Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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miércoles, 15 de enero de 2014

el emperrado corazón amora


Bien conocido es el verso de Juan Gelman con el que abrimos el blog, para recoger algunos versos, noticias sueltas, algo que nos obligue a pensar en el poeta que acaba de fallecer. Aquel verso, entre otras cosas, dio título al libro homenaje con motivo del Premio Cervantes en 2007.
No es tanto Juan Gelman poeta de versos como de libros y de obra, aunque recuerdo que mientras le leía, la pedantería del filólogo me obligaba a pararme  a recoger aquel verso o aquel otro, a considerar el modo de su creación y el resultado tan singular sobre su obra poética. Le dediqué, en su momento, algunas entradas de este mismo blog, una de ellas para fijarme en las variedades de sus sonetos (y sin anotar el "soneto disperso" de César Vallejo, en La junta luz, 1982); y la otra, que no terminé, para recopilar los constantes recuerdos quevedianos, que van también de libro (en el hoy y mañana y ayer, título de una antología)  a verso (huesos que fuego a tanto amor han dado).
Gelman creó un universo poético propio hacia el que llevó todo, absolutamente todo, y como se trataba de hacerlo en poesía, construyó sin miedo a partir de una especie de surrealismo veteado de historia, dolor y belleza, "la belleza de todo lo creado". Ese universo incluye una gramática y un léxico muy peculiares, una transformación que se observa hasta en detalles menores (por ejemplo el sistema diacrítico), que a veces se adensaban hasta lo más abrupto, sobre todo en sus libros  finales. El resultado es una obra poética inmensa y singular.




Y sí, desde luego, su historia –y su doloroso anecdotario– alimentan su voz, como no puede ser de otra manera; pero no parece oportuno ahora repetir una vez más todo aquello. Prevalecen sus versos.

Ha muerto ayer Juan Gelman, en México. Dio tiempo –en 2007– a decir, aquí, en España,  que le leíamos y nos ayudaba a ser y a pensar, que es el mejor tributo que podemos hacer a un poeta, que necesitaba viajar.


NOTA V

no echés a la tristeza del fogón /
siéntese aquí a mi lado / vieja /
usté nunca me va a dejar /
perdóneme si la olvidé  

si anduve de rabia en rabia
saliendo de un muerto entrando
a otro muerto o mundo roto /
si así viaje por estos años /

arrímese / tristeza / que
me hace frío tanta furia
y tanto puerto muerto y
necesito viajar / viajar

sábado, 25 de junio de 2011

Análisis métrico de una poesía actual

Son ya casi una quincena las entradillas sobre métrica de este "blog"; creo que merece la pena que hagamos ahora el ejercicio contrario, el que va desde el poema a la teoría, y que lo hagamos desde la poesía actual, sobre todo cuando no se acomoda a las pautas habidas como tradicionales.

He elegido el primer poema del último libro de Juan Gelman El emperrado corazón amora  (2011), que copio con las mínimas indicaciones del silabeo y el ritmo, como usualmente:
      

 La SITUACIÓN

9     En la intemperie de dos cuerpos                                    4.8
8     se sabe haber lo que no                                                2.4.7
11   se puede haber y el tiempo y la memoria                       2.4.6.10
13   tejen una belleza diferente. Lento                                 (7+6)
9     es el abismo donde se hunden                                      1.4.8
10   las asambleas del odio y todo                                        4.7.9
7     es un pedazo, menos                                                   1.4.6
8     el aire absuelto por vos                                                2.4.7
14   La cosa obrada es imperfecta y el vacío                         (6+8)
10   entre las dos verdades parece                                       4.6.9
9     un manantial de aguas henchidas                                 4.(5).8
11   que produce todas las cosas menos                               3.5.8
10   un ojo más perfecto que el sol                                      2.6.9
6     cuando te dora. Es                                                       4.5
10   la libertad que hacés y no cesa                                     4.6.9
9     la palabra que no se esconde en                                   3.5.8
10   el banquete de la razón donde                                      3.(7).8
10   alimañas, sierpes, otras bestias                                    3.5.7.9
9     comen reflejos de las lenguas.                                      1.4.8


Diecinueve versos que se suceden, en serie, sin ningún tipo de organización aparente –es decir: en disposición libre–en los que no aparece, al mismo tiempo, haber ninguna otra selección en razón de su extensión silábica ni de su ritmo acentual. Es lo que, en rigor, deberíamos llamar "verso libre": los versos sus características y su organización obedecen, probablemente, a otras razones: el creador los ha forjado para que se acomoden a su deseo expresivo –esa razón es válida también para los patrones clásicos–, con independencia de que su forma sea la tradicional o no, el único rasgo formal que ha conservado es precisamente el de "verso", su acabamiento (gráfico o sonoro) como secuencia en un momento que puede no coincidir con el final de oración o una de sus partes, o con el final de la línea (cuando escrito).
Los versos de la serie van de los hexasílabos a los alejandrinos, unas medidas que, sin embargo, sí que se encuentran entre las más usuales de la poesía moderna; aunque aquí predominen los eneasílabos (cinco) y los decasílabos (6), más artísticos, frente a los heptasílabos (uno), los octosílabos (dos) y los endecasílabos (dos). Lo más parecido entre las formas métricas consagradas sería un madrigal o una estancia; pero con otros tipos de versos y casi siempre relacionándolos mediante la rima.
La pregunta de si todo esto ha sido cuestión de azar o premeditación del artífice se puede ir contestando del siguiente modo: probablemente el autor no ha ido seleccionando minuciosamente que el verso final sea un eneasílabo o que el poema se abra con un verso de esa medida seguido de un octosílabo, etc.; pero sí que ha seleccionado no preocuparse de la naturaleza, forma y sucesión de los versos, para ocuparse reflexivamente de otros aspectos –tema, lengua, voz...– que son los que han conducido al "verso libre", ya que eso, insisto, es lo que significa esa definición.
Tal situación se corrobora cuando se acude al otro lugar normal en los análisis métricos: el del ritmo de los versos. Todos los versos podrían servirnos para el análisis, pero el más adecuado –por su complejidad y extensión– es el endecasílabo. Y en los dos que aparecen se ejemplifica lo que hemos dicho antes:

El tercer verso
11   se puede haber y el tiempo y la memoria                       2.4.6.10

es un prototipo de endecasílabo heroico pleno, con su ritmo bien señalado, lo mismo nos lo hubiéramos podido encontrar en Garcilaso que en Machado. En tanto que el otro:

11   que produce todas las cosas menos                               3.5.8.10

no lo encontraríamos nunca en los lugares de la poesía clásica, ni tampoco lo emplearía un artifice que no escribiera verso libre; de hecho, ese acento en quinta sonaría mejor en una serie de dodecasílabos, como en algún momento vio Rubén Daró; pero eso nos llevaría lejos ahora. Lo importante es que a Gelman no le ha importado engastar entre sus versos formas rítmicas no tradicionales. Lo mismo ocurre con los restantes versos.
La pregunta es: si el artífice ha desdeñado los rasgos métricos tradicionales, hasta el punto de incurrir en tipos y mezclas desconocidos, y además ha desechado la rima, ¿qué valor tiene el escribir en verso?, ¿qué ha conservado en su poesía que diferencie su lenguaje del de la prosa? Y la respuesta vuelve a ser, al tiempo que sencilla, la misma que ya hemos adelantado: solo le interesa conservar la esencia o base misma del lenguaje artístico de este tipo: el verso y las calidades que pudiera mantener el verso se encomiendan a su correcta lectura y comprensión.
Curiosamente quienes frecuentan el verso libre suelen solicitar una atenta lectura –incluyendo la lectura en voz alta– de sus versos, que deben realzar su figura en ese acto, sabedores como son, desde luego, que ese es el único rasgo (y el del lenguaje artístico y las figuras, ya lo veremos) que distingue  verso de prosa.

[La ilustración que cierra la entrada reproduce un cuadro de Javier Tacón, y me sirve para celebrar el verano que llega y sus primeros calores]

Javier Tacón

                                              

viernes, 25 de junio de 2010

De sonetos, sin sonetos, con sonetos...

Voy a aprovechar la última página, la de Juan Gelman (cuyos poemas se han copiado o transcrito completos; lo digo por un comentario de uno de mis lectores anónimos: gracias) para dejar unas notas sobre el soneto, esa forma clásica que la tradición ha consagrado, pero que desde el último tercio del siglo xx viene, decididamente, derivando su forma hacia fronteras imprecisas, como si intentara definirse en la era digital. Los ejemplos son tan numerosos (yo suelo arrancar desde el olmo seco de Antonio Machado, es decir, desde 1912; el poema empieza por ser un soneto) y entre ellos los hay tan espectaculares –como los de Blas de Otero– que me voy a limitar a las líneas gruesas de lo que Juan Gelman hace con él.


Después de varios sonetos relativamente clásicos –de verso blanco--, en Hacia el sur (1983) aparece un soneto con la estructura de la silva moderna (Que hicieron). De manera esporádica e inconsciente asoma luego en “La petición” (de Com / posiciones, 1986), con forma del silva y trisílabo final. Más curioso es el “Soneto” (¿Acaso un vuelo o viento lleva…) que parafrasea un poema de Emanuel de Roma, con forma de silva moderna que admite eneasílabos y pentasílabo final. Endecasílabos y heptasílabos libres componen en el mismo libro “Alli” ("en la sombra/en el día…"). No deja de haber alguno de estructura clásica, no muchos, como “Soneto” (señor mi corazón: le ruego que…), en Eso (1985). El verso libre se alcanza en el “Soneto” de este mismo título ("tu palidez alta en la noche /como…"), que termina el libro, con octosílabos, dodecasílabos, endecasílabos, tetrasílabos, etc. Que esa forma le atrajo parece deducirse de cuando arranca Tantear la noche (2000) precisamente con “Fe de erratas”, en verso libre, con muestras de versos irregulares ("subir de la nada al vacío donde…").


Esas derivaciones son normales, me parece, en poesía actual. En la reciente feria o mercado de la poesía en París adquirí un volumen con el sugestivo título de Le sonnet contemporain. Retour au sonnet, en donde van más de veinte colaboraciones y muestras varias sobre su actualidad y otras circunstancias. No es lugar para reseñarlo en plan erudito; lo haré en la revista  RHYTHMICA, si me lo admiten, que es la única y joven revista española sobre métrica (Revista española de Métrica Comparada, dice el subtítulo). 

Para completar el rápido panorama, doy una muestra de un "sonetín" en un libro que quería ser absolutamente vanguardista en su momento (Pánica tercera...; 2004), pertenece a  Chus Arellano.
 Como forma poética que impone una estructura rígida, bastante rígida, también ha inquietado a los "oulipianos", hasta el punto de que en reciente libro La morale élémentaire. Aventures d'une forma poétique. Queneau, Oulipo, etc. se convierte a veces en un desaforado intento de crear contra el soneto y alrededor del soneto, como hace uno de sus mentores, el gran poeta francés Jacques Roubaud, cuando hace y deshace sonetos con la mayor naturalidad del mundo.
Lo que podría ser una tímida conclusión: aunque "la forma impone la materia" –como decían los antiguos– nada valdrá si el poema y el poeta no valen.

jueves, 24 de junio de 2010

Poesía española actual (5): Juan Gelman


Obra literaria –y humana– extensa, rica, profunda, compleja la del bonaerense Juan Gelman (1930), tanto que no podremos ni siquiera citarla en su totalidad, correctamente; páginas hay. sin embargo, en internet que acumulan datos, noticias y poemas.


Probablemente, si esto de los premios y reconocimientos funcionara bien, sería merecedor del que obtuvo Saramago, además de los muchos con los que se ha reconocido que sus poemas afectan al lector, no siempre para llevarle por un itinerario de hermosura y exaltación vital –también de esos hay–, sino para mostrarle los quiebros de la condición humana y el resultado de la maldad, la perversión y otras lacras. 


Entre los oasis de la emoción que produce la belleza, la solidaridad y la comprensión, su poesía con frecuencia rompe pautas y fronteras para exclamar el dolor y la incomprensión. ¡Qué necesario es un poeta que nos diga versos como los suyos!


miércoles, 16 de junio de 2010

Los textos se leen, los versos se recitan (I)

Los textos se leen, los versos se recitan. Uno puede leer los versos, por supuesto, y recitar la prosa; como uno puede comerse la cáscara y desechar la pulpa de la fruta. De lo que se trata no es de restringir la libertad del individuo que se molesta en cuanto le dicen que dos y dos son cuatro, sino de encontrar el espacio común del que resuelve compartir, por ejemplo y ahora, literatura, subespecie versos.



Benedetti y Gelman
Algunos de mis antiguos alumnos recordarán el tiempo invertido en clase en explicar detalladamente cómo se puede leer el verso y por qué y cuáles son los resultados de ese entendimiento verbal y sonoro. Y les habrá que recuerden como en los llamados exámenes finales convocaba a la clase para que cada uno leyera versos delante de los demás. No siempre pude seguir con esta prueba tan sencilla, porque un decano de mi "dificultad" (así digo, porque es realmente difícil llevar a cabo algo digno en  esos tugurios), aleccionado por colegas y alumnos, me advirtió que semejante ejercicio "invadía la intimidad" de los alumnos. Nunca pensé yo que ese era un modo de invadirles la intimidad, lo que suelo hacer mucho mejor mirándoles a los ojos, pidiéndoles que me enseñen lo que escriben o intentando que me inviten a una copa. El caso es que a raíz de esa protesta institucional sobre la calidad de mis exámenes invasores, esgrimida por un decano –que no sabía leer versos; bueno, tampoco hablaba muy bien–, introduje en mis clases una explicación sencilla de por qué la vergüenza literaria. Con Blüher y Ong al fondo, les expliqué que era normal que les diera vergüenza emplear la lengua natural, de la comunicación, en función secundaria, en este caso artística o literaria. Actos del lenguaje, función estética, etc. Y así, pasábamos vergüenza en voz alta, pero sabíamos de dónde procedía, que no era de la invasión de la intimidad. Por cierto, es hermoso eso de "invasión de la intimidad". A ver si el curso que viene –con otro decano que el de marras– en la encuesta del primer día, añado una pregunta menos tonta que las habituales del cuestionario oficial. Algo así como "¿Podríamos invadirnos la intimidad en algún momento?"

Recobro el hilo perdido. La lectura en voz alta de versos es una posibilidad de la lectura de poesía, que también puede recibirse en silencio o en coro o acompañada de parafernalia (cantautores, raperos, musicada, recitativos operísticos...) Si así se hace, puede "ejecutarse" (el término viene de Jakobson) de diversas maneras, ¡no de cualquier manera o de todas las maneras! Por otro lado no toda la poesía cobra mejor sentido al sonorizarse: el Cántico espiritual de Juan de Yepes (que así lo llama Moíño) fluye como el agua de una fuente y se bebe mejor leído en voz alta; su maestro, el agustino fray Luis de Léon, nos dejó algunas odas que son el resultado de un deslumbrante ejercicio poético e intelectual, al que hay que volver reflexivamente varias veces (por ejemplo para deshacer hipérbatos o captar desplazamientos atrevidísimos) para recobrar su significado literal. Cada autor, cada poema pide un tipo de consumición diferente. Lo iremos viendo y habrá ejemplos.
Por el momento lo que quería es: 
1º) que el decano no se quedara creyendo que tenía razón. Era una desrazón (ya saben que el sufijo des- dice la RAE no se debe utilizar así; también lo veremos en nuestro "Almacen de dobletes"); 
2º) que todos los que confiamos los unos en los otros (¡condición absolutamente necesaria en la relación maestro-alumno!) podamos invadirnos la intimidad; 
3º) que nos preparemos para leer versos en voz alta.


Traigo primicia de páginas venideras, porque la red brinda montones de ejemplos de varios tipos, desde los más sencillos a los más complejos; acabo de ver  uno  en el que  una jovencísima Ariadna Gil se desabrocha la blusa mientras recita uno de esos fragmentos estremecedores de Alejandra Pizarnik. Hermosísimo el ejemplo, aunque el recitado no es perfecto y la emoción viene agridulce y no se sabe si es por el desabrochado (este des- es correcto), que no culmina, o porque la poetisa argentina siempre cala. 
Al menos hay tres páginas que se pueden consultar, helas aquí con el ejemplo de lectura versal correcta de tres grandes poetas, la de Oliverio Girondo recitando  "Y de los replanteos"


La de Mario Benedetti "no te salves"


y la mejor de todas, la de Juamn Gelman, el "Lamento por Gallagher Benthman", de Los Poemas de Sydney West


que nos sirve como eslabón para la próxima entrada de este cuaderno, la quinta, referida a poesía actual en español, sobre este inmenso poeta argentino.

No hemos hecho más que empezar con la lectura de versos.