de Chueca o los esbozos teatrales de Aribau y Hartzenbusch.
Una página de Ganivet
Quizá alguien se comprometa en algún momento a realizar un trabajo sintetizador sobre estos santuarios y sus tesoros, con intención de poder aplicar la crítica genética –en mantillas, entre nosotros– o, más sencillamente, de trabajar con materiales y fuentes originales. Un modo de empezar sería identificando, catalogando y reseñando los autógrafos de (de la BNE, de la Bartolomé March, del Instituto Valencia de don Juan, etc.)
Chueca
He aquí, en fin, el índice anunciado:


Alarcón, Pedro Antonio de                 
Alas, Leopoldo                                      
Alcalá Galiano, Antonio                       
Arenal, Concepción                          
Aribau, Carlos                                      
Ayguals de Izco,  Wenceslao             
Azcárate, Gumersino de                      

Barbieri, Francisco A.                         
Bécquer, Gustavo Adolfo                  
Blanco White, J.M.                          
Bretón de los Herreros, Manuel                     

Caballero, Fernán                                   
Campoamor,  Ramón de                  
Castelar, Emilio                                   
Castro, Adolfo de                                
Castro, Rosalía de                                
Cavia, Mariano de                              
Coronado, Carolina                                                  
Costa, Joaquín                                       

Delgado, Sinesio                                  
Díaz, Nicomedes  Pastor                    
Donoso Cortés, José                                   
Durán, Agustín                                    

Echegaray, José                                               
Escosura, Patricio de la                           
Espronceda, José de                                     

Ferrari, Emilio                                                     
Florentino Sanz, Eulogio                    

Gallardo, Bartolomé José                          
Ganivet, Ángel                                       
García Gutiérrez, Antonio                                   
Gil y Zárate, Antonio                            

Hartzenbusch, Juan Eugenio               

Larra, Mariano José de                        
López de Ayala, Adelardo                  

Martínez Murguía, Manuel              
Martínez de la Rosa, Francisco           
Masanés, Pepita                                     
Medina, Vicente                                  
Menéndez Pelayo, Marcelino             
Mesonero Romanos                           

Navarrete, Ramón de                        
Núñez de Arce, Gaspar                       

Ortega Munilla                                                
Palacio, Manuel del                              
Pardo Bazán, Emilia                             
Pereda, José María                              

Querol, Vicente W.                              
Quintana, Manuel José                        

Reina, Manuel                                  
Rivas, Duque de                               
Rueda, Salvador                                  

Sawa, Alejandro                                   

Tamayo y Baus, Manuel                    

Valera, Juan                                                        
Vega, Ventura de la                              

Zorrilla, José                                        







sábado, 1 de junio de 2013

La Biblioteca de Bartolomé March (Palma de Mallorca)


No sé por dónde empezar, pues conocí parte de sus riquísimos fondos cuando empezaba mi carrera docente en Granada, donde Emilio Orozco me hablaba de la biblioteca del Duque de Gor; y allí había tesoros que él investigaba, sobre Góngora, Jáuregui, Quevedo, Lope, etc. Los he reencontrado en la Biblioteca de Bartolomé Marcha en Palma de Mallorca, en donde ocupan una parte del palacio o castillo en el centro de la ciudad, con Museo incluido. 


Visité primero el museo, en donde hay una notable colección cartográfica, de portolanos y mapas sobre todo del Mediterráneo; y ahora una exposición de Dalí. En el patio que se abre a la fachada y desde el que se ve la ciudad, un círculo de esculturas –Chillida, Moore, Rodin...– que preside precisamente un torso cobrizo forjado por Rodin.

La biblioteca tiene algo de santuario, al que se le va esa pátina en cuanto aparece la eficiente Pilar, llevando y trayendo libros, siempre sonriente; o en cuanto se habla con su director, Fausto Roldán, que sabe que lo mejor que se puede hacer con el investigador –somos antojadizos, exigimos rapidez, a veces no conocemos bien lo que buscamos....– es ayudarle para que cumpla mejor sus tareas.
El investigador iba en este caso, inicialmente, buscando autógrafos, para completar la Biblioteca de Autógrafos Españoles, cuyos volúmenes III y IV se están todavía terminando, por culpa de unos cuantos autores que se nos resisten, como el bueno de Samaniego. La BBM nos brindó enseguida la solución para otros muchos casos: preciosas colecciones de autógrafos de Campoamor, Jovellanos, Gerardo Lobo, correspondencia de Zorrilla.... y hasta una carta de Meléndez Valdés. También son importantes las colecciones de Lorenzo Riber, Salvá y otros humanistas mallorquines. Centenares de volúmenes manuscritos –y no es exageración– d ela letra de Juan Iriarte, cuya voracidad en copia, documentación y originales, resultan asombrosos. Uno de esos manuscrito, por cierto, copia el Anacreon castellano, de Quevedo. 


De Quevedo, desde luego, he perseguido fondos y nov edades, algunas de las cuales encontró, y hace poco, Fernando Plata (epístolas senequistas). La verdad es que los testimonios van de lo valioso (las silvas de la segunda parte de las flores, de 1611, de Calderón) y los hallazgos de Plata, a lo engañoso; por ejemplo aquí se encuentra la única copia, que yo sepa, de la Aguja de navegar cultos, en letra del s. XVII y lugar goloso; pero estoy casi seguro –acabo de volver a editar la obra en clasicos hispánicos edo bne– de que se trata de una copia de Juguetes de la niñez (1631). Lo mismo me parece que puede ocurrir con una de las pocas –si no la única– copia del espléndido poema satírico Quevedo sobre Las necedades y locuras de Orlando que, al ser una copia del siglo XVIII, puede proceder de impreso. Quevedo es un mundo aparte. En esta biblioteca, por ejemplo, se encuentra un valioso manuscrito –la letra es del siglo XVIII, por cierto– con las supuestas cartas que se cruzó con Adam de la Parra desde la cárcel de San Marcos: las cartas son muy interesantes....; pero son falsas. Hay otros volúmenes de colectores de cartas, en uno de ellos se copia una del “santo maestro Juan de Ávila para el señor marqués del Priego don Alonso de Aguilar, sacada de su mesmo original” (15 de octubre de 1566).

Pruebas de "El viaje a la Alcarria"
Al paso, iba anotando otros hallazgos bien curiosos: la partitura original de Agua, azucarillos y agaurdientes, de Chueca (1897); las pruebas y dibujos de la edición monumental de El viaje a la Alcarria, de Cela; autógrafos de Benavente, Baroja, Lorenzo Villalonga (La gran batuda), Pemán, Jaime Salom (Las cuentas del alcalde) , etc. Y todo esto sin poderme detener en códices medievales y sin anotar incunables.
Los fondos son indispensables para trabajar sobre Góngora –estupendamente estudiado por Carreira, también en este caso–, Láinez, Ulloa, Quevedo, Villamediana....; y completan adecuadamente la bibliografía y testimonios de otros muchos autores, como Cascales, Juan de la Cueva, Santa Teresa, Calderón. Aquí se encuentra lo más copioso e interesante del licenciado y licencioso Tamariz. De Láinez se conserva el mejor testimonio manuscrito, de una de cuyas páginas me traigo una firma, para cotejarla con un documento del AHPM y saber si es auténtica o no.

La biblioteca tiene su propia colección de autógrafos, la formada en dos álbumes por  Claudio  Rodríguez Porrero: se trata de una rica colección de fotografías de documentos, desde Sancho IV y Hernán Cortés, pasando por Agreda, Jovellanos, Verdaguer, Hartzenbusch, Adelardo L. de Ayala, Moratín, Zorrilla, Donoso Cortés, Pereda, Galdós, Pardo Bazán, Ganivet, Larra, M. Pelayo, J. Costa, Rubén Darío.... con abundancia de políticos, artistas e historiadores. Y un volumen casi entero de franceses de los siglos XIX y XX; pero en ningún caso se suele señalar la procedencia. La verdad es que no los he utilizado.
La firma de Láinez
Han sido tres jornadas intensas; pero hay que volver, claro. Y no sé si cuando vuelva será para pasear las calles de la ciudad vieja y entrar en los patios; o para ver el mar; o para leer nuevos manuscritos; o si para tener una charla amistosa y grata con los colegas de la biblioteca, que tanto me han ayudado.