Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

Mostrando entradas con la etiqueta Dali (Yunnan). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dali (Yunnan). Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de septiembre de 2015

berenjenas chinas

La escena que reproduzco ocurrió en Dali, una ciudad china de la región de Yunnan, especialmente bella, así sea por su situación entre un inmenso lago y la cadena de montañas de Canshang, últimas estribaciones del Himalaya hacia aquella vertiente del suroeste de China.
  

Una tarde, paseando por la ciudad llegué a una esquina perfumada de olores culinarios, en donde había multitud de gente cenando (hacia las 18 de la tarde, era), sobre todo en la calle. Parecía una barbacoa, de esas que llenan las calles de las ciudades chinas, a las que tan acostumbrados están. Yo había cenado así muchas veces en Hangzhou y en Qingdao, de manera que me acerqué a uno de los restaurantes en donde se exhibían los pinchos, que uno puede elegir, colocar en una bandeja y pedir que se los preparen. Normalmente pedía vegetales, tofu o pescado. Hice mi elección, y entre los vegetales busqué las berenjenas, que se preparan especialmente sabrosas en estos sitios. Solo había berenjenas grandes, sin pincho. Se lo dije a la encargada y me apuntó en el papel de pedir; luego me indicó que me sentara allí, en una de las muchas mesas dispuestas en la calle. Así lo hice, y vi que la mesa era eso, una mesa baja, cuadrada, pero que su centro estaba abierto y tapado con una rejilla, a través de la cual se veían las brasas de un fuego, en donde era fácil de adivinar que se hacía la barbacoa de lo que uno había pedido. A mi lado, en otra mesa, un matrimonio joven con una niña.


Pasado un rato breve, me trajeron los pinchos que había elegido (tofu, vegetales y una especie de croquetas) además de tres o cuatro tarritos con salsas y polvos, que no sabía cómo emplear. La dama de la mesa de al lado, que lo estaba viendo, me aconsejó que utilizara salsas y polvos según mis gustos, además una era muy picante, que tuviera cuidado. Y así lo hice, bajo la mirada de los comensales de la mesa de al lado, que poco a poco se atrevieron a explicarme más cosas. En el entretanto, oh maravilla, llegó una enorme berenjena, hecha al horno (la de la foto). Confieso que nunca había tomado una berenjena tan rica, y eso que he probado en Provenza las "aubergines" rellenas, sobre las que incluso compré un libro de recetas; y he admirado en Pisa, Venecia y otros lugares italianos la variedad de berenjenas que tienen. 
La cena continuó de manera diversa y amistosa, como se verá por el reportaje fotográfico, la niña del matrimonio chino acabó en mi mesa y en mis brazos, cosa la mar de común en esa tierra hospitalaria y alegre. Y yo no pude acabar de tomar aquella sabrosa berenjena, demasiado grande. Luego he visto en las barbacoas de Lijiang berenjenas similares (están en otra foto) y he recordado que ya mi antigua alumna y ahora profesora Dinorah me había advertido de lo bien que las preparan. ¿Será, además, porque en Dali existe una minoría musulmana, respetada y normalmente dedicada a estos menesteres? No lo sé.


Es el caso que hoy, en Madrid, he intentado memorizar esa experiencia y cocinar una berenjena rellena de modo semejante, nunca igual, porque falta el secreto complicado de las salsas y polvos y especias, algo demasiado peculiar, de lo que no sé nada de nada. Alguien me ayudará en otras ocasiones.

He empezado por rehogar varios ingredientes vegetales (cebolla, puerro, zanahoria, etc.) y la pulpa de la propia berenjena que va a ir al horno, despacio. Luego he rellenado la berenjena y la he llevado al horno (unos 30 minutos a 210º). Lo más difícil ha sido añadir luego salsas y especias: he utilizado salsa de soja común, perejil y ajos tiernos, además de la salsa de tomate. 

¿El resultado? Estaba francamente buena, pero no he logrado ni su forma ni su sabor. Las berenjenas chinas eran más grandes y se presentaban abiertas, por un lado; el juego de salsas, por otro, era distinto. 
Habré de seguir intentándolo.





viernes, 4 de septiembre de 2015

Una crónica antigua: El retiro espiritual a las montañas Chanshan

[Esta croniquilla se quedó en el tintero; no era fácil viajar, caminar y publicar al mismo tiempo. Para que no quede olvidada y perdida, va a deshora]

Por el cauce seco de un torrente se continúa la ascensión hacia las cumbres del Canshang una vez que el funicular te haya dejado a más de 2500 metros de altura, en una base para caminantes ocupada por tropas de vendedores –frutas, fetiches, ropa, paraguas....–. Yo no sabía que en las cabinas del funicular, con la ilusión del paisaje y la emoción de la altura, se podría ampliar tan fácilmente la amistad, cosa que hicimos las dos chicas con las que ascendí: ya éramos seis, que luego por el camino de los torrentes, terminamos por ser ocho, los que quedamos para soportar los más de mil escalones que llevan tortuosamente hacia la hermosura de un paisaje montañoso impar. Este viajero cumplió como pudo con su esfuerzo y llegó hasta donde ya no se podía ascender más, agotado y feliz. Arriba, tomamos fotos, descansamos un rato y compartimos algún minúsculo paquete de galletas entre todos. Hubiera debido comprar fruta. Mis zapatillas ya no resisten más, ¡pero no encuentro un 45 para recambiarlas!
Creo que lo que sigue es todo el reportaje visual de la jornada.


La cumbre mayor de las montañas Canshan alcanza más de 4000 metros. Desde Dalí, el sol se oculta por allí, claro, al oeste del lago, pero antes de hacerlo, entre brumas, consigue en los días de verano al menos, proyectar su luz de atardecer sobre el inmenso lago "Erhai", que se extiende abajo, con la ciudad, Dali, bordeando el lago. La imagen es muy hermosa. Hace unos días  publiqué en mi facebook una foto que recogía ese momento, desde un barco en el Erhai, y la sensibilidad de algunos de mis lectores, captó enseguida la belleza de la imagen. Lo voy a explicar en comentario luego. 



Muchas de las imágenes que estoy reuniendo lo serán para dar cuenta de mi travesía por el lago, para visitar la isla de pescadores que allí hay, así como la orilla este, en donde se admira un conjunto de pagodas, desde las que se ve otra perspectiva del lago, con el sol en el horizonte.
Por otro lado, la isla de pescadores –lo normal era pescar con carporanes, aves de rapiña a las que se adiestra para que se sumerjan en el agua y atrapen peces– mantiene, además del recuerdo de sus lugares religiosos, su actividad pesquera gracias al turismo, sobre todo interior, y a la conservación, por sistemas de secado, de las especies del lago, que al parecer está sobreexplotado.


Por el momento, sigo por los vericuetos del Canshan, que si se busca en un mapa mayor, bien se verá que es el descenso del inmenso Himalaya hacia la parte China de Yunnan, región extraordinariamente diversa y rica, tantos en materiales –tiene las mayores canteras de mármol del mundo, solo comparable con las italianas–, como en agricultura (arroz, maíz, tabaco, marihuana....) y, posiblemente, en otras industrias que no conozco, entre las cuales evidentemente estará la de las telas, todavía fabricadas con "índigo", es decir, modo de coloreado artesanal, que ha de estar desapareciendo también.

Por cierto, he visto que se vende en los mercadillos de los pueblos semillas de marihuana, pero no me he atrevido a comprarla porque no sé si está prohibido o no; en muchos de los lugares que he visitado, a la hora de tomar un te, he olido el humo de la marihuana y me ha parecido que era normal fumarla, aunque no lo he indagado.


jueves, 27 de agosto de 2015

La casa jardín de Zhang



Es un lugar, convertido en atracción turística, de Dali (Yunnan), al que fui por dos cosas: lugar de demostración de los nashi –una minoría étnica– y famoso jardín antiguo, a la manera china.



A la manera china quiere decir con profusión de construcciones, rocas, fuentes, etc. uno de cuyos elementos es el jardín. Y así era, en medio de un laberinto de patios, estanques y galerías, se ha cultivado un jardín en el que abundaban los árboles autóctonos, particularmente las camelias, que ahora, al final del verano estaban naturalmente sin flor. De una de ellas se decía que tenía 300 años de edad.



El conjunto resultaba muy barroco y la mezcla de elementos viejos, con los tenderetes comerciales y los pegotes modernos, muy difícil de discernir, al igual que ocurría con la exhibición de los naxis, que cantaban y bailaban al tiempo que se ofrecía un te, y que pululaban por allí vestidos con sus trajes típicos.

Yo no sé si el exceso comercial termina por arruinar cualquier iniciativa atractiva, particularmente la de mantener o recuperar lugares históricos o artísticos.


En todo caso, mereció la pena por ver algunos ejemplares del jardín, no tan visitado como las estancias. n, no tan visitado como las estancias.  jardiempo que se orfrecia un te, y que pululaban por alles y los pegotes modernos, muy d







domingo, 23 de agosto de 2015

Un pabellón en medio del lago




un pabellón en medio del lago
me han permitido entrar     al viejo parque
“del temblor amarillo”     o algo así     creo
está vacío y silencioso          nadie

aparece            edificios exquisitos
cipreses centenarios   cercos de arces
buganvillas      osanges      bosquecillos
de bambús   y otras plantas tropicales

verdusco       el río cruza       y deja
lagunas y remansos       roquedales
que construyen caminos    trazan puentes
y por todos los lados       palmerales

el viajero descansa    mira    y calla
tanta belleza aquí       por qué      no sabe









jueves, 6 de agosto de 2015

Aprenderás de mí lo que no sé....





vendrán los días           que serán los tuyos
y te podré decir todos los versos
susurrados muy cerca cuando noche
y todo lo demás lejos      muy lejos

aprenderás de mí    lo que no sé
me dirás mis caricias      mis secretos
aprenderé en tus manos   los rincones
que nadie me enseñó sobre mi cuerpo

una a una pondrás sobre mi piel
las estrellas de amor con las que sueño
plenitud del espacio que en las sombras
laboraron la miel del universo

futuro solo sé   que     ya no queda
en las palabras queda    y en los versos

[Todas las ilustraciones son del atardecer en Dali, Yunnan, es decir 'las nubes del sur', ya se ve por qué]