Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.
Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno
Mostrando entradas con la etiqueta Blas de Otero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Blas de Otero. Mostrar todas las entradas
miércoles, 6 de mayo de 2015
domingo, 16 de noviembre de 2014
miércoles, 3 de julio de 2013
Blas de Otero, "Obra completa"
Yo no tengo ninguna duda sobre la calidad poética de la obra
de Blas de Otero, que llena cuarto de siglo de nuestra historia literaria
(digamos: entre 1950-1975), durante un periodo entre confuso y contradicho –poco
a poco se irá clareando–en el que su obra emerge con un caudal de voces líricas
incomparables.
Se acaba de publicar –¡por fin!– su poesía completa, al cuidado
de Mario Hernández y Sabina de la Cruz, 1300 páginas de lectura y relectura que
me vuelven a remover el placer –por un lado– de leer buena poesía, y que me
traen nuevamente el testimonio poético impagable de una época reciente, muy
peculiar, de nuestra historia. ¿Que más se le puede pedir a quien escribe sino
hacerlo bien y enseñarnos a mirar lo que le rodeaba? Blas de Otero lo hace y no
de una manera estereotipada, fría, fija: se mueve con la historia y se mueve
con el tiempo: esa indudable frescura de cada libro, esa capacidad para
recoger, sintetizar, recrear, es la del buen escritor, que no fija sus ojos
para siempre sino que camina, viaja, mira, observa y en cada tiempo y situación busca el modo de verso que
conviene y cuenta, porque su paso es comprometido, emocionado, fértil.
He leído durante estas semanas críticas en sentido contrario
–ninguna más reaccionaria y burda que la de El
Cutural.es, no conozco a quien la ha escrito–, escrita precisamente desde
la postura contraria, desde la piedra desde donde se hace una foto fija a toda
la historia. A Blas de Otero hay que leerlo al contrario, con el tiempo, la
historia, la vida pegada a sus versos y acompañarle en el aire cambiante de sus
canciones.
El volumen, por lo demás, reconstruye toda su trayectoria
poética, incluso con poemas juveniles, entrevistas, inéditos.
He aquí uno de esos poemas desconocidos, aunque familiar al
que conozca su obra, muy de uno de sus modos de hacer: la “Canción XIII” (p.
1065), el juego de las denominaciones, estáticas, en este caso sobre tierras castellanas,
aragonesas, alicantinas, andaluzas, con una nota de esperanza final,
quebrándose con ritmo dominante de seguidilla, concesiones al romancillo y al
romance, es decir: escribiendo ya con mucha libertad.
La noche se echó a un
lado,
entró, riente, el
alba.
Por los cielos azules,
por los campos de
España,
sobre al torre
de San Miguel de
Palencia,
hacia Valladolid,
sonrió sonrosada,
saltó sobre los
puentes
del Ebro, descorrió
el aire en Sierra
Aitana,
tamborileó
en las costas de
Málaga,
alba soñada,
entreabriendo
la puerta de mañana.
Etiquetas:
Blas de Otero,
Mario Hernández,
Sabina de la Cruz
martes, 18 de diciembre de 2012
Montmartre, una mañana de sábado
![]() |
| Mercadillo de pintores |
Montmartre es territorio de turistas, inevitablemente, pues nosotros también lo somos. Lugar que dejó de ser lo que históricamente fue y ha pasado a escaparate de mercachifles, feria de baratijas, tránsito de palurdos y nostálgicos. A buen seguro que entre todos ellos habrá un buen pintor, quien sepa trazar con un dibujo lo que la realidad oculta, quien ponga sobre un violín lo que la mañana grisácea de un parís lejano le sugiere. Habrá, habrá, habrá. No lo sabremos, porque nos han imbuido de un resabio falso: el del tesoro del pasado, donde las cosas cobran la pátina del prestigio y se asoman a nuestros ojos sin las legañas de lo cercano. Y sin embargo, solo lo que nos pica, duele, acompaña, se degrada y va a desaparecer tiene verdadero sentido para nosotros, que nos vestimos, aunque no lo sepamos, de tiempo y olvido.
| Museo de Montmartre |
Poco valor tiene el pasado si no lo refiriéramos a nuestro precario y espléndido presente, el que llevamos unas veces con cansancio, otras con ilusión, las más con la inconsciencia colectiva y cierta de que mientras no se piense se vive.
Entre las ramas secas del árbol invernal, paris se extiende a lo lejos, gris y turbio. La imagen puede tener interés, quizá belleza; pero esconde el trajín de millones de personas.
Cuando bajaba, me he acordado –yo también– de la ventana de la habitación donde murió Vallejo, del hotelito donde se hospedó Antonio Machado (en Odeon), de Mompou intentando matricularse en el conservatorio, de Blas de Otero asomado al Sena.... ¿Todo purificado?: el sufrimiento metafísico de Vallejo, las ilusiones perdidas de Machado, la incapacidad juvenil de Mompou (nunca le aceptó Fauré), la profunda amargura de Blas de Otero. Todo purificado.
París me iba contestando con calles, lugares, gentes y fachadas.
Etiquetas:
Blas de Otero,
Mompou,
Montmartre,
Paris
martes, 13 de noviembre de 2012
"Maravilloso mar el de la muerte...."
Me comentaron algunos de mis colaboradores, en la BNE, que estaban buscando poesía en la que la que la imagen de la muerte apareciera desde perspectiva no solo negativa –no como una "danza de la muerte" o sus variantes. Y Les comenté que así asoma en mucha de la mejor poesía final de Blas de Otero. Reproduzco aquí parte de un artículo, algo perdido en revista (Ancia) en donde se copia y comenta una de esas poesías. Y lo evoco con el verso que da título y que me gusta citar de Blas de Otero, más conocido, en donde la muerte aparece también así, como "maravilloso mar":
Etiquetas:
Blas de Otero
viernes, 2 de diciembre de 2011
Blas de Otero, "Hojas de Madrid con La Galerna"
He estado durante estos días preparando una reseña –que luego ha sido artículo breve– para enviarlo a Ancia, que me lo había pedido, la revista sobre Blas de Otero; y al releer nuevamente ese oceano poético que es su último libro, el aparecido el año pasado (Hojas de Madrid con la Galerna), he vuelto a quedar deslumbrado. Contiene buena parte de la poesía final, ya que es edición póstuma de su compañera, Sabina de la Cruz. Poesía escrita por tanto desde finales de los años sesenta hasta mediados de los setenta, sobre la que ya he dado variada noticia en este mismo blog.
![]() |
| B. Palermo, Sin título (1971) |
En esta ocasión, sin embargo, he querido profundizar en su significado histórico ampliando mi lectura con la visita a dos exposiciones peculiares: la del Museo de Artes Decorativas, en donde se expone el arte gráfico entre 1939 y 1976; y la del CA Reina Sofía, que han titulado De la Revuelta a la posmodernidad (1962-1982), pues ambas, como se ve por las fechas, nos devuelven modos de actuar que fueron los del poeta con sus palabras, con sus versos.
La primera coincidencia evidente –y así lo señalo en mi reseña– es la de la extensión, la de la libertad, la de la salida a campo abierto en donde se ensayan o se admiten todo tipo de soluciones, sin constricción excesiva. La ironía con la que se destruyen las formas poéticas clásicas, el modo de pasearse por los versos, a veces desnaturalizados, la aceptación de materiales de desecho (fragmentos, canciones, modismos, jergas, noticias de todo tipo, etc.).... que terminan por poner en entredicho las nociones clásicas de autor (¡el autorretrato de Robert Fillou!, que va en la ilustración de arriba), o la relación autor-obra, o la disolución de un cuadro en fragmentos (de papel o del propio marco), etc. son recursos recurrentes en los modos artísticos de aquellos años, que muestran indicios del hastío hacia modelos culturales clásicos. La poesía de Blas de Otero avanza todos esos modos, aunque nunca llega a negar totalmente su actividad–no le dio tiempo. Como tampoco le dio tiempo –a pesar de los numerosos poemas de introspección, a esa absoluta ridiculización y negación del artista, para pasar a crear situaciones nuevas.
Al final, cuando ya estaba atiborrado de referencias culturales y la red se iba haciendo cada vez más espesa, me di cuenta de que la confrontación resultaba descompensada, pues Blas de Otero era una voz –rica, profunda y compleja, pero una voz– y lo que había en las nuevas salas del Reina Sofía o recorría las grafías de la posguerra provenía de muchos artistas, en diversas situaciones y con intereses y determinaciones distantes.
martes, 29 de noviembre de 2011
Coda poética, con un tema de Blas de Otero, a las cuatro notas sobre poesía actual
Esta coda recupera el comienzo de las IV notas sobre poesía actual, allí donde se decía que la poesía era un acto, etc. En uno de los libros más hermosos escrito al final del siglo que se fue (Hojas de Madrid con La Galerna), y editado tan solo hace unos meses, Blas de Otero lo dejó dicho en un poema muy sencillo: "... es una de tantas cosas que hace el hombre sobre la tierra".
Etiquetas:
Blas de Otero,
Poesía actual
viernes, 13 de mayo de 2011
Los versos y sus tipos
Los versos se clasifican, primero, por su número de sílabas y, dentro de cada serie, por su estructura rítmica o, cuando no es así, dando prioridad al primer acento rítmico y, en el caso de coincidencia, a los sucesivos.
El cuadro teórico que daré en próxima entrada de este blog va a mostrar el campo posible de realizaciones a partir de cada verso, es decir, todas las posibilidades rítmicas una vez que se han aceptado las propuestas teóricas que voy explicando. Ese cuadro solo es completo si se acepta la modalidad extrarrítmica para cada variedad, como yo acepto, y que se señala como v.e.
Es aconsejable consultar y considerar la aparición y calidades de los versos al mismo tiempo que su configuración en estrofas.
Las denominaciones anclan en la tradición de la escuela filológica española, de manera que he optado por calificar como heroicos a todos los versos que arrancan con acento esencial en segunda, melódicos a los que lo hacen en tercera y sáficos a los que apoyan inicialmente en cuarta; a partir de ahí he tratado de ser coherente con las denominaciones que matizan cada variedad, empleando los calificativos de puro, pleno, largo, medio y corto para subvariedades en las que es fácil distinguir que lo son, siempre en el ámbito de una denominación que no implica más que muy vagamente algún tipo de significado; es decir, que no va más allá de las generalidades taxonómicas o de la estructura profunda a la que se habrán de referir los textos reales en los niveles de representación. He concedido espacio asimismo a los dactílicos yenfáticos, que también poseen historia, e incluso a los anapestos —sobre todo en el caso de los decasílabos, variedad muy rica y sugerente. Cuando la tradición del dactílico era mayor que la de otra denominación (por ejemplo en los octosílabos 4.7), la he conservado, naturalmente.Vacío y difuso son denominaciones de mi cosecha que señalan variedades más o menos reconocibles por esa sensación (entre ellas la del viejo endecasílabo A1 de Ureña, es decir el 4.10 y sus modalidades). Siempre que existe, he añadido la denominación usual o tradicional de los tipos de verso a continuación de la sistemática mía.
De esta manera es factible conservar los viejos hábitos y denominaciones, sin menoscabo de que se quiera luego proceder a sistemas más exactos de análisis. Así, este poema de Blas de Otero permite una primera definición métrica (primera columna), que se puede completar con un análisis rítmico más preciso (segunda columna, en donde v.e. significa, como dije, variante extrarrítmica):
Humanamente hablando, es un suplicio 4.6 (sáfico) 2.4.6.7.8.10 v.e.
ser hombre y soportarlo hasta las heces 2.6 (heroico)(1).2.6.10
saber que somos luz, y sufrir frío, 2.6(heroico) 2.4.6.9.10 v.e.
humanamente esclavos de la muerte. 4.6 (sáfico) 2.4.6.10
Detrás del hombre viene dando gritos 4.6 (sáfico) 2.4.6.8.10
el abismo, delante abre sus hélices 3.6 (melódico) 3.6.7.10 v.e.
el vértigo, y ahogándose en sí mismo, 2.6 (heroico) 2.6.9.10 v.e
en medio de los dos, el miedo crece. 6.8 (vacío) 2.6.8.10
Humanamente hablando, es lo que digo, 4.6 (sáfico) 4.6.7.10 v.e.
no hay forma de morir que no se hiele. 2.6 (heroico) 1.2.6.8.10 v.e.
La sombra es brava y vivo es el cuchillo. 4.6 (sáfico) 2.(3).4.6.(7).10
Qué hacer, hombre de Dios, sino caerte 2.6 (melódico)1.2.3.6.10 v.e.
Humanamente en tierra, es lo que elijo. 4.6 (sáfico) 2.4.6.(7).10
Caerme horriblemente, para siempre. 2.6 (heroico) 2.4.6.10
Caerme, revertir, no haber nacido 2.6 (heroico) 2.6.(7).8.10
humanamente nunca en ningún vientre. 4.6 (sáfico) 2.4.6.9.10 v.e.
La mayor o menor densidad de ejemplos permite apreciar, de la misma manera, cuáles son los ritmos poco frecuentados o francamente raros en la historia del verso español; aunque puede que existan en los rincones de la obra de algún curioso versificador.
Tal tipología versal sirve incluso para los que no la quieren y escriben en verso y se encarrilan por otras pautas. He aquí un ejemplo de Luna Miguel (2011):
7 Antes de ser mujer 1.4.6 (sáfico)
3 fui pájaro 2 (heroico)
4 y fui niña 3 (melódico)
9 Antes de las tardes de sexo. 1. (3).5.8 (melódico)
9 Antes de los días adúlteros. 1.(5).5.8 (melódico)
5 y adolescentes (2).4 (heroico)
4 abierta a otros (2).3 (melódico, v.e.)
5 que no eras tú. 2.4 (heroico)
8 Fui pájaro sin acné. 2.7 (heroico)
6 Fui gorrión y mirlo. 1.3.5 (melódico)
5 Odié gaviotas. 2.4 (heroico)
7 Apenas susurré. 2.6 (heroico)
8 Hoy el color de mis alas 1.4.7 (sáfico)
10 es el de todas las mujeres. 1.4.9 (sáfico)
8 Por mi pecho y mis caderas. 3.7 (melódico)
9 Porque he crecido y he mutado. 2.4.8.8 (heroico)
6 Porque yo fui niña, 3.5 (melódico)
3 fui niña; 2 (heroico)
9 y olvidé que la sangre no era 3.6.8 (melódico)
3 granate 2 (heroico)
4 sino blanca. 3 (melódico)
4 Sangre blanca. 1.3 (melódico)
8 Y olvidé entonces mi infancia. (3).4
8 Como todas las mujeres. 3.7
Tales juegos taxonómicos, tales clasificaciones, no son manipulaciones extrañas, sino recursos críticos sencillos para definir la estructura rítmica de los versos, que no es infinita, sino antes bien relativamente reducida.
Etiquetas:
Blas de Otero,
Luna Miguel,
Métrica,
Versos
miércoles, 23 de febrero de 2011
Un libro sobre Blas de Otero
No es la bibliografía crítica sobre Blas de Otero tan espesa como sería de esperar tratándose –a mi entender– del mayor poeta español de la segunda mitad del siglo que se fue, de manera que saludo al volumen Compromisos y palabras bajo el franquismo. Recordando a Blas de Otero (1979-2009), resultado de una reunión granadina a la que fui invitado, acudí y en el que no he tenido tiempo de limar mi colaboración, por lo que he de pedir disculpas a Araceli Iravedra y Leopoldo Sánchez Torre, organizadores entonces y editores ahora. Excelente punto de partida este volumen, con variedad de enfoques, para seguir leyendo a Blas de Otero, particularmente la edición de Hojas de Madrid con la Galerna, en tanto nos llega el volumen de las Obras completas.
Etiquetas:
Blas de Otero,
libros
sábado, 28 de agosto de 2010
Poética de la creación
En algún momento, un interlocutor cariñoso e interesado me ha preguntado por la tarea de escribir y escribir, casi a diario. Se podría construir una hermosa teoría –lo he hecho en artículos sesudos, en revistas internacionales que probablemente no lee nadie– sobre las características de la creación y su relación con la lucha por la libertad, y cosas así. Y sobre todo, podría aprovechar la triste circunstancia de que acaba de fallecer Rodolfo Enrique Fogwill (Buenos Aires, 1941-2010), de quien algo se popularizó –publicidad y tal– de su efervescencia creadora, al menos a través de unos versos que se suelen citar con frecuencia: Se necesitan poetas gay, poetas / lesbianas, / poetas consagrados a la cuestión del género, / poetas que canten al hambre, al hombre, / al nombre de su barrio, al arte y a la industria, / a la estabilidad de las instituciones / a la mancha de ozono, al agujero / de la revolución, al tajo / agrio de las mujeres, / al latido inaudible del pentium y a la guerra / entendida como continuidad de la política, / del comercio, del ocio de escribir. De Llamado por los malos poetas. Hay algo de provocador en la obra ingente, dispersa y caótica –también contradictoria– de Fogwill, pero también algo de los nuevos tiempos –en Argentina hay varios nombres que producen con la misma efervescencia– en los que la creación aparece como lugar nuevo y prodigioso que no será cenáculo de unos pocos y de sus voceros.
Como el tema da para largo, voy a ceñirme ahora a traer a colación un antecesor, que realizó el camino con su propia obra; voy a citar otro soneto de Blas de Otero, nuevamente de su libro póstumo publicado hace un par de meses; dice así
Escribir y escribir. Todos los días.
Inventar, inventar; hablar, hablar.
Todos los días: todas las mañanas,
todas las tardes y todas las noches.
Escribir, inventar, hablar: contar
lo que me pasa, lo que he vivido, todo
lo que me envuelve como el aire hermoso.
Yo soy un hombre mudo que habla mucho.
.........................................
![]() |
| Blas de Otero |
Etiquetas:
Blas de Otero,
Fogwill
jueves, 26 de agosto de 2010
Blas de Otero lee a Quevedo en liras
Así es. Aparece en las p. 187-188 de ese diario poético y riquísimo libro de versos que se acaba de publicar, Hojas de Madrid con La Galerna, y del que ya he dado cuenta varias veces en ese cuaderno. Por las fechas y las alusiones que asoman por aquí y por allá habrá de ser de hacia 1970.
Que Blas de Otero lea, asuma y profundice con variantes poesía de otros autores de todas las épocas y lenguas es uno de los rasgos, precisamente, de su quehacer; y Quevedo asoma con relativa frecuencia a sus versos. Lo que en este caso me ha llamado la atención es la consistencia del recuerdo, que construye seis sextetos, es decir 36 versos en un poema que titula con el nombre del polígrafo madrileño, “Francisco de Quevedo”. Por un lado el mantenimiento del recuerdo poético, por tanto; y por otro y además la factura del poema: dije sextetos, y lo son, pero igualmente hubiera podido decir “sextetos-lira” o “sextetos-mixtos”, raros o exquisitos siempre como forma métrica, por más que alguna ocurrencia de Gil de Biedma los haya propagado en la poesía actual, en donde aparecen esporádicamente. Blas de Otero coloca siempre el heptasílabo quebrando en cuarta posición y mantiene rimas consonantes en distribución ABAbCC, es decir, construye la difícil red de una lira, que no he tenido tiempo de buscar si tiene antecedentes clásicos o no. Ya lo consultaré.
He aquí el poema:
Francisco de Quevedo
Madrid está buscándote en la noche
encabritada de bélicas estrellas,
una capa furtiva, un negro coche,
unas sombras grosellas,
y una espada sutil y puntiaguda
entre la llama de tu lengua aguda.
La mala leche corre por la vida,
el humo se destrenza en esqueletos,
nada se sabe de la luna herida,
nada de sus secretos.
Un tambor va rodando por el cielo,
o es esa luna huyendo a contrapelo.
El portal se arrebuja en los postigos
de una ventana macilenta y muda,
la habitación helada, sin testigos,
la sábana desnuda,
el papel blanco, helado, el fiel papel
hecho pavesas en la pluma de él.
Cómo de entre mis manos se desliza
el tiempo carcomido en tinta roja;
la vida puesta en el tablero, briza
la muerte y la despoja.
El reló da las cuatro, mas no suena
reloj que es desconsuelo y es arena.
Allí en el cielo inicia el día el ruido
de la luz, los pregones encarnados
de un astro inmensa y lisamente herido
por los cuatro costados;
Francisco se restriega y destumece
en la dudosa claridad que crece.
En Palacio hace frío y luto y miedo.
Sombras que se deslizan, dagas dicen
No he de callar por más que con el dedo
amenazan, bendicen.
Lejos, San Marcos de León reposa
en silencio y palor de luna y fosa.
![]() |
| codicilo del testamento de Quevedo, recientemente encontrado por Mercedes Sánchez |
No es momento de comentar las liras, en las que he introducido cursivas para citas literales, que se amontonan hacia el final, pues podrían serlo también las referidas al reloj de arena, la gongorina “dudosa claridad”, y un léxico muy quevediano (“despoja”, “sombras que se deslizan...”, etc.) Es de notar, sin embargo, que el poema es extremadamente artificioso, acostumbrados como estamos a soluciones más fluidas en el caso de Otero; es posible, incluso, que le faltara un repaso final (¡esa rima en “él”!, el “palor” de la luna al final...) Parece como si hubiera dominado el Quevedo de las anécdotas, el espadachín de la corte, sobre el Quevedo real de los versos. No sé si, en estos casos, “los versos forzaron la materia”, como decían los clásicos.
Para detalles sobre el codicilo, puede verse el artículo de M. Sánchez en la revista manuscrt.cao, digital.
Etiquetas:
Blas de Otero,
Gil de Biedma,
liras,
Mercedes Sánchez,
Quevedo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








