Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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jueves, 8 de marzo de 2018

Mallorca al final del invierno y la tribu


Son distintos los rincones, las figuras, el mar quizá –más denso–.... Palma de Mallorca mantiene la belleza en el aire, las callejuelas, las plazas, un cierto bullicio internacional de gentes venidas a recoger sol, la perennidad de los naranjos y limoneros.  


El peregrino ha ido a reunirse con los muchos hermanos que tiene, en donde vive una de ellas, motivo con que la tribu, ya muy dispersa, se ha juntado y jaleado recuerdos; se hablaba inglés, francés, mallorquín, ¿árabe?..... pues el apellido único cuando vivíamos los seis hermanos –el año pasado murió el mayor– ha ido a parar a sitios tan dispersos como Corea, Rusia, Inglaterra, Irlanda, Francia.... Y desde luego se hablaba en español o castellano, aunque los más alejados y algunos de los más pequeños ya no podían con la /r/ vibrante. Y como también se unió a nosotros una vieja amiga china de Qingdao (Xiaoming), el mandarín también caracoleaba. La tribu superaba la veintena.




Juntos nos fuimos en el trenecito que de Palma va a Soller, encantador, pero un timo para los turistas, de precio desorbitado (32 euros ida y vuelta), y allí, rodeados de alemanes, entre naranjos, paseamos junto al mar. También estuvimos en Binisalem, precioso lugar en el interior, en donde vive parte de la familia mallorquina: los almendros ya han perdido la flor, pero naranjos y limoneros iluminan el gris de los olivos centenarios y compiten con los pinos. 


Quizá lo más hermoso era que los más jóvenes se reunían,  obviamente, hacían plato aparte y se entendían, entre risas, a las mil maravillas: la china hablaba en inglés con el francés; mi hermana inglesa chapurreaba francés con los hijos del hermano bretón (que de allí, de Saint Nazaire, viene una rama). No había ningún problema, más bien un motivo de fiesta y comprensión generosa.


Las dos ramas familiares de origen son vasco navarra (Jauralde), y catalana-mallorquina (Pou), y este peregrino, que sufre mucho con los idiomas, que aprendió tarde y mal, nació en Castilla (Palencia, lugar del exilio paterno), se trasladó a los 13 años a Madrid, estudió en Madrid, Salamanca y Rennes; tiene hijos valencianos, ha trabajado largo tiempo en Andalucía (Granada); y mantiene una casiña en Galicia. No suelo entender los problemas de emigraciones, exilios y fronteras, vamos no como problemas sino como regalo.




Obviamente, pasé un rato con Chopin, algo desangelado estaba en su busto –llovía–; pero yo tarareaba los preludios, algunos de los que compuso en la Cartuja.


jueves, 21 de abril de 2016

Mediterráneo (Palma de Mallorca): pinos, palmeras, azul....

Dicen que Palma de Mallorca es "la mejor ciudad para vivir en España" y una de las mejores del mundo, sobre todo para el descanso, el ocio y otras bondades. Creo que cada uno vive "mejor" según qué circunstancias personales, y que nadie cambiaría su terruño, lugar, etc. por Viena o Singapur –las dos ciudades, también se dice– con nivel de vida más alto. El componente humano juega mucho con esas circunstancias.

 

Tiene Palma la dulzura del Mediterráneo, al menos mientras no apriete el calor, y la suavidad de los colores de una isla, que se trazó antiguamente para que diera sombra, entre piedras doradas, cuando los calores llegan. Ese viejo trazado se conserva en el casco antiguo, a pesar de las barbaridades perpetradas por la arquitectura turística. Y esa, la arquitectura turística es la que ha envenenado buena parte del litoral, lleno de cajones de cemento en donde se hacinan y devoran miles de turistas. Parece algo irremediable, aunque he atravesado zonas de la isla –al Norte– sobre todo en donde el verde del campo y el dorado de las arenas no ha sido todavía envenenado por los millones de chiringuitos, hoteles, macs donals y similares.  Habida cuenta del saqueo que ha significado el paso de los políticos –al parecer y sobre todo del PP– por el municipio, milagro parece que aun existan parajes de belleza virgen o rincones de la ciudad que no se han degradado hasta la vergüenza.


No sé si los nuevos regidores serán capaces de frenar la ola mercantil, de temperar razonablemente el turismo y, sobre todo, de enmendar y dar marcha atrás en la invasión del ladrillo. La ciudad necesita más espacios verdes. Lo que se llama "Botánico", por ejemplo, al lado de la casa de Cultura, conserva solo el nombre y un árbol centenario: el resto es cemento.
En esta entrada doy paso al mar.



martes, 19 de abril de 2016

Palma de Mallorca


Un naranjo se hermana a una palmera
tendrán que repartirse el sol que baja
junto a San Nicolás     Chopin espera
adorna primavera las ventanas

paso junto al olivo de las Cortes
celeste     azul      la torre       Santa Eulalia
busco el archivo      San Francisco       y entro
serenidad del claustro    y de la plaza

luego     los agustinos     quiero ver
su cúpula barroca    restaurada
hacia la ciudadela   el sol se pone
y la luz hacia el mar     se va    dorada

quiebra la catedral perfil de sombras
vuelvo   despacio    callejeando    a casa

















domingo, 2 de junio de 2013

El ficus de la Misericordia


La Misericordia
El ficus de la Misericordia
No cabe en un soneto el viejo ficus
de la Misericordia, necesito
encabalgar los versos iniciales
y construir un cuarteto para él solo;

se lo merece, por la grata sombra
con que protege al peregrino cuando
llega cansado de mirar papeles
y enfrascarse en archivos, bibliotecas

y otros lugares sin el aire verde,
refrescante y oscuro de sus ramas,
que otorgan a quien pasa la serena
fuerza del viejo tiempo remansado,

que de la tierra viene y siente el mar
y fue barro y ahora es belleza y vida.

el ficus de la Misericordia




sábado, 1 de junio de 2013

Anda Chopin entre boutiques


El recuerdo de Chopin en Palma, en la capital se materializa en forma de escultura frente a la iglesia de San Nicolás, en pleno centro, en zona de boutiques y tiendas exquisitas, con algún bar y muchas terrazas. Seguro que las terrazas ya le empiezan a gustar más a Chopin, cuyo pedestal tiene algunos grafitis y anda oscureciéndose demasiado –es posible que tampoco le desagraden. A buen seguro, lo que más le habrá gustado esta mañana fresca de finales de mayo es que delante de la hermosa fachada gótica de San Nicolás, se haya instalado un músico, quizá hispanoamericano, para tocar el arpa, quebrando el aire con la sutileza de los sonidos crepusculares. He estado un rato esperando que volviera a tocar algo, pues me había atraído hacia el lugar el sonido de arpegios mezclados con el ruido de la ciudad; pero no ha habido suerte: el arpista, solitario, descansaba. 

De modo que me he ido a callejear, parándome en los escaparates de las tiendas, en los ojos de las damas hermosas, en los recuerdos, en el olor a mar que de vez en cuando me llegaba y admirando el desembarco de zapaterías y baratijas chinas, por ejemplo a lo largo de toda la calle de los olmos [Oms], en donde he mirado durante un buen rato a la más graciosa de las dependientas chinas, hasta convencerme de que no me iba a devolver la mirada y no iba a quedarse con mi inquietud, lo que es habitual en el recato de estas gentes, que pululan en todas las ciudades prósperas del mundo, para vender lo que embarcan los gigantescos barcos de Cantón.
Patio (restaurado) del viejo Hospital de San Antonio (1768)
El largo paseo me llevó luego de museo en museo –no puede uno fácilmente dejar de ser lo que ya está siendo–, para ver, sobre todo, los dos museos y muestras de arte contemporáneo, el del baluarte, en donde había una exposición temporal de pintura de paisajes mallorquines, y el de la fundación Juan March (otro distinto del de la fundación Bartolomé March), en la calle de San Miguel, cuya colección permanente es espléndida. 


En ambos casos no llegué por muy poco al paso de las exposiciones de Eduardo Arroyo, aunque obtuve sus catálogos y le rendiremos homenaje en futuro post. En la fundación March, sin embargo, se exponía un puñado de grabados de Picaso, tomando como motivo a Rembrandt. Lo ilustro con la estilizada –estilizadísima– "figura yacente" (1984) de Andreu Alfaro (1929-2012), que se puede comparar con otro yacente, el "hombre del sur" (1972) de Julio López Hernández (1932), y sacar conclusiones; y aun más si se va –creo recordar que a San Miguel– y se compara con una urna funeraria de personaje yacente, como en la tradición española (Cristo de las Claras de Palencia, el de Becerrra de las Descalzas, etc.) Las cosas se pueden hacer de tantas maneras.

Hombre del sur
El bullicio de aquella zona era enorme, sin embargo no había más que cuatro gatos en el museo, de entrada gratuita. No es una lamentación, es una constatación, que no sé exactamente qué significa. Desde las murallas, laboriosamente reconstruidas –parece que los lienzos que quedan son del s. XVI y no medievales– un camino de palmeras avista el mar azul, detrás de la Seo, rematando almenas con pináculos y arbotantes sin fin.
San Nicolás
recuerda de la "vincuda" de Chopin a Mallorca


El viajero, que se mueve con mochila, no quería comprar más libros, sin embargo no ha quedado otro remedio que llevarse algunos, pues es probable que no los encuentre con facilidad en otros momentos, de manera que, al final, he habilitado una enorme bolsa de plástico –¡no viajo con Ryan air!– para poder llevarlos todos, en vez de la ensaimada y la sobreasada. De uno de ellos, este conocido cuadro (Bunyola) de Santiago Rusiñol (1861-1931), que me sirve para decir adiós a Palma de Mallorca, aunque todavía tenga que rematar algunos versos sobre el ficus de la Misericordia y, quizá, dar noticia de otros lugares con fondo documental histórico a los que me asomado.