Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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domingo, 6 de marzo de 2011

Nocturnos de Chopin

Zurbarán

Nocturnos de Chopin


pondré sobre la mesa unas manzanas
abiertas y un limón cortado en gajos
en una fuente azul de loza antigua
que cubriré con un mantel dorado

y en la penumbra del rincón dispuestos
como jardín que cultivé en un jarro
los crisantemos que sequé y mimosas
en juego con la flor de los geranios

y sonarán nocturnos los silencios
de chopin en los dedos del pïano
para vestir de luces amarillas
la dulce oscuridad de aquel espacio

ya ves    dispuse todo para ti
no me creo que lo hayas olvidado










jueves, 2 de diciembre de 2010

Reproches y ensaladas


Hoy me han insinuado que lo de este cuaderno es un disparate, porque se mezclan churras con merinas, y que hay... ¡hasta recetas de cocina!  Y me han insinuado que me centre quizá en la poesía, solo, porque patatín y patatán. Me ha recordado un poco las desviaciones de Góngora o Lope con respecto a Garcilaso, poeta puro, traicionado porque los de la generación mayor, que llevaron a sus versos escenas de calle, chistes, descripciones, romances viejos y nuevos... ¿Quién de todos estará más cerca de la vida y su complejidad? Como, a mi modo de ver, se sigue estrechando a la capacidad humana de ser, proyectar y cultivar, creo que la mejor respuesta que puedo dar es dar la receta de las granadas, que todavía, en algunos casos, penden de los granados más tardíos; y que se encuentran en los mercados, en torno a dos euros el kilo, por cierto, no muy caras. Item más, voy a sustituir sus perlas rojas, tan sabrosas, y tan preferidas por los pintores de bodegones, por una pequeña novedad, para cumplir con la variación y el avance: la sustituiremos por las semillas de goyi (lo suelen escribir goji).

Una ensalada de remolachas, que se pueden comprar, todavía baratas, en paquetes cerrados herméticamente, o en botes y frascos, siempre cocidas. 
Se empiezan por cortar en rodajas, más bien finas; se mezclan con una lata de anchoas en aceite de oliva, las anchoas cortadas en tres o cuatro trocitos, el aceite de oliva se riega por encima de la remolacha. Se añade media cebolla morada cortada en pequeños gajos. Se remueve, cuidando de no romper la remolacha. Y luego se siembra un queso blando cortado en daditos: los mejores serían los ácidos de Asturias, aunque también sirven los de Piedrafita e incluso los blandos gallegos y variedades de los frescos (el pata de mulo, pero es muy caro para una ensalada). Finalmente se añade media granada, desgranada, que yo he sustituido por las bayas de Goji. Se vuelve a regar todo con abundante aceite de oliva (a ser posible picual) y un buen vinagre de jerez (mejor que el balsámico, tan de moda ahora).
Se conserva bastante bien durante una semana o así.

El bodegón que reproduzco, al final, es de Antonio Ponce (s. XVII).
Mañana expondremos algunas fotos de la nieve en la meseta sur; y probablemente vayamos a algún tipo de planteamiento sobre el minimalismo en gramática.




En honor de uno de mis comentaristas anónimos –en honor de todos, desde luego– reproduzco otro bodegón de Van der Hamen, en el que los frutos están picoteados por pajarillos; en otro caso es una ardilla la que, al morder las frutas, genera colores nuevos. En ambos cuadros se trata de colecciones privadas.