Siempre aconsejo, particularmente si el domingo es luminoso, ir a perder la mañana al Retiro, donde se reúnen, además de los paseantes, multitud de grupos, personajes, artistas, etc. que montan su pequeño espectáculo, sea en el viejo paseo de coches, sea a lo largo del camino que bordea el lago.
Al menos seis marionetas distintas se disputaban en este último lugar al público infantil. Reconocí a dos argentinos –ya tradicionales, uno de ellos, además, de espectáculo muy, muy logrado–, una mujer, un latinoamericano, etc.
| Maqueta de la remodelación de El Prado |
Volvíamos de una exposición en el Salón del Reino, el
antiguo Museo del Ejército, remodelado, no como hubieran querido J. Elliott y J. Brown (llevando allí lo que allí había, por ejemplo los cuadros de Velázquez), sino habilitado, como se ve, para una exposición sobre maquetas y arquitectura. El barrio de los Jerónimos estaba apacible, limpio, silencioso; y el Retiro invitaba al paseo dominical.