Noviembre vino noviembre,
podridas las hojas secas
que en el paseo de plátanos
confunden todas las sendas.
Callada miraba y dulce
–el dulzor de la tristeza–
todo el otoño en sus ojos,
gris el cielo y gris la tierra;
madrugan las noches pronto,
la tarde se va sin fuerzas,
y allí estamos los dos
junto al roble de las penas,
ella miraba el paisaje
y yo le miraba a ella,
con tanto otoño rondando
pensando lejos se queda
y al ver que ya no volvía
solo sentí su belleza;
de qué, por qué, cómo, cuándo...
no lo sé, quizá pudiera
como la miel y la flor
de un hilo de luz apenas
con la magia de los versos
labrar perfumes y esencias,
zumo de melancolía
que con la luz transparenta,
cristal que filtra el otoño
y solo en sus ojos queda.