Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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jueves, 21 de julio de 2011

Romance del tamarindo



hileras de tamarindos
beben la brisa del mar,
troncos que van retorcidos,
ramas que frágiles van
para que el aire marino
las acaricie al pasar.
Gustan del cielo abierto,
que el viento les sepa a sal,
mirando rizos de espuma
aprendieron a espigar
las finas hojas que juegan
y se cimbran sin quebrar,
tanto si lluvia y bonanza,
si sol o si tempestad,
hojas tan silenciosas
dejan rumores pasar
de si cerca rompe la ola
de si muy lejos se va;
lentitud con la que crecen
nunca fue fragilidad,
hondo cavan en la tierra
y siempre al lado del mar,
esfuerzos de ser, los troncos,
esfuerzos de perdurar;
en tanto que todo pasa
sus hojas lo ven pasar.



sábado, 18 de junio de 2011

La Biblioteca Menéndez Pelayo, en Santander –– Tamarindos domados

Tamarindos

Portada del ms. 108 de la BMPS
Allí he estado, en un viaje rápido, con el tiempo justo para pedir unos cuantos manuscritos, para disfrutar de la hospitalidad de las dos personas que allí me atendieron y de sus técnicos –gracias, Rosa y Andrés–, enterarme de cómo se están digitalizando sus mejores fondos, que son muchos.... En una de las fotos me muestran, 
precisamente, una de las últimas digitalizaciones de Patrimonio Nacional, un incunable de Policiano (Florencia, 1482; está recogido en el catálogo de Julián Martín Abad, naturalmente).


Dediqué la mayor parte de mi tiempo al famoso manuscrito 108 (va la portada), al que consagraré una breve entrada y, luego, un artículo sesudo, cuando contraste algunos datos más de los que me he traído. El manuscrito 108 de la BMPS contiene cuatro o cinco parcelas muy especiales de la obra no impresa de Quevedo: su comedia Cómo ha de ser el privado, la versión de los epigramas de Marcial, una antología de procacidades y la sarta de improperios poéticos que se cruzó con Góngora, sustancialmente. Últimamente se ha venido diciendo que buena parte del manuscrito son atribuciones falsas. Ya lo veremos. 


Sí que me llamó la atención el absoluto vacío de esa institución, una de las más prestigiosas en el panorama cultural histórico de nuestro país. Y sobre eso hablamos, también.
sala de lectores de la BMPS
Santander, ciudad privilegiada, se portó como lo que es, una bellísima ciudad del Cantábrico, en la que uno ve cada día los mejores colores de tierra, mar y cielo, según los caprichos del tiempo. En varios momentos abrió los cielos para iluminar todo y para que la colonia de de ingleses –muchos llegan directamente en barco–, paseantes y devotos nos diéramos un baño en ese mar increíblemente acogedor, que juega en sus continuas playas doradas y limpias: Sardinero, Peligros, Magdalena...., el mejor colchón para los veranos. El rapsoda se tomaba los cafés mirando mar y playa, y le costaba volver a Madrid. Antes de hacerlo, fui a ver a los indignados de la plaza Porticada –lo dejé en entrada anterior–, y consolé a los tamarindos que aquí andan mucho más domesticados, para que se integren por las malas en el paisaje,  para que sirvan de capitel y volutas en un pedestal de columnas de cemento. 


sábado, 4 de junio de 2011

Troncos de tamarindos en Trani

El espectáculo de una larga hilera de tamarindos mirando al mar suele ser habitual. Y lo habitual puede seguir siendo espectacular, digno de interés. Creo que el árbol, de la familia de las mirtáceas, es el melalecua deccusata, en donde el contraste entre las ramas y hojas, parecidas a las de algunas pináceas, pero más suaves y flexibles, contrasta con la base de troncos y ramas, retorcidas, irregulares. Yo siempre los he llamado tamarindos. De hecho, y ya que he citado las Églogas, en la IV, el "non omnes arbusta iuvant humilisuqe myricae", se suele traducir por "tamarindo". Y aduciendo otro texto virgiliano ("....dum teneras defendo a frigore myrtos...") no les gusta el norte ni el frío: la brisa que han de recibir tiene que ser suave. Su forma es casi una llamada a su utilización simbólica, para significar cosas como los rasgos de la condición humana, de una situación, etc.





lunes, 30 de mayo de 2011

La catedral del mar y los tamarindos, Trani


Trani es uno de los puertos que se citan con frecuencia en la documentación italiana de la época de Quevedo, durante el virreinato del Duque de Osuna. Trani, Brindis, Bari.... Trani era un conocido puerto del Adriático, ya en la Edad Media.


Me he encontrado con una ciudad bellísima, blanca y azul, mirando al mar, rodeando al mar, extraordinariamente bien conservada, de la que hay que destacar, como bien se sabe, el duomo, la inmensa y hermosa catedral de aire normando, el último edificio antes del espigón, exageradamente elevado para estar casi con los pies en las olas. El conjunto se completa con un castillo de origen medieval, palacios y casas señoriales, iglesias, callejuelas de trazado antiguo.... y un parque extraordinariamente bello al otro lado del puerto, también mirando al mar.


Además de un par de palacios de la época, uno de ellos por cierto con una exposición de artistas cubanos actuales –latinoamericanos, en realidad–, he localizado y visitado la casa del enviado o gobernador del virrey; es la que tiene ahora una farmacia abajo.




Han sido cuatro horas de recorrido; en ningún momento me he sentido cansado o aburrido, pues la ciudad no lo permite. Al final he cenado en el puerto, esperando tomar algún pescado desconocido, lo que no ha ocurrido, a pesar de que me lo habían predicho y de que el puerto se ve muy activo. Eso sí, parece que se ha quedado en puerto pesquero y deportivo, no he visto demasiados mercantes y faltan los galeones y las fragatas para defenderlo de los turcos, los piratas y otros enemigos ocasionales. Mejor.



Va la imagen del viajero, también, a petición (me dicen que nunca aparezco, es verdad) sentado al final del recorrido por la ciudad, en la esquina del paseo marítimo que es un jardín tan cuidado que hasta contiene una exposición de flores, y cuya última frontera es una hilera de impresionantes  tamarindos, que han crecido bebiendo la brisa del mar y retorciendo troncos como ningún árbol sabe hacerlo. Daré más adelante una muestra de una decena de troncos de tamarindos.