Se fue el día. Una noche más el ritmo
del tiempo que se impone impunemente
nos borra y se aprovecha del cansancio,
de la necesidad simple de ser.
Tendremos que cumplir las ceremonias
que jamás aparecen en los versos
y olvidarnos de aquel fugaz destello
que a media tarde nos sobrecogió
y atravesó belleza y armonía,
para ponernos el pijama, para
el agua, el libro y el despertador,
para cerrar los ojos fatigados
y desechar una vez más la lucha,
el impulso de ser lo que no somos.
del tiempo que se impone impunemente
nos borra y se aprovecha del cansancio,
de la necesidad simple de ser.
Tendremos que cumplir las ceremonias
que jamás aparecen en los versos
y olvidarnos de aquel fugaz destello
que a media tarde nos sobrecogió
y atravesó belleza y armonía,
para ponernos el pijama, para
el agua, el libro y el despertador,
para cerrar los ojos fatigados
y desechar una vez más la lucha,
el impulso de ser lo que no somos.