El final de Vila-Matas se encabalgó co dos o tres más rechazadas (al mal escritor se le detecta fácilmente, tras las primeras páginas), hasta que topé con esa curiosidad, casi de laboratorio, que es La experiencia dramática de Sergio Chejfec –de la que habrá que dar mayor noticia– y mientras concedía al último Landero (Absolución) que terminara, subyugado por estilo y escenas, cayeron en mis manos Iosi Havilio y Rafael Chirbes.
Y así llego al viernes pasado, cuando acudí a una mesa redonda o coloquio –el de la foto– organizado por dos colegas –José Teruel y Carmen Valcárcel– en homenaje y recuerdo de Carmen Martín Gaite, atraído sobre todo por la presencia de dos de los novelistas, a mi modo de ver, sobre cuyas obras merece la pena hablar, incluso discutir: Belén Gopegui y Rafael Chirbes, cuyas breves palabras en aquel coloquio, por lo demás, fueron ajustadas y certeras, no en vano detrás de Martín Gaite existe un universo creador y crítico, del que dan buena cuenta los dos volúmenes de Sonia Fernández Hoyos (de los que ya se dio noticia en este blog).
| Coloquio sobre Martín Gaite |
Y sigo leyendo a Chirbes, un torrente novelesco construido con la fuerza y sabiduría de quien sabe traer a páginas ficticias todo lo que está pasando, pues En la orilla es, entre otras cosas, la novela de esto que llaman "la crisis", es decir de la explotación descarada del llamado "liberalismo", del capital, con todas sus consecuencias, en este caso sobre la maltratada costa levantina, lugar habitual de sus mejores recreaciones. La buena novela afecta sobremanera al lector, y Chirbes contiene dosis suficiente de droga mala que acorralan y que no permiten el sillón de orejas y la caña, lo que no sería válido si al mismo tiempo no estuviera acompañado de su sabiduría lingüística y su arquitectura narrativa, es decir, de lo que se llama una novela del año 2013.