Ha venido un gorrión a ver qué escribo:
en el banco se posa, se mueve, salta,
parece que me mira de perfil,
parece que me escucha si se para;
contemplación será monda y lironda,
contemplación sin otra circunstancia,
con los ojos abiertos simplemente
y con la voz oculta en la mirada,
porque tú sabes, ya que aquí te vienes,
que me senté en el banco para nada:
se dijo lo que había que decir
y ahora queda ton solo lo que calla.
Cómo calla –¡y qué dentro su silencio!–
lo que tanto intenté con las palabras.
