Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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jueves, 3 de marzo de 2011

Investigación y literatura: Roma y Quevedo

Voy a exponer un ejemplo sencillo, extraído de datos simples, para conectar investigación y literatura; pero lo voy a hacer sin desbordar eruditamente el tema.
Quevedo escribió dos poemas referidos directamente a Roma, uno de ellos un soneto, encauzado, por cierto, a partir de otro francés anterior, muy conocido. La fuente cercana permite pensar que se trata de un ejercicio literario y que el escritor lo compuso en Italia, pero quizá no en Roma, una "imitatio" literaria, usual por lo demás. Los poemas romanos aparecieron publicados en la edición póstuma del Parnaso (1648), así:


Entre los papeles que ando moviendo estos días, sin embargo, leo en la Biblioteca del Palacio Real, esta carta del embajador español de Roma al embajador de Londres: El embajador notifica que Quevedo ha venido en embajada, que ha estado con varios cardenales y que el Papa le recibió en audiencia, luego partió.

Y también se puede saber la fecha, exactamente, estamos en abril de 1617, este es el encabezamiento de la carta-relación:


Sería fácil seguir extrayendo consecuencias biográficas, históricas y críticas –muchas de esas cosas ya se sabían, el dato refrenda y ajusta. Muchos de los nombres y circunstancias que se mezclan en las noticias (Borjas, Zapatas, Gondomar, el cardenal Burghese, el virrey, erc.) pueden constituir un capitulillo en la vida de Quevedo. En este caso, para concluir con una sola consecuencia, la poética: lo más probable es que el soneto, a pesar de su fidelidad a la fuente, se haya redactado durante o a causa de la visita del escritor a Roma.


He elegido solo esa noticia, porque quería mostrar el enlace sencillo; pero hay un puñado de ellas que van situando viajes y circunstancias de Quevedo a lo largo de ese año.

Luisa Carvajal: Letra de monja, autógrafos

Voy a ofrecer, entre estas primeras noticias sobre Luisa de Carvajal, y ya que tengo toda su documentación y todos sus textos, una muestra limpia de sus autógrafos, en este caso el de una carta de 1606 dirigida  su hermano, que ocupa apenas media página; buena muestra de su letra menuda, cuidada, proporcionada, con cierto sentido del equilibrio, lo que a veces se ha llamado "letra de monja", por más que Luisa no lo fuera. 
No la transcribo, porque es muy fácil, pero recuerdo a mis discípulos que el método correcto e inicial es hacerse poco a poco con el abecedario (las tres "eses", la cruz de la "p", la peculiar "d", y desde luego el juego de abreviaturas, etc.), saber que la separación actual de palabras se adquiere mucho más tarde y que los sistemas de acentuación (tildes gráficas), puntuación y mayúsculas son mas expresivos que normalizados. 
Por cierto, la firma suele variar, no está absolutamente formalizada. Así arranca:

la preçisa obliga çion conque naçemos dea cudir adar gusto adios en quan tas cosas senos des cubran  quele poda rre ciuir rres  pondera pormi enesta o casion la qual pareçe atomado nro sr por medio pa.....


miércoles, 2 de marzo de 2011

Luisa de Carvajal, toda la documentación

Hay días en los que la investigación te concede, sorprendentemente, todos los resultados por los que te has estado esforzando durante mucho tiempo. Hoy ha sido, para mí, uno de esos días, en los que papeles, series documentales, legados.... han ido apareciendo, finalmente, en el lugar hacia el que uno iba encaminándose poco a poco. De manera que he logrado los autógrafos de Bartolomé Leonardo de Argensola, los votos "privados" de Luisa de Carvajal, el documento en el que se envía y recibe su cuerpo –de Inglaterra a San Sebastián, de allí a Valladolid, de Valladolid a Madrid....– las series perdidas de las cartas de Góndomar –el embajador londinense, el "Don Diego" de la correspondencia de Luisa– que finalmente se encuentra en tres lugares, (las series mayores)–, las cartas que ella recibió escritas en inglés, la nueva documentación sobre el Conde de Villamediana....
El volumen de lo que hoy he visto es superior a lo que puede admitir este discreto "cuaderno de pantalla", de manera que buscaré algún alumno aventajado que quiera pasar parte de sus primeras investigaciones con Luisa –no con mi novia portuguesa, claro; sino con la Mendoza– y nos ayude a comprender parte ese nudo histórico, que lo es. Y alguien que se ocupe también del Conde. Hay que ver qué disparidad –¿o no?– la vida mundana, arriesgada, siempre al borde de perderse por la intensidad de las emociones placenteras en el caso del Conde; e igualmente extremada, arriesgada, llevada hasta el límite de lo posible por la intensidad espiritual de Luisa de Carvajal.

Una de las  muchas redacciones de los votos "privados"
El nudo poético que despreciaba el mundo, se vestía con un "habitillo" humilde, no quería saber nada de ruidos mundanos y desde pequeñita se enfadaba si alguien le intentaba saludar con un beso, además de sustentar un odio visceral, agresivo, aparentemente inconciliable con sentimientos de piedad o misericordia,  a herejes, renegados e infieles (defiende, por ejemplo, la expulsión de los moriscos); pues ese mismo nudo sabía latín –no es un modismo–, componía versos con un pericia envidiable, había leído bastante literatura pastoril, pleiteba por los derechos de su herencia, conocía las mejores técnicas para conservar reliquias de cristianos descuartizados, tapando los poros con plomo.... y mantenía su vigorosa independencia mediante documentación meditada y redactada cuidadosamente para que nadie le pudiera reprochar su celibato y no haber profesado en alguna orden, que es a lo que le habían  destinado  y lo que el padre disponía en su testamento. 
Precisamente, en la entrega de hoy reproduciré algunas de las muchas copias autógrafas de sus "votos", que se suceden, ¡desde 1593!, en copias y copias, algunas, como las que reproduzco llenas de enmiendas y tachones, como si se tratara de un documento exquisito que necesitaba de una precisión cuidadodísima, al que Luisa dedicó muchísimo tiempo, y que fue matizando y enmendando en sucesivas redacciones, que alcanzan hasta el final de siglo (1593, 1596, 1598....) Me parece fuera de duda que tales enmiendas obedecían en bastantes casos a sugerencia de sus amigos y confesores los jesuitas, cuya rama femenina hubiera deseado establecer Luisa. Y sobre eso hay literatura.
La otra iliustración es para mi buen colega y amigo Jose –ahora en Filadelfia–, que tanto ha gustado de la historia de Luisa. Es un ejemplo de las cartas inglesas de su epistolario, que no sé si ha reproducido en su versión inglesa de la correspondencia; pero que Jose puede traducir para la completa versión castellana de su obra.
Publicaré el texto final de sus votos proximamente.



sábado, 26 de febrero de 2011

Luisa de Carvajal

Voy a hablar hoy informalmente de Luisa de Carvajal; dejaré para otra ocasión la referencia exacta y erudita a muchas curiosidades de su vida y de su obra. Ya hace unos días, con motivo de una visita al monasterio de la Encarnación, en Madrid, dejé unos versos conmovido por esa oscuridad tétrica, de cuatrocientos años, que mantiene su cuerpo "incorrupto" en la sala de reliquias del monasterio de las agustinas recoletas, uno de ellos –al otro, el del opus, no me dejan entrar– de Madrid.
Está incorrupta porque el Conde de Gondomar, en cuya residencia de Londres murió, justo al publicar Cervantes la segunda parte del Quijote (1614), ordenó que se embalsamara y que se llevara, luego, a España. Bueno lo de llevarse  España fue insistencia de quien entonces mandaba, de Rodrigo Calderón, que eligió la Portaceli de Valladolid en vez de La Encarnación. Sus viejas amigas quería que volviera allí, con ellas, a recordar las tertulias de Valladolid, cuando todavía vivía la reina Margarita y la corte adornaba el Pisuerga. Y así se hizo, porque intervino el Monarca,  y por eso está ahora allí su cuerpo, en un rincón de la sala, en un arca tapizada de rojo con ribetes dorados; y eso que nunca profesó de monja. 

El segundo apellido de Luisa puede ayudarnos a entender más cosas: "y Mendoza", sí, de una las familias nobles más reputadas de España. No quiso ser monja, en cierto modo como Teresa de Cepeda: se le quedaba estrecho el convento, el tiempo, el país.... Todo. Eligió la vida espiritual y desde adolescente prefirió emanciparse y vivir intensamente, acallando su cuerpo desnudo que le reclamaba el demonio: el dolor en su carne acabó por ser alimento necesario, cubrió sin duda los apetitos de la naturaleza. Al final de su vida, en Londres, hasta llaves ponía en los hijuelos de los látigos para lacerarse. No es extraño que muriera relativamente joven, a los 42 años, allí, en Londres, en casa del conde de Gondomar, el embajador, a quien no hizo más que causar problemas diplomáticos, pues ¿a quién se le ocurre viajar hacia 1604 a Inglaterra para convertir herejes?
Iré publicando en este "blog" noticias y documentos de Luisa de Carvajal y Mendoza. 
No siempre se llamó así. El 24 de enero de 1605 Rodrigo Calderón escribe a Juan Ruiz de Velasco: "El Duque [de Lerma], mi señor, dice que su Majestad quiere saber quién es una doña Antonia Enríquez que va de Flandes y cuyo era un pasaporte que el otro día envió V.M. a firmar y me ha mandado su excelencia que lo sepa de V.M....."  A lo que contesta Ruiz de Velasco: "Esta cédula de paso se hizo por orden que para ello tuve de su excelencia el Conde de Miranda; y ahora he entendido del secretario Juan de Amezqüeta que esta señora doña Antonia Enríquez se llama por otro nombre doña Luisa de Carvajal, conocida en esta corte por muy espiritual y devota, la cual dice que va a una romería secreta. Y por que no se entienda que es ella quiso que en el pasaporte se nombrara así, y que no ha querido decir adónde va, y desea que no se sepa su jornada...."  Y luego marginalmente, en la minuta, añade: "Pienso que V.M. debe de conocer a esta señora, que posa junto al colegio de los ingleses, por Carvajal, y mi señora doña Inés también; hase concertado con su hermano y creo le da alguna cantidad de dinero. Puédese pensar que de la vecindad de los ingleses y de su bondad haya dado en ir a procurar ser mártir como ellos". Rodrigo Calderón será uno de sus corresponsales habituales y, como dijimos, el encargado de gestionar el traslado del cuerpo y su depósito en la Encarnación.
Su viaje es otra aventura. Por cierto, ¡no sabe ni una palabra de inglés! Cuando consigue llegar –le mandan un guía desde Londres y llega disfrazada–, se esconde durante un año, aprende el idioma y luego se lanza a su misión, lo que es otro capítulo, el final, de su biografía. A través del epistolario se puede seguir bastante bien la parte más aparatosa de su biografía.
Al poco de llegar la noticia –y el cuerpo– de su muerte a España, se multiplican las relaciones de su vida y las exequias hagiográficas, una de ellas, por cierto, del padre Pineda, que por el momento estaba censurando a Góngora y que iba a hacer luego lo propio con Quevedo. El padre Pineda era un jesuita de mucho prestigio y Luisa de Carvajal, que no había querido profesar en ningún convento, se había arrimado a la compañía, cuyo modo de vida le era, sin duda mucho más afín. A fundaciones de jesuitas dejó todos sus bienes, casi todos. Jesuitas fueron los editores de sus obras, primero en 1635; ahora, en 1965 (volumen de la BAE). 
He estado buscando los originales de sus obras. Todavía no los he podido ver, pero sé que existen, lo dice, sin ir más lejos, precisamente Camilo María Abad (s.j.), que es el que edita el Epistolario de Poesías (1965) a partir de un trabajo muy serio de Jesús González Marañón. Espero poderlos consultar a través de Patrimonio Nacional.
Antes de despedir esta primera asomada a Luisa –le voy a llamar a partir de ahora así, como a una novia portuguesa que hace tiempo tuve–, vamos a dejar aquí un romance "espiritual", y me duele poner ese adjetivo que no sé si proviene de su pluma o de sus piadosos editores, que así intentaban evitar que lo leyéramos de modo profano. Y no es el más subido, no.
Yo lo leo de modo profano:

En la dura superficie
de la tierra recostada
y de una mortal herida
de amor, que el alma le pasa,
con mil vivos sentimientos
del tierno pecho arrancaba,
Silva, profundos gemidos
que por la posta despacha.
Del grave dolor que siente
constreñida y apremiada,
más que a toda diligencia
les ordena que se partan,
y dice: "Andad, mis suspiros,
pues me veis desahuciada,
en busca del bien que pudo
herir de este modo el alma,
con cuya mano divina
solo podré ser curada,
que de males rigurosos
de amor jamás nadie escapa
con vida, sino en las manos
del mismo que de amor mata".


Véase un excelente enlace, que recupera textos idos con la colección Fernán Núñez:
http://www.ehumanista.ucsb.edu/projects/spanish_black_legend/03.htm

sábado, 1 de enero de 2011

Más autógrafos y firmas de Quevedo

Para esa preciosa y compleja tarea que está llevando a cabo Diana Eguía –los autógrafos de Quevedo–, andamos desenterrando firmas y sacando a la luz textos viejos, o desconocidos o mal conocidos. Así la carta, que publiqué yo hace algunos años, procedente de la Biblioteca del Palacio Real, que era desconocida, es autógrafa y además de ajustar varias cosas de la biografía de Quevedo: la fecha de uno de sus viajes a Nápoles, sus relaciones con las infantas, a las que servía para cuestiones mercantiles, sin duda, importantes, etc. además, decía, muestra la redacción apresurada y vigorosa del escritor, cuya firma también se resiente de la misma rapidez. Se puede comparar con otras doce años antes. Ninguna se ha publicado o reproducido antes, que yo sepa, y tampoco la carta, que va entera y que obtuve con muchas dificultades en el tiempo que allí trabajé, en la biblioteca del Palacio Real, manejando entonces los viejos libros de inventarios de la época de Isabel II.  





Compárese con la firma de un documento notarial de 1606:



En próxima entrada reproduciremos autógrafos de la Real Academia de la Historia.

domingo, 24 de octubre de 2010

Manuscritos y avance de la investigación

Acabamos de poner en circulación una revista filológica –manuscrt.cao– cuya base fundamental se refiere a manuscritos. Véase en http://www.edobne.com/manuscrtcao/Quizá haría falta justificar de modo amplio y ejemplificado la razón de esta perspectiva, no siempre aceptada como necesaria o fecunda para el mejor conocimiento de nuestra historia cultural. Esperamos, poco a poco, devolver a los manuscritos la importancia que realmente tienen en la investigación filológica. En ese sentido y casi de manera anecdótica traigo a colación un caso ejemplar, referido a uno de los grandes escritores de nuestro periodo clásico: el Conde de Villamediana. 
Muchos problemas encontré para que algún especialista me redactara la entrada correspondiente a don Juan de Tasis, conde de Villamediana, en el Diccionario Filológico de Literatura Española (los dos vols. del siglo XVII saldrán publicados antes de Navidad); finalmente, después de varias gestiones y muchos problemas, nosotros asumimos la redacción de esa entrada, en la que nos limitamos a exponer con cierto orden lo que se conocía. Con ese motivo me plantée la recensión de sus manuscritos, y a partir de sus manuscritos, la posible identificación de sus autógrafos, como las muestras más preciadas de los testimonios. Entre varias otras gestiones –en Italia, en Madrid, en Barcelona...– obtuve lo que deseaba en mi visita a la biblioteca del Palacio Real, gentilmente atendido por Luisa López Vidriero. La digitalización de la correspondencia del conde de Gondomar me suministró varios ejemplos de autógrafos y me permititó identificar su letra; con ese bagaje volví a recorrer varias series de manuscritos, den este caso de la BNE... y encontré, en efecto, manuscritos autógrafos del Conde, que nadie había identificado como tales, pero cuya letra –clara, limpia, incluso artística, rematada por una firma y rúbrica inconfundible– era la suya y corroboraba lo que el texto decía. Y de ahí en adelante.
Reproduzco una muestra de autógrafo de Villamediana, para modelo en adelante: