Hasta la corrupción, que corroe prácticamente a todas las instituciones de este país –empezando por la Universidad, en la que trabajo– se ha convertido en gracia y chispa de los telediarios y viñeta de las portadas. Incluso esta breve nota podría aparecer en lugares de información oficial, en programas culturales, hasta en boca de patricios tan peligrosos –tipo Gallardón y semejantes–, como algo ya inocuo que circula lejos de los impresionantes índices de ventas, audiencias, porcentajes y demás, es decir que se coloca en el lugar de "no tiene valor" ( = 'no tiene porcentajes', 'no vende', nosotros te lo ofrecemos como 'noticia curiosa' que tú ves desde fuera).
Resultan fáciles de combatir las minorías en ese contexto: reconvertir las protestas básicas –hipotecas, desahucios, suicidios, emigración, paro...– en noticias de los telediarios, tertulia a la hora de mínima audiencia, curiosidad de programas de cotilleo, etc.
Contra esa marea invasora y depredadora hay que intentar luchar en todos los frentes, a diario y sin descanso, para ver si se erosiona mínimamente. Y esa es una de las razones por las que concedo esta humilde tribuna a una de las iniciativas mejor logradas en este sentido: la de la creación del periódico LA MAREA, "impulsada por lectores y extrabajadores del Diario Público".
Ahí queda. Y no hace falta que la marejadilla contra la gran marea sea aburrida, triste o anodina; más bien al contrario. Yo termino en flor (convolvulus sabatius):