Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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domingo, 1 de diciembre de 2013

Una lección de historia, sobre Quevedo

Veo que en mi departamento, facultad y universidad organiza unas jornadas sobre la corte y el Barroco durante el s. XVII, la próxima semana. No sé muy bien título ni otras características, porque nadie me ha dicho nada; pero abre el encuentro Lía Schwartz, luego sigue Aurora Egido y la primera comunicación –sobre Quevedo– es de Isabel Pérez Cuenca, alumna mía que fue y a quien dirigí la tesis doctoral sobre los manuscritos de Quevedo en la BNE.... Luego sigue el encuentro con charlas de variada lección, en un programa organizado por mi antiguo alumno Mariano de la Campa y mi colega Antonio Rey. De manera que, aunque sin vela en el entierro –además andaré de trabajos de campo–, sí que parece oportuno aderezarlo con algunos datos quevedianos, recogidos al paso, por ejemplo para dar noticia de un nuevo manuscrito de Quevedo, de nuevos autógrafos, de nuevos libros de su posesión, etc. 

BNE, R. 28463
A veces colegas y alumnos me preguntan que si voy a actualizar una biografía que publiqué en el 98 (1998) y, al contestar que no, me preguntan que si es que no hay datos nuevos. Sí, sí que los hay, y bastantes y hasta curiosos. En este mismo blog he publicado uno de los pocos –nuevo– que documenta su prisión en San Marcos, y una enorme documentación original; y en nuestra revista http://www.edobne.com/manuscrtcao/ dos concienzudos investigadores han puesto orden a su biblioteca, de la que siguen apareciendo ejemplares. Nadie ha recogido todavía –es otro ejemplo documental– el batiburrillo quevediano que se encuentra en los papeles de la RAE, del que se encargará el buen hacer de Mercedes Sánchez, que es quien mejor conoce la historia de los autógrafos de ese fondo, en donde yo creo que nadie sabía que allí estaban, por lo que ha de ser de su procedencia y saber la cartela que explica la exposición de ese fragmento en la que se exhibe ahora en la BNE con motivo del 300 aniversario de la RAE.  Nadie se ha asomado, tampoco, a la correspondencia entre Rodríguez Moñino y Crosby –por ejemplo–, en la que el hispanista norteamericano cuenta sus tempranos viajes a España, su búsqueda de libros y documentos quevedianos, su intercambio de correspondencia con José Manuel Blecua a propósito de la edición de la poesía de Quevedo (estamos antes de 1963). Allí se cita el paradero de muchos papeles de Quevedo. Otros más andan queriéndose vender de la herencia de la última poseedora del legado, una Mendizábal –recién fallecida– que ya había vendido –a la fundación F. de Quevedo– parte sustancial de los papeles del escritor, ahora repartidos entre Archidona, La Torre, la fundación F. de Quevedo, la RAE....


El universo quevediano es enorme y no se puede intentar reproducirlo tal y como era, porque la acumulación de material nos ahogaría. Hace falta en algún momento saltar a la teoría, volver a nuestro tiempo, y saber despreciar y elegir al mismo tiempo los datos con los que organizar la teoría, la imagen asequible, para moverla mentalmente. Ese salto a la teoría nos libera de la erudición como tarea ciega y engrandece la función de la investigación histórica.


Ilustro esta entrada con imágenes de un manuscrito desconocido nuevo, en el fondo Campomanes de la FUE (Madrid). Desconocido: no lo recoge Jauralde, tampoco en la exhaustiva recensión de Perinolas de Fernando Plata (en su artículo del homenaje a Crosby).

sábado, 14 de mayo de 2011

Llegaron los sarracenos / y nos molieron a palos, / que dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos

Creo que es una sensación compartida con todos aquellos que alguna vez, o frecuentemente, o casi siempre, piensan que  "han ganado los malos", que, como los sarracenos, son más que los buenos. Últimamente me lo han  preguntado, entre risas, varias veces. Y hoy, ordenando papeles, me ha surgido uno de los últimos ejemplos palmarios –entre infinitos, claro, no hay más que visitar cualquier país subdesarrollado, conocer el mundo de los emigrantes o analizar la letra pequeña de las hipotecas–. 
Durante mi larga vida universitaria, de unos cuarenta años, cada vez que he escrito o denunciado una situación incorrecta, injusta, podrida, etc. en ese curioso e inmenso tugurio, he corroborado, pasmosamente, que no pasa nada. La costra de este lugar es el caparazón de las tortugas: no se puede penetrar fácilmente. Las cosas suceden como si no sucedieran y ya está. 
El ejemplo que pongo es el último de todos, pero es muy sencillo y asequible. Se va a una reunión y a la hora de aprobar las actas se levanta la mano y se intenta una enmienda, incluso se lleva por escrito, hasta se pide explícitamente que conste, etc. El colectivo en donde sucede la feria vota entonces si se da paso a que ese voto/enmienda particular pase a actas. Y vota que no. El escrito resultante para defenderse de esa situación –pasado por registro– dice (omito la causa concreta, pues se trata de contar la historia y no la historieta): 
De sobra sé que la exposición de este tipo de cosas molesta, incomoda: sería mejor ver las carreras de coches, hablar solo de lo que merece aplauso, perdonar, que las fotos de las rosas llenaran todo, aceptar que el mundo es de los malos, etc. Sería contribuir –otra vez– al engaño y la injusticia. 
Cómo será lo que sucede en la UAM que ahora viajo a Nápoles y no me da miedo la camorra. Y eso que voy a vivir en el barrio de los españoles.

jueves, 14 de abril de 2011

Universidad Autónoma de Madrid. Ensayos de literatura comparada

Se muestran varias escenas de reconocida calidad histórica o artística que permiten comprender mucho mejor la complejidad del universo. 
En la primera de ellas observamos a un profesor/a preparado para su habilitación por el ANECA.
En la segunda  se observa, desde una perspectiva departamental, por ejemplo el departamento de Filología Española de la UAM, la batalla de Gaugamela, con el pobre Darío huyendo.


Muestra la tercera a un asistente a las reuniones del departamento de Filología Española, según exposición del MAN.
Y se sigue inmediatamente un instrumento necesario para asistir a las reuniones del llamado Consejo de Departamento, es una espléndida muestra del MAN, que puede no provenir de los yacimientos de la UAM.


La figura de la derecha (del que mira) es el vivo retrato de la pureza de un decano. No quisiera que en esta perspectiva nos faltara la venerable figura del Rector, que yo asocio a la de Ángel Gabilondo. Hela, hela, desde la perspectiva del MAN: es la que está debajo.
La galería de retratos se complementa con la foto idealizada de los dos contratados en el momento que se disponen a proponer los miembros del tribunal que ha de juzgarlos. En tanto, debajo, alguien se ha ido con la música  ("auletris") a otra parte y se he sumido en profundas reflexiones:


domingo, 3 de abril de 2011

Habas y guisantes, con problemas


Con problemas, sí, todo lo que exija pelar y tiempo, como son las habas y guisantes, particularmente los segundos que se toman en cualquier temporada y ya apenas se ven enteros. ¡Aquellos guisantes de la huerta del río Carrión!       
Las habas aparecen esporádicamente ahora, a precio modesto, pero con el inconveniente de que, después del esfuerzo de pelarlas –cosa que se puede hacer mientras vemos el telediario o en las reuniones de departamento, el que proceda de la UAM, porque de lo que allí pasa no dan cuenta las actas, que proceden de la votación de la mayoría; o sea que lo mismo da, lo importante no es que uno pele habas, sino que los que allí resuelven voten que se han pelado (aunque no) o que no se han pelado (aunque sí).


Todavía recuerdo en mis tiempos de profe granadino que las habas se vendían por la calle y la gente se las iba comiendo crudas –en la vega de Granada son exquisitas–; también me acuerdo de haberlas guisado a veces con vaina, limpiándolas como a las judías verdes de antaño (hebras y picos). Y muy sabrosas, con vainas.
No se le acaban a las habas los problemas con pelarlas en el departamento y tirar las vainas. Luego viene el refrán, el de son "habas contadas". ¿Se contaba con habas o es que el resultado de pelar medio quilo da siempre una exigua cantidad? Podía mirarlo en el Iribarren, pero me da pereza y no me fío. Lo que es cierto es que se cuentan fácilmente –como se ve en la foto– las que proceden del medio kilo comprado antes de ayer.

De su procedencia granadina puede que le venga esa manía de adornarlas con jamón ("habitas con jamón"), lo que no le hace falta, aunque viene bien para que la tapa o el plato se cobre a precio de oro, porque naturalmente el jamón se anunciará como de Trévelez o de las Alpujarras. En realidad las habas como se solían hacer era fritas con cebolla y echadas encima de un huevo frito. Plato delicioso donde los haya, pero que tropieza con la dificultad del "punto", es decir, de no pasarse al freírlas, para que la piel no se encalle. Cuanto peores son, con más facilidad se encallan; es como todo en esta vida: el departamento de Filología de la UAM está encallado.

Yo aconsejo freír cebolla fina o juliana –la morada, más suave, ya se sabe; la tradicional, más fuerte– en medio dedo de aceite de oliva (¡ojo, no echar más, el aceite no se consume y luego quedan grasientas!), a fuego lento, hasta que comience a dorarse, y en esos momentos añadir las habas, revolviendo para que se mojen y mezclen bien, manteniendo una temperatura no muy alta durante no más de cinco minutos: si las habas son tiernas, menos. Que no se ennegrezcan en la sartén; ese color lo tomarán luego. A partir de los tres minutos, se rompe y echa un huevo encima (hay quien lo fríe y sobre él echa las habas, depende de si se quiere el huevo espectacularmente frito con puntilla, al plato, etc,), que se deja un par de minutos, para que la clara se ponga dura y la yema quede blanda. Y se sala entonces.
El huevo que yo he escalfado en las habas se ha roto al abrirlo. Puede pasar; pero no queda mal.
Las habas, los guisantes y los departamentos de filología de la UAM tienen muchos problemas.


sábado, 2 de abril de 2011

Se me llena el barrio de vecinos famosos

Baroja y en la "casa de Baroja"
Margarita de Jesús
Ya existían vecinos famosos antes, aunque eran pocos y cada uno había dejado una huella distinta. En mi barrio, siempre estuvo Agustín de Foxá en la esquina de la calle Ibiza con la de Menéndez Pelayo, privilegio del que disfrutó Gabriela Mistral un poco más allá, mirando al parque, durante una de sus breves estancias en Madrid. 

Moratín, en la C/ Leganitos
Y todavía algo más hacia el nudo comercial en el que se cruzan Goya y Alcalá se recuerda con placa rota a García Lorca, en una de sus últimas casas de Madrid, aunque el color de la la placa que no resalta en la fachada y pasa casi desapercibida; en fin, siempre compuso Miguel Hernández las nanas de la cebolla en la callle Conde Peñalver –antes Torrijos–, hacia su cruce con Juan Bravo.... 


Las viejas placas lo dicen todavía, y lo dicen bien. Las hay de todos los siglos, autores y circunstancias. La de la plaza del Humilladero recuerda que allí estuvo la Puerta de Moros (bueno, por allí). La del Instituto San Isidro, que era el Colegio Imperial (hacia 1628 se empezó), que al lado de la Puerta de Alcalá estaba la vieja plaza de toros, etc.
El padre Victoria
Pero vuelvo hacia mi zona en donde se daba, además, la curiosa incidencia de que en la calle Ibiza –de donde ha partido este paseo sentimental–, en su cruce con Fernán González, ha estado desde siempre cantando Plácido Domingo en una placa enorme: la gloria de inmortalizarse 
Puerta de  moros
urbanamente en vida. A Plácido le han salido dos vecinos nuevos, en la misma casa Adriano del Valle, ya hace algunos años, y enfrente Dionisio Ridruejo, hace muy poco.

Eugenio D'Ors
Lo de recientemente alude a ese noble proceder de nuestro consistorio que, además de poner multas y rebañar las cuentas corrientes del vecindario con los tributos de las basuras, está llenando Madrid de placas unificadas y romboidales, a manera de lo que ya ocurría en otras grandes ciudades de pasado glorioso. Recuperar el pasado, ay, de todos modos es peligroso cuando con tanto primor se le ha destruido, de manera que la placa que tantas veces rememora, otras tantas es un aldabonazo a nuestras coinciencias, y así ocurre llamativamente con algunas, por ejemplo cuando se recuerda a Cabezón, a Margarita de Jesús, al padre Victoria o los agustinos recoletos.... entre otros muchos.

Concha Espina
El "Aquí estuvo" en una fachada de ladrillo de hace unos veinte años, cerca de un garaje y encima de una tienda de suministros eléctricos no puede ser un recordatorio de un monjita de los tiempos de Cervantes; y cuando del "aquí estuvo" de Saavedra Fajardo y los agustinos recoletos levantamos la vista al aire, el espacio y el quiosco del café del Espejo, no podemos imaginar lo que "estuvo" ni lo que fue de ello. Y menos mal, porque en el tránsito del reinado de Isabel II aquel estuvo fue un garaje de Mendizábal. Y no digamos lo que pasa con la aglomeración de placas que sufre la fachada del café de Oriente y alrededores, de la que solo la de Cubiles –el músico– es más reciente, las otras aluden a imposibles: San Gil, Las casas del Tesoro, etc.

Más suerte tuvo la residencia del padre Victoria, al que le ha correspondido un precioso edificio victoriano. Otras son sencillamente escorzos del ayuntamiento, sinécdoques urbanas, como las placas que recuerdan la vivienda de Quevedo o la de Cervantes. Están equivocadas las de Bolivar (en la parroquia de san José), probablemente la de Ercilla (en San Nicolás), etc. 

El Colegio Imperial (San Isidro)
¿Pondremos alguna vez en el suelo de la calle de Santiago una placa especial que diga: "Pasajero, estás pisando lo que hubiera podido quedar de Velázquez"? Y otra al lado de la calle Huertas que advierta, "Oh joven divertido y procaz, recuerda cuando tomes la última copa de madrugada que, pared con pared, en las trinitarias, Cervantes yace en sabe dios qué rincón y no le dejas dormir".

Bartok en la calle de la Paz
Últimamente se nos está llenando Madrid de músicos: preciosa la de Bocherini, en Mesón de Paredes; o la de Chapí en el centro, en casa tan alegre; y muy voluntariosa la que une el barrio de Lavapiés a Albeniz; más precisa la de Prokofief en el Monumental –por su estreno de uno de los conciertos de violín–; y olvidada la de Bela Bartok, en la calle de la Paz (¿leería Bartok a Galdós, escucharía a Chapí....?) Una bien reciente, en plena Malasaña, recuerda a Ramón Barce. Valle-Inclán anda por todos lados, como Galdós.

Bocherini en Lavapiés
Esto de las placas tiene su qué: ¿sabría Claudio Sánchez Albornoz –plaza de Celenque– que durante un tiempo podía encontrarse a la vuelta de la esquina con Baroja? Aunque Baroja terminó viviendo cerca del Retiro, en el barrio de los Jerónimos. ¿Se encontraría Baroja con Concha Espina, al ladito? En algunos casos hay doble placa, la vieja y la nueva, como la que hay que descubrir entre andamios y turistas para recordar dónde estuvo La fontana de oro y, por tanto, en qué lugares se inspiró Galdós par escribir la novela. Muy escondida –y algo incierta– la que recuerda el lugar donde pudo haber estudiado Cervantes en la calle Estudios.

Cervantes, en la C/ Estudios
Y ya, puestos, que es una aventura de la imaginación que a mí me gusta desarrollar hasta sus  últimas consecuencias, ¿esa vecina de ojos oscuros  que pasea al perro al atarceder, a veces noche, sabremos los dos, cuando cruzamos los ojos, los míos con lujuria los suyos con temor, que ella lleva una placa en potencia y yo en insistencia, que rezarán leyendas de nuestros encuentros ocasionales en el bulevar?
De lo que no tengo ninguna duda es de que se pelearán en mi departamento de Filología de la Universidad Autónoma de Madrid por ponerme una placa y recordatorio en el despacho que he ocupado durante décadas, será –siempre se puede soñar– a propuesta inequívoca de Florencio Sevilla, inmediatamente "apoyada" por Mariano de la Campa, en votación secreta que arrojará el siguiente resultado: trescientos ochenta y tres mil doscientos cuarenta votos a favor, uno en blanco, y dos en contra; el uno de ellos intentará una enmienda al acta explicando el sentido de su voto, enmienda que el director actual, Antonio Rey, pasará inmediatamente a votación a mano alzada, y será derrotada por por trescientos ochenta y tres mil doscientos treinta y nueve votos –uno se fue a hacer pis– en contra, con lo que nunca habrá ocurrido oficialmente aquello que uno dice.
Inaugurará la placa, con cortina y flores, Ángel Gabilondo. Y para escribir su leyenda se pelearán las mejores plumas. 
La eternidad me espera.

jueves, 17 de febrero de 2011

Nuevo soneto moral para tiempos de corrupción

A mis queridos compañeros de departamento: Teodosio Fernández, Inés Fernández Ordóñez, Jesús Gómez, Josefa Martín, Florencio Sevilla, Carmen Valcárcel....


Al mismo tiempo no lloramos todos,
tenemos nuestras veces, nuestras penas,
conducimos las lágrimas saladas
por distintas mejillas y maneras;

y vamos recogiendo en los rincones
nuestro modo de ser con las tristezas
y esperamos lograr algún alivio,
del que lleva la vida más serena.

Necesario es no ser intransigente
y ayudar al que llora y al que pena,
porque en cualquier rincón de vuestra vida
habrá también dolor y habrá tristeza.

Al mismo tiempo no lloramos todos.
Pero el dolor a todos nos espera.


viernes, 11 de febrero de 2011

HOMENAJE A LOLA NOGUERA Y A ROSARIO GONZÁLEZ

Hoy quiero expresar públicamente mi homenaje, como universitario, profesor y colega a dos compañeras de mi departamento, el de Filología Española de la UAM, de donde soy catedrático desde hace treinta y dos años, y del que he sido director, primeramente y a mi llegada, por estatutos, luego por votación de mis colegas, y desde el que he visto formarse a la mayoría de los que hoy lo integran (Eduardo Becerra, Inés Fernández Ordóñez, Florencio Sevilla, Olga Fernández, Óscar Barrero....) en muchos casos como alumnos míos (Elena de Miguel,  Dolores Noguera, Carmen Valcárcel, Ana Serradilla.... ) que pasaron o se integraron ocasionalmente en mis grupos de investigación (Carmen Valcárcel, Mariano de la Campa...), en mis seminarios (Jesús Gómez, Florencio Sevilla...) o en otras muchas actividades que tuve ocasión de promover, organizar, publicar, etc. Algún nombre se me olvidará.

De Rosario González, a quien conocí mejor a raíz de unas oposiciones de lengua en las que concurrió con Azucena Penas, Azucena Palacios, Javier García, Bienvenido Palomo y otros, destacaré su honestidad y tenacidad en el trabajo, la seriedad con la que desarrolla sus tareas y su compromiso docente a todos los niveles. Mi competencia mayor en el área de Literatura me inhibe de extenderme más en elogio de tareas y conocimiento que muchas veces he visto reconocidos por colegas de su campo.

Conozco la capacidad profesional de Dolores Noguera, que también fue alumna mía, y a quien recomendé al profesor (y “principal”) del antiguo y prestigioso Westfield College de Londres –en donde yo fui “visiting”–, John Varey, cuando me solicitó docente con capacidad de trabajo, sólida formación y experiencias en la investigación. Dos o tres años más tarde, el profesor J. Varey, que dirigió su tesis doctoral, me dio las gracias por haber permitido que trabajara con ella “la mejor paleógrafa” española, juicio que comparto. Su reconocimiento consta en los volúmenes que J. Varey publicó en Tamesis Books, sobre las fuentes del teatro español, así como su integración en programas de investigación tan prestigiosos como el de Teresa Ferrer en la Universidad de Valencia. Y de esa misma manera ha seguido su trayectoria de investigadora y docente; este mismo curso ha sido la profesora del máster o Título propio de la UAM (en colaboración con la Biblioteca Nacional de España) en las tareas de archivos y paleografía. Pero también he tenido el honor de compartir con ella mis cursos de doctorado (creo que ahora se llaman “máster”), en donde, como es usual, los alumnos me han manifestado su capacidad docente, su entusiasmo y su competencia, coletilla con las que podría referirme a otras muchas tareas de su carrera docente, y coletilla que no va vacía de contenido, porque depende del juicio libre de los que están en las aulas.

De manera que va para ellas no mi simpatía, que no sirve para demasiado, sino mi declaración pública –que manifestaré ahora y en adelante en público cuantas veces haga falta, particularmente ante mis viejos y nuevos alumnos, mis restantes colegas, las autoridades y cargos de la UAM, sus  numerosos decanos, sus letrados y demás individuos que por allí merodean– declaración de que para mí es un honor compartir con vosotras esta larga tarea en la universidad que nos ha tocado en suerte, en la que queda y quedará todavía una veta fresca y limpia, la de los alumnos, que podrán seguir aprovechando vuestra vocación. Y que todo esto se puede seguir haciendo, contra viento y marea, a pesar de.

Charo González, en primer término, y Lola Noguera, al fondo, en un acto reciente


domingo, 9 de enero de 2011

Viejas glorias, batallitas.... Edad de Oro en sus inicios




NO he querido que se pierdan conmigo algunas de las fotos que he desenterrado de EDAD DE ORO y que pertenecen a uno u otro seminario; muestras gráficas en esas fotos (de arriba a abajo), de Antonio Armisén (presidiendo la mesa) que habla con Dolores Noguera, frente a Carmen Valcárcel (con el codo en la mesa) frente a Florencio Sevilla (con corbata), frente a Angelina Costa (hoy catedrática en la Universidad de Córdoba), en mesa que rematan Antonio Rey y Ángel Gómez Moreno. 

En la segunda, preside la mesa Carmen Gallardo, que está a mi lado (fumaba en pipa), rodeado por Martín Muelas, frente a Antonio Rey. Joaquín González Cuenca (en el centro) habla con Teodosio Fernández (enfrente) y remataban la mesa Angelina Costa y Carmen Valcárcel.
Y en la tercera de esta primera serie, estoy hablando (de espaldas) con Harry Sieber (de la John Hopkins) y Elias Rivers (de Stony Brooks); al fondo, varios de mis fieles, queridos y recordados colaboradores.

La primera foto de la segunda serie lleva en primer plano a Mario Hernández, que tiene al lado a Ana Cruz (Universidad de Chicago, entonces) y a Pierre Civil (Sorbona).
Debajo, Rafael Alberti habla a Mario Hernández ante el grupo de alumnos organizadores.
Finalmente, en la tercera, la mesa que preside Carmen Gallardo, flanqueada por una excelente alumna –no doy los nombres de los alumnos, porque no sé si lo desean–, al lado de Antonio Rey y de A. Costa, que están frente  a Lina Rodríguez Cacho y Ángel Gómez.

En la tercera serie, que solo incluye dos, yo mismo voy hablando con James O. Crosby (Florida University), detrás se ve, caminando, a Mercedes Sánchez; los tres estamos en la Universidad de Navarra. Debajo, un recital poético, también con motivo de EDAD DE ORO, en el salón de actos del Círculo de Bellas Artes, con Mario Hernández (que enciende un cigarrillo), Luis Alberto de Cuenca, y Carlos Piera.

La galería sigue con una foto en Córdoba (también de congreso de Edad de Oro) en la que yo mismo estoy con dos prestigiosos profesores americanos, A. Trueblood y J. Crosby. En la de al lado, Pedro Rojo, que ya trabajaba en el Seminario, explica cómo era un libro antiguo a alumnos del Seminario.



Se sientan a la mesa en la de abajo Ángel Gómez y Trevor Dadson. Siguen, ahora a pie, Harry Sieber y MIguel Marañón. En tanto que Lía Schwatz es la figura que mejor se ve en la siguiente, delante de Delia Gavela (de rojo).



Las dos finales nos enseñan, la última, el acto de clausura con la charla de  Rafael Alberti, en mesa en la que se sentaban Paloma (alumna organizadora), Domingo Ynduráin, Teodosio Fernández, yo mismo, y Mario Hernández. La de arriba, en la cena tradicional de Cuenca, que cerraba el seminario, muestra a Alan Deyermond hablando, le escuchan Agustín Redondo, Agustín de la Granja y Teodosio Fernández.

Y así se termina este camino, concesión al chismorreo y, para el que quiera, la nostalgia. Yo me quedo con un lema que abre la página, que he leído y me he traído hoy del Museo de Arte de Móstoles:

NO ES EL PASADO SINO EL FUTURO LO QUE DETERMINA EL PRESENTE