Me parece penosa esa manera
de conseguir las briznas, los despojos
de la pasión, penoso que deambules
por los rincones donde tú te piensas
que quizá puedas encontrar ahora
lo que resulta –vaya– que te falta;
y el equilibrio entonces, las serenas,
clarividentes reflexiones hechas
con la profundidad que se merece
sobre modos y gestos de existencia,
sometida al maduro raciocinio
del espíritu, a sus nobles deleites,
que todo entre en zona de disturbios
y en monigote te conviertan, mierda.