Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 19 de julio de 2011

La santísima trinidad

Cuando muera, morí. Un problema menos.
Veremos qué permiten y qué no,
después de tanto predicar misterios.
Dejaré escrito un buen soneto donde
   se describan sucesos del camino,
bueno, del "tránsito", como lo llaman
quienes dicen saber lo que se cuece
y andan con los pertrechos en maleta.
   Me llevaré linterna y un paraguas
–viene de allí la lluvia– y tres condones
para el primer encuentro celestial,
que me compense las calamidades
   padecidas con lágrimas del valle.
Ya veremos. Veremos. Un soneto.


Estelas funerarias en el museo San Telmo de San Sebastián







sábado, 9 de julio de 2011

San Sebastián


El rapsoda anda a salto de mata buscando algún Wi-fi, camino de Poitiers, en donde se va a celebrar el congreso de la AISO —Asociación Internacional del Siglo de Oro– que al fin y al cabo yo ayudé a fundar y poner en marcha, su primer presidente soy y ahora el primer Presidente de Honor, como mandan los ritos de estas reuniones de colegas, que suelen ser multitudinarias y simpáticas, como sin duda lo será esta. De manera que aprovecho la ocasión para visitar varias cosas pendientes y recalar, un par de días, en San Sebastián, en donde el viejo Museo Municipal se ha reconvertido en un flamante museo nuevo, de San Telmo, con inflexión muy fuerte en la historia y la cultura vasca. Lo he visitado hoy por la mañana, después de bajar del Igeldo, pasear la Concha y entrar en la iglesia barroca de Santa María, maravillosamente conservada.
Me apresuro a señalar que el nuevo museo, en el que se ha integrado el Municipal, es espléndido.... por los dos edificios, el nuevo y el viejo; el nuevo con su claustro de piedra dorada y algunos de sus vestigios (restos de la sepultura de los fundadores del s. XVI); el nuevo, acomodación y anexo, porque se ha conseguido crear un conjunto de insuperable belleza en el que lo antiguo y lo reciente se encuentran sin estridencias. Incluso la utilización de la iglesia, su coro, la parte alta del claustro, etc, se ha logrado equilibrar, creo que por el criterio de no invadir demasiado ningún espacio: aire, piedra, silencio, espacios....
El contenido del viejo museo sigue siendo más o menos el que siempre fue, bastante pobre, con préstamos del Prado, entre ellos el espléndido retrato del rey don Sebastián de Portugal (Sánchez Coello), el de Margarita de Austria (Pantoja), dos o tres grecos menores, un Guido Reni, un Zurbarán, un Alonso Cano, etc. Y luego, entre los más modernos, Zulogas, Sorollas, paisajistas de la zona, y poca cosa más, para rematar con Chillidas y Oteizas. Con un cuadrito de Sorolla de la playa de la Concha ilustraremos la próxima entrada. Esta va con fotos de lo que he mencionado.
Pero me he quedado sin batería....



Y la he recuperado dos días más tarde, en el café populaire de Poitiers, después de encargar una ensalada que se llama  "on va s'aimer".

viernes, 10 de junio de 2011

Enmienda y rectificación de quevedista sobre la biblioteca de Quevedo

Hace poco y por este mismo medio di a conocer e identifiqué varios documentos de Quevedo, provenientes del AHPM, en donde suelo trabajar de vez en cuando. En uno de ellos me encontraba ante las gestiones de sus herederos para recopilar los bienes de Quevedo, sobre todo los que andaban dispersos en Madrid y así quedaron a su muerte, entre todos ellos había una biblioteca regular, de unos 200 libros. Incluso ofrecí muestras digitalizadas del documento y le pedí a dos investigadores –Carlos Fernández y Sofía Simoes– que lo transcribieran e identificaran los libros. Como son excelentes investigadores, me avisa Carlos Fernández, con la transcripción cumplida y bastantes más cosas hechas que es el mismo documento que en 1975 ya había sido objeto de estudio por parte de Felipe C. Maldonado, ¡que yo había vuelto a encontrar y me disponía a trabajar como nuevo!, engañado por circunstancias que quizá ahora no sean del caso.
Cumple rápidamente señalarlo, avisar a quien haya leído esa pista y disculparme humildemente.
Añadiré, para mayor escándalo, que tengo en mi archivo todos los papeles de Maldonado, tanto los que trabajó con Crosby como los que quedaron a su muerte, ya que me los entregó su hijo, M. Camarero.
He pedido a Carlos y Sofía que, si les parece bien, repasen el documento, después de la nueva lectura, y la identificación de libros que hayan podido hacer.
Este documento, por cierto, también estaba utilizado por mí, tanto en mi biografía como en la colección documental publicada con Crosby. Es decir: ¡he vuelto a descubrir un documento que ya había encontrado!
A ver si soy capaz de encontrar una ilustración adecuada.

De NOVECENTO (1910-1980), en el Castillo de San Telmo (Nápoles)