Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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lunes, 25 de agosto de 2014

Ya viene el soneto

hay que sacar la hierba luisa fuera
voy cantando en el metro a katy perry 
vamos a ver qué le paso al botánico
este agosto resulta muy extraño

los sueños cada vez están más lejos
a ver si logro que me mire al menos
menuda calva asoma por la frente
¿no sabrá que es el modo de quererle?

esta semana me he quedado a cero
el grano de la pierna no se va
no volveré a tomar sandía verde
a lo mejor me llama barbolilla

por fin por fin por fin por fin se acerca
el soneto desciende hacia nosotros

zarzaparrilla


martes, 12 de julio de 2011

Laboratorios de métrica y sonetos

A veces me han preguntado que por qué sonetos. La forma métrica del soneto impone un dique a la inspiración, al menos en dos aspectos: por su brevedad primero y por la propia naturaleza  de la forma métrica (estrofas, versos, rimas....) después. Cierto es, a su vez, que en la estrechura del soneto cabe la variación del estilo, por supuesto. 
Las variaciones son tanto generales como históricas, es decir, se producen con los vaivenes del tiempo. Y así por ejemplo las formas rítmicas de los versos, los enlaces de los juegos de rima o el propio tejido lingüístico y estilístico cambian según las modas de la época.
El soneto de laboratorio que sigue muestra un determinado tipo de variaciones. El primer cuarteto se hace con endecasílabos de forma 4-10, preteridos por lo menos hasta Menéndez Pelayo, y que luego se ha divulgado. 
El segundo cuarteto lo forman otros cuatro endecasílabos, esta vez de estructura básica 6-10.
Los tercetos, sin embargo, van por lugares más comunes, como muestro en la anotación:

El malestar por las separaciones
es la señal del aburguesamiento,
la sensación de que se perderá
lo poseído sin complicaciones,

que la necesidad llegar parece
de la reiteración con que logramos
la recuperación en la memoria,
de lo que se perdió en la realidad;

así mientras el tiempo impone el ritmo,         (2.6.8)
nosotros intentamos transgredirlo                  (2.6)
mediante fantasías creadoras                         (2.6.)
para quebrar el tiempo interrumpido.            (3.6)


El sosiego que da tener pensamos                 (3.6.8)   
que es existencia pura y permanente             (4.6)

miércoles, 24 de noviembre de 2010

César Vallejo y los sonetos

Es realmente llamativo la lucha que César Vallejo mantuvo con la forma más tradicional de las estrofas, hasta el punto de que quien lea su obra poética desde esa perspectiva se percatará de que recorrió un camino, por tortuoso, muy creativo, en el que, desde el punto de vista métrico, intentó fidelidad y huida, construir y destruir ese cauce versal. Un tanto por cierto abundantísimo de su obra, sobre todo en sus primeros libros, son sonetos de factura clásica, en los que el vaso formal desborda contenidos y aventuras expresivas; pronto esa capacidad de Vallejo por decir distinto y más lejos de lo que había conocido comienza a romper sonetos, por todos lados; aun así, volviendo una y otra vez al molde clásico, mantenido cada vez con dificultad. En esa lucha van quedando restos de la batalla, los más curiosos: su constante preferencia por poemas de cuatro estrofas, en las que trasparenta la vieja forma soneto, quebrada, rehecha, traicionada... Algunos ejemplos son casi modelos perfectos de cómo se varía un soneto. O de cómo se vuelve a él, para observar los destrozos: unas veces es deformando los terceros: otras añadiendo algún verso, a modo de estrambote.
Copio un ejemplo bastante claro, me parece:

Así pasa la vida, como raro espejismo
¡la rosa azul que alumbra y da el ser al cardo!
Junto al dogma del fardo
matador, el sofisma del Bien y la Razón!

Se ha cogido, al acaso, lo que rozó la mano;
los perfumes volaron, y entre ellos se ha sentido
el moho que a mitad de la ruta ha crecido
en el manzano seco de la muerta Ilusión.

Así pasa la vida,
con cánticos aleves de agostada bacante.
Yo voy todo azorado, adelante... adelante,
rezongando mi marcha funeral.

Van al pie de brahacmánicos elefantes reales,
y al sórdido abejeo de un hervor mercurial,
parejas que alzan brindis esculpidos en roca
y olvidados crespúsculos una cruz en la boca.

Así pasa la vida, vasta orquesta de Esfinges
que arrojaron al Vacío su marcha funeral.

En la edición de Américo Ferrari, que manejo por comodidad ahora, se editan en Los Heraldos Negros una quincena de sonetos perfectos y hasta una decena de contrahechos de diversa manera  (por ejemplo “Truenos”, “Líneas”), en donde no faltan los de metro diverso, como “Lluvia” (de eneasílabos), los de alejandrinos (“Encaje de fiebre”), los mixtos (“Los anillos fatigados”), y desde luego el poema de cuatro estrofas, como ya dije. En el libro siguiente, en Trilce, la sensación es que Vallejo avanza todavía más en su laboratorio métrico, pues el libro se abre con toda una batería de poemas que se encauzan a través de las cuatro estrofas y que, aun anunciando la silva moderna, todavía conservan esa cuádruple división estrófica que delata su abolengo sonetil. Hacia la mitad del libro la ruptura parece lograrse por su mayor extensión, resueltamente hacia la silva moderna, con menos retrocesos hacia la forma pura del soneto viejo (el  XXXIV, el XXXVII, el XXXVIII... por ejemplo) y mayor audacia en las transgresiones. Tanto es así, que bien pudiera leerse Trilce como un ensayo de destrozar y rehacer sonetos. Alguno se acerca todavía (“La tarde cocinera se detiene....”, el XLVI) al soneto clásico, aunque siempre con quiebros y guiños (“Cratrerizados los puntos más altos, los puntos...”, el LVII), que están a punto de hacerlo irreconocible (“”Ha triunfado otro ay. La verdad está allí...”, el LXXIII). Algo semejante se observa en algunos “Poemas en prosa”.  Finalmente, en Poemas humanos parece haberse superado esta lucha amor odio con la forma soneto, que se puede volver a escribir a la manera antigua (“Me moriré en París con aguacero....”; “Quiero escribir, pero me sale espuma...”), con alguna licencia (“Sombrero, abrigo, guantes...”), pero que ha desembocado ya en poemas de mayor aliento, más extensos sin duda, en donde la vieja forma de cuatro estrofas sigue apareciendo como recuerdo, pero desbordada ya por una inspiración mucho más abierta, tal, por citar uno entre todos, el “Me viene, hay días, una gana ubérrima, política....” Quizá lo más significativo sea, en consecuencia, que Vallejo consigue salir de la prisión del soneto y sus consecuencias, salir de la lucha, y que por esa razón exhibe una gran variedad de resultados métricos, que le permiten ese aliento épico y emocionado de España aparta de mí este caliz.



Ejemplos de los primeros contrafacta que se pueden leer como campo de batalla para zafarse del soneto o para retorcer su estructura: “A mi hermano Miguel”.  Otro texto que copio ahora (se puede agrandar para leerlo mejor) es  de la edición milanesa (Lerici) de 1964, que manejamos –junto a la de Losada, a la que sigue– en mi generación.

viernes, 24 de septiembre de 2010

"pasa despacio...", de CHINA DESTRUIDA

pasa despacio         apenas digas         mira
deja que sea     no te vuelvas         calla
nunca     podrás     recuperar   ya   nada
lo que recoges     sea solo     sea
lluvia     sobre la mano abierta     lluvia
al descender

al descender     los laberintos     ciegos
que llaman     tiempo     concebidos     para
que se refugien     los misterios     mientras
el animal

el animal     que nada     sabe     sigue
sin recordar     quién le llevó     ni cuándo
por los caminos

por los caminos     que la tierra         ofrece
llenos     de     vida

viernes, 25 de junio de 2010

Sonetos en miniatura

De un poeta viejo, anticuado y desconocido extraigo estos cuatro sonetos miniaturas que, creo, pertenecen a un libro del año 2000, con lo que cerramos las páginas dedicadas a la teoría de esta forma poética, tan mimada por la historia.