Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

Mostrando entradas con la etiqueta UAM. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta UAM. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de mayo de 2014

Un Lope para aprender

Mis alumnos de grado de la UAM –la clase que comparto con la profesora Dolores Noguera– me acaban de enviar el cartel anunciador del examen, que consiste en una representación del Perro del Hortelano, de Lope, con loa, jácara y el entremés del Juez de los divorcios cervantino. Para todo el que allí quiera acudir, que será bienvenido.


miércoles, 10 de abril de 2013

Teatro, teatro.... con Tirso al fondo

Campus (invernal) de la UAM
Resulta muy llamativo la cantidad de seminarios, reuniones, etc. sobre todo de carácter académico que se celebran y anuncian sobre el teatro, particularmente sobre el teatro clásico español, es decir el que cruza los siglos XVI-XVII (1580-1680), cuyo interés se acentúa con esa imposibilidad para encontrar entradas, por ejemplo en los de la corte, en los más recientes al menos. 

clase de prácticas de teatro en la UAM
Reproduzco parte de una lista que se nos ha enviado desde la AISO (Asociación Internacional del Siglo de Oro), para que el interesado viaje por todo el mundo y vea y disfrute y discuta sobre la obra dramática de Lope, Tirso, Calderón y tantos otros.

En las clases de la UAM (Universidad Autónoma de Madrid), con los alumnos que cursan una asignatura con ese contenido, aprovechamos las horas de prácticas –dos a la semana– para entrar en el Peribáñez de Lope y en La dama Duende, de Calderón; y lo están haciendo muy bien. Sigue teniendo el teatro –el buen teatro– atractivo.

Sigue la lista de actividades teatrales a la que me refería:


Por mi parte, ando embarcado en unos cuantos textos nuevos –muy oportuna la edición de los entremeses de 1643, de la que daré cuenta mayor–, algunos de los cuales estoy reseñando, otros estoy simplemente leyendo, a todos ellos se suma los teatrales que aparecen o están a punto de aparecer en la colección de libros electrónicos clasicoshispanicos.com, que se puede ver en http://www.clasicoshispanicos.com
y de la que ofrezco algunas portadas nuevas, resultado del trabajo de dos filólogos-bibliógrafos-informáticos excepcionales –José Calvo y Carlos Fernández–:






De entre esas lecturas siempre he echado de menos ediciones correctas de Tirso de Molina, quizá el más descuidado de nuestros dramáticos de primera fila y uno de los peor editados, prácticamente ilegible las más de sus comedias. Y con el problema de la autoría en las más afamadas, como sigue pareciendo en la que ha publicado hace poco (2007) Alfredo Rodríguez López Vázquez, de El Burlador de Sevilla. En nuestra colección de clasicoshispanicos esperamos la edición de Alfonso D'Agostino, el profesor milanés.

 


De Tirso acaban de aparecer dos nuevas ediciones, las que llevan ilustración: reseñaré en otro lugar, detenidamente la de El vergonzoso en Palacio, una vergonzosa muestra más de cómo se hacen mal las cosas y cómo la RAE  aleja a Tirso del público a cambio de un fárrago de notas y una exhibición de dinero.

viernes, 15 de marzo de 2013

gabilondo en los pasillos de la uam


andaba gabilondo      con sus dudas
sobre cómo ganarse    a los decanos
que ocupan     el vacío de su nube
y arrastran     la vil rima     del marrano

resuelto     lo del pelo de la calva
se entrega    sin dudar   a los arcanos
y decora aspavientos    de ministro
y se envuelve    en fatigas    de la mano

volverás     a la voz más metafísica
a rumbos de foucault      los más insanos
tejerán tu moral      más impoluta
esfuerzos     de ascensión     hacia los vanos

en altar te coloco de       políticos
donde     inútiles      yacen     y lejanos


domingo, 10 de marzo de 2013

Luis Vives se quedó de piedra


Ha llovido toda la noche, pero por la mañana el aire frío de marzo se llevó los nubarrones más oscuros y jugo a dejar el cielo entre blanco y azul, algo frío, pero también algo primaveral, y eso nos ayudó a dar la clase prometida en las escaleras de la Biblioteca Nacional de España, a media mañana, con una concurrida representación de alumnos, que prestaron su entusiasmo y buen hacer para que la clase fuera, como es normal, francamente bien. 


Leímos el manifiesto, organizamos el lugar y pasamos una hora y media con nuestro guión –poesía, teatro, rap, discusión y preguntas–, más o menos como suelen ocurrir las cosas en el aula de la UAM, aunque vigilados de cerca por el servicio de seguridad de la BNE –que no dejó entrar a la televisión, que nos grabó desde la verja– y con la curiosidad de algunos espectadores más. Cuatrocientos clases, nos dijeron, se estaban dando o se iban a dar a lo largo del día en varios lugares de Madrid.

No nos hacemos muchas ilusiones sobre la incidencia de una acción como esta en la realidad socio-política del país, sobre todo en el campo de la enseñanza y de la universidad; pero quienes allí estuvieron y contribuyeron con su participación activa o con su presencia a cumplir con lo de "la universidad en la calle", en defensa de la universidad pública, hicieron lo que en estos momentos pensaban que había que hacer y, probablemente, lo que estaba al alcance de su mano. 



Luego, el detalle de la clase: entre lúdico, festivo, filológico y teatral.... Con las carencias de un sonido acribillado por la circulación del paseo de Recoletos, las incomodidades del suelo mojado, a veces las ráfagas de aire frío, etc. todo suplido por el trabajo de quienes más y mejor se comprometieron: Ariadna, Spela, Pilar, Munir, Julio, Mariana, Andrea, Bea... todos, en definitiva, los que allí estaban representando modestamente cómo el Comendador de Ocaña (Luis, Javier) muere por la espada de Peribáñez (Sergio, Tomás) para lavar la deshonra de Casilda (Eva, Raquel). Versos de Lope en una mañana limpia y fría del marzo madrileño. Luis Vives y otros sesudos varones se quedaron de piedra viéndonos llegar a la biblioteca y ocupar sus escaleras durante un par de horas.


miércoles, 6 de marzo de 2013

Abadas en la universidad

La defensa de la universidad pública no significa la defensa de la universidad pública en todos sus términos ni tal y como funciona ahora, desde luego. El desmantelamiento de la universidad pública que se está produciendo mucho tiene que ver con los ámbitos de corrupción que admite y aun genera, con el sistema de gregarismo y mafias, con la falta de control sobre los sistemas de selección y trabajo, etc. Demasiadas cosas, muchas veces parcialmente asumidas por propia conveniencia o decretadas y mantenidas con esas soterradas amenazas que ocurren en consejos, departamentos y demás tugurios: "¿Lo votamos?", te espetan de vez en cuando –a mí en la última reunión, por ejemplo–, cuando lo que depende de ese voto es algo que seguramente compromete datos que no se pueden votar. Probablemente es en ámbitos universitarios donde más pertinazmente se haya degradado el término "democracia". En fin, Ya lo he publicado varias veces, en algunos casos en periódicos nacionales; no es caso de volver sobre ello, porque la autoprotección de las mafias universitarias esa sí que es excelsa, refinada, poderosa. A mí me recuerda la "abada" de Durero, cuya espléndida exposición se encuentra en el Museo de la Biblioteca Nacional.

La Universidad Autónoma de Madrid (Grabado de Durero en 1515)
Ejemplo. A mí me hubiera gustado explicar "Poesía española de los siglos XVI-XVII" en el nivel superior o máster, donde ya explico "Metodología de la investigación", pero en el reparto de asignaturas, me advierten, no puedo elegir más de una asignatura del máster, que pasa a ser completado con otros profesores –por más que ese nivel de docencia no acarree beneficio alguno de ningún tipo, ni docente ni económico–. Dejo. Eligen enseñar esa asignatura dos antiguos alumnos que no son especialistas en esa materia. A lo mejor manejan algunos de mis textos, por ejemplo la antología de la poesía (está en Austral) o la de la poesía de Quevedo.

Es curioso, en un hospital no creo que le pasen el turno al cardiólogo para que opere el oculista, y cosas así. Que cada asignatura se dé por un profesor distinto enriquece la perspectiva –dice Eduardo Becerra Grande, un profesor titular de hispanoamericana que interviene siempre que yo hablo, con amenaza de impugnación si se contraviene la norma–. No sé yo qué perspectiva va a enriquecer el estomatólogo operando de un trauma en el menisco. Son cosas que pasan en nuestra universidad –y por delante de la asepsia de decanos, vicerrectores y demás gente que ocupa los entresijos–, que perjudican profundamente la enseñanza y la investigación –es decir: a los alumnos– para defender derechos administrativos que no se basan en la competencia y el conocimiento. Pero nadie pondrá el cascabel a ese gato, porque entonces le amenazarán con "votación", en el seno de ese mismo departamento, consejo de facultad, etc. en donde todos los votos ya se sabe previamente lo que dirán, y en donde prebendas y privilegios juegan un papel esencial; y en donde además –es un ejemplo, el mío– ya no va ni  un solo alumno (de la alta proporción que teóricamente habrían de acudir) para señalar que los perjudicados son ellos. Hace tiempo que se dieron cuenta de que cuecen los mismos garbanzos político-administrativos que en otras esferas de este hermoso país en ruinas.

El curso que viene no podré leer a los alumnos del máster versos de Garcilaso. Vaya por dios.

Hans Baldung Grien realizó en 1545 este grabado premonitorio
de Pablo acudiendo a una reunión de departamento


miércoles, 13 de febrero de 2013

Leer, recitar, declamar (I)


No existe en el campo de la Filología –que yo sepa– una teoría bien organizada sobre la lectura, en voz alta, que de ahí vaya a lo que tradicionalmente se llama el “recitado” o, subido de retórica, el “declamado”. La definición de recitar es perfecta en el Diccionario....  de M. Seco, que añade con la entonación adecuada en el caso del declamado. Sin embargo el verbo se ha contagiado de alguna hipérbole dramática y quizá resulte poco adecuado para una lectura correcta y entonada.
Leer y recitar es lo que yo suelo hacer y pedir en las clases de poesía, sin que necesariamente se llegue a la declamación. Hace mucho que me di cuenta, primero, de la extraordinaria herramienta docente que ese ejercicio era –y no solo en escuelas infantiles y con adolescentes, ya lo veremos–; y luego, de como se había ido perdiendo extrañamente esa facultad, primero por la cómoda aceptación de la lectura moderna inteligente, reflexiva o interior, que anulaba la voz; luego por la invasión del campo por la TV, ordenadores, músicas, imágenes, etc. El deterioro alcanzaba y alcanza de modo particularmente llamativo a profesorado universitario, y consigue cotas insufribles cuando llega a decanos y otras gentes de vivir burocrático y administrativo. En fin, allá ellos. Realmente la universidad, se coja por donde se coja, no sale casi nunca de tugurio.

Y es así que cada vez y cuando que pido a mis alumnos que lean en voz alta, con naturalidad, he de acompañarlo de modos de persuasión, que intento que no sean razones de autoridad lejana, sino argumentaciones normales; aun así, he ido recogiendo por aquí y por allá fundamentos teóricos, que en cualquier momento pueden apuntalar lo que se podría considerar una lectura-recitado cabal, es decir: aquella que ajusta el recitado al contenido de lo voceado y que, incluso, acentúa otras valores latentes del texto elegido: su significado, su formato, su capacidad dramatica, etc. La travesía teórica, que no citaré en su detalle, precisamente para evitar el único argumento de la autoridad, pasa desde luego por ensayos de Jakobson –sobre todo por el concepto de “ejecución”–, se españoliza en unas precisas páginas de Amado Alonso (sobre todo de Materia y forma en poesía), en las que define cómo llega el lector al final de un verso y enlaza con el siguiente, y se remata –por citar lo más actual– en las sesudas consideraciones de Agustín García Calvo, cuando explica el trazado entre ritmo y prosodia, arte y gramática, en donde, y también al paso, resulta muy claro todo (véase, por ejemplo, de su extenso tratado final de rítmica, p. 258, & 507).

Para que resulte claro, de todos modos, es mejor razonar unas cuantas cosas que remitir a dogmas; porque sobre lo primero se puede discutir y con los dogmas hay que enfrentarse por las bravas.

Ya he dicho cuál es el principio fundamental del recitado, pero lo voy a enunciar ahora en segundo lugar, porque en primer lugar vamos a enunciar otro de sentido común, del modo siguiente:
1) El lector, recitador o declamador puede ejercer su tarea como le parezca, sobre todo si ejerce esa función para él mismo o en circunstancias en las que no busque la comunión con otros semejantes. Se tratará de una “ejecución” a lo que me dé la gana, que probablemente no podrá pedir ni exigir que otras la compartan.
2) El lector, recitador o declamador saldrá de su circuito personal o privado cuando al ejercer su función intente que el texto cobre significados, bellezas y valores que contiene en estado latente y que aparecen o se revelan, precisamente, al ser leídos o recitados. Oído atento, entonces. Habrá comunión.
3) Quienes comulgan y disfrutan con ese lector en muchos casos matizarían o ejercerían su lectura de modo distinto. Desde luego, el concepto de ejecución no remite a una sola partitura de ejecución obligada, sino a un arco o abanico de posibilidades muy amplio, sobremanera porque en los límites de esas ejecuciones aparecen recitados o ejecuciones de carácter artístico –por un lado– y otras extrañamente atenuadas, en las fronteras mismas de lo que sería una ejecución cero. 
Este principio se enreda con otro muy complicado, que proviene de sistemas distintos y que contamina constantemente la actividad intelectual en el campo de la Filología: no se deben buscar cuantificadores en un campo de continuos, a no ser que se quiera deformar por cuestiones prácticas, la realidad, de manera que son incorrectas todas estas preguntas: “¿Cuántas páginas exactamente debe ocupar mi trabajo sobre El Quijote?”; “Califique usted de 1 a 5 la lectura del romance sonámbulo de Lorca que hizo x”; “Defina usted exactamente el motivo esencial que configura a este personaje”, “Qué ejecución ya es mala frente a la contigua que es buena?”, etc., etc., etc. Cuestiones, a  millares, que yo suelo contestar, para desesperación de cuantificadores, con la fórmula culinaria más frecuente de la abuela: “Lo que admita”; y que adorno con una coleteilla o rejón de muerte que espanta a todos mis alumnos norteamericanos: “Pero voy a calificar también esa medida que usted aplique, si es o no la adecuada”. Volver a un campo conceptual no cuantificado lo que se ha querido definir en términos numéricos (es decir, mediante algo que no existe en la realidad, el número, ente abstracto e imposible) es un deber de quienes deambulan por esos campos cada vez que se sienten atacados por esa maniobra (índices de audiencia, números de alumnos por clase, reducción a guarismo de risas y lágrimas, etc.)

Dedico este post a mi antiguo colega José Dorronsorro, creo que de Ciencias de la Información, nombrado que fue como inspector cuando la UAM me abrió expediente y que, vestido de negro totalmente, desde el cuello a los calcetines, inició sus inspecciones sobre mis haceres y me preguntaba –con el inmenso cariño del juez que quiere ser piadoso– para cuantificar las malas artes que usaba con mis alumnos, a quienes no enseñaba –decían las acusaciones de quienes no fueron nunca mis alumnos– con el rigor y dedicación que la UAM requería. Al cabo, le regalé un libro de mis versos, ¿lo habrá leído? ¿Habrá conseguido cuantificar todo aquello?

Este post  ha de tener continuación inmediata con otro en el que se aborden directamente ya las pautas de una lectura y recitado, ejemplificadas en versos de Garcilaso y odas de fray Luis de León.


viernes, 1 de febrero de 2013

La contraseña y las notas

Para poner las notas de final de semestre en la "dificultad" de filosofía y letras de mi universidad he de acceder al sistema informático, lo cual comienza por encender el ordenador, que rápidamente me avisa de que he de introducir la contraseña de usuario y, una vez hecho, me advierte "su contraseña caduca en dos días, ¿quiere cambiarla?", le digo que "no" por puro espíritu de contradicción y me deja pasar a la pantalla inicial, en donde voy directamente al navegador, no sin antes haber añadido cuatro dígitos milagrosos para que me deje navegar por mis "favoritos". Entre los favoritos hay uno que se llama "sigma" y que corresponde a la "secretaría virtual" de la UAM, lugar protegido por un proceso complicado de contraseñas, al que consigo llegar penosamente, al tercer intento, porque la que venía de fábrica es algo tan raro como TOROG1357, que afortunadamente tenía apuntada en algún lugar de la mesa. Mas "sigma", ansiosa de sigilo, me pide una palabra de paso, ensayo las cinco o seis que están en uso, la última opera el milagro de abrir mis actas.... Trabajo durante un buen rato por el complicado sistema de SIGMA, actualizando, poniendo notas, grabando, traspasando..., palabrería de la máquina que conviene entender de modo estricto, pues "grabar" significa por ejemplo no que graba las notas que hayas ido poniendo en ese acta, sino tan solo la pantalla que tienes delante, sutilidad que les parece natural a los que inventaron la virtualidad. Aun así, alcanzo un cierto grado de satisfacción al responder con agilidad a los cuadros de diálogo intempestivo que me va abriendo (hay que añadir, si calificas de nueve hacia arriba, si es MH o no; no se puede dar más MH del 5%: no caben ajustes razonables, todo va por aritmética...) Lo logro, y en esos momentos me pregunta un montoncito de cosas, que, adivino, constituyen una nueva prueba, que si no supero dará al traste con todo lo hecho. Cuando creo que todo está en orden -calificaciones, blancos, MH, etc.– pido grabar, y dice que sí, pongo revisión –algún escollo, que salvo– y por fin "traspasar" al acta. Hete aquí que se abre un nuevo cuadro en rojo y me dice que para esa última operación necesito otra palabra secreta, ¡que no es ninguna de las cuatro anteriores! Desesperado pulso el botón de ayuda y se me abre un manual con su índice (¿de cuántas páginas?). Necesito estudiar un manual para encontrar aquel término, y no sé si se explicará algo de eso allí; pero si lo hago, SIGMA se cerrará porque lo he dejado sin usar, quieto, x tiempo, y esas "aplicaciones", "por seguridad" tienen caducidad. 
Encabronadillo, apago todo y me dirijo a la secretaría que no es virtual, es decir, a la amabilidad de Luisa Fernanda y Anunciación y les cuento mis cuitas, pero al referir lo que me pasa me preguntan el código de las asignaturas sobre las que estoy trajinando. ¿Un código? Sí, que cambia todos los años y que, como es natural, nada tiene que ver con el contenido o carácter de la asignatura, de manera que "Poesía de los siglos XVI-XVII" puede tener el código 32678-A. Yo soy profesor de cinco cosas semejantes, que debo escribir o memorizar, porque si no el sistema me va a torturar lo suyo. Luisa y Anunciación me recuerdan que puedo llamar al 3000, teléfono de incidencias de SIGMA. Voy a una libretita de últimos auxilios y compruebo que entre pins, tfnos. internos, móviles, códigos, tarjetas de bancos, carnes de bibliotecas, preferencias de Renfe o Iberia y demás, tengo unos 23 códigos de cuatro números. Cierro los ojos y me digo "el de 3000 para las notas", a ver si se guarda en el magín también. En el mientras tanto llamo y a la tercera llamada alguien servicial y simpático me dice que ese código que me pide SIGMA "es muy fácil", se trata de mi dni, eso sí, sin ningún cero antes y sin la letra final.... "Sin la letra final" repito, para poder recordar también eso, y ya obnubilado pregunto –por puro vicio – "¿Seguido y con minúsculas?". Gran silencio, perplejidad también del experto; antes de que me conteste me doy cuenta de que estoy en otra nube: –"Perdón, perdón....; que son guarismos". –"Que son ¿qué?...  –Nada, nada... gracias, 3000.
Bajo rápidamente a mi despacho. Soy zafio y descortés por la escalera, porque llevo prendidos en la memoria unos cuantos códigos y no puedo atender a los alumnos que me preguntan –¡qué cándidos¡– que cuándo salen las notas.
Entro en el despacho, me siento, la pantalla esta en "reposo".... toco tecla, ¡mierda! La aplicación se ha cerrado, cansada de esperarme. Menos mal que grabé todo. Subo a la secretaría, vuelvo a ser zafio e impertinente con los alumnos, que esperan pacientemente en la escalera a que salgan las notas. Durante unos veinte minutos subo, bajo, abro pantallas, inserto códigos, maldigo decanos, cruzo miradas de ira con el que se cruza en mi camino, pongo y quito códigos de una libretita en la que conservo varios centenares. Anunciación y Luis me ayudan, consuelan y alivian. Finalmente se traspasan las actas y le doy la referencia numérica a las secretarias que no son virtuales, sino gentes de  bien. Se ha ido toda la mañana, pero he llegado, faltaban 20 minutos para que el plazo cumpliera y SIGMA se cerrara, convocatoria del primer semestre.
Recojo mis bártulo, respiro, algún modo de felicidad me alivia, soy un profesor de literatura y a lo mejor puedo volver a leer con lágrimas en los ojos las liras de Garcilaso. Salgo del despacho mientras me pongo el abrigo y me encamino a la salida. El grupito de alumnos me rodea y me vuelve a preguntar. Con una sonrisa de suficiencia y de comprensión les contesto ahora: "Ya está, las notas ya están en SIGMA; las recibiréis, les digo, en vuestro correo electrónico". Caras extrañas y actitudes incomprensibles:
– Sí, ya las hemos recibido, pero no son las finales....
Me obceco, obnubilo, reconcomo.... Subo a grandes zancadas a la secretaría real y Anunciación, una vez hechas las operaciones de códigos, me enseña la pantalla.
– No se han grabado... Has grabado solo al final, al terminar, y se te han grabado los tres últimos alumnos que estaban en la última página, todos los demás se han quedado sin grabar.
Hay que volver a empezar.
Soy profesor de Literatura española de los siglos XVI y XVII y me gustan las personas, su modo de ser y hablar. Por cierto, es inútil buscar SIGMA en la página de la UAM, en donde aparece –entre otras "temáticas" indignas– todo esto:



miércoles, 10 de octubre de 2012

La investigación literaria. Programa de la asignatura de un máster



Mañana empezaré, como en los últimos años, a desarrollar una asignatura del master o doctorado (no soy muy fiel a los cambios de nombre de programas y demás) en la Universidad Autónoma de Madrid. A mi modo de entender es una tarea en la que debo enseñar y ayudar a los licenciados que se hayan matriculado o que acudan a ese tramo oficial, les debo enseñar caminos y modos de la investigación. Lo que sigue debajo es el programa que les voy a proponer –ningún programa queda totalmente fijado–, y que se acompañará de unas cuantas plantillas para el ensayo de trabajos (por ejemplo: la visita a un centro documental, y su valoración) y de unas cuantas propuestas para ejercicios: catalogar un impreso antiguo, escribir una reseña, elaborar una bibliografía, editar un poema, etc. En próximos días publicaré aquí part de ese material, para que esté disponible par unos y otros.
Y lo pongo entre un paréntesis de flores, porque me parece que el decano de mi facultad resulta excesivamente sombrío, el programa poco vivo y entre los matriculados he visto muchos extranjeros, para que no se lleven una idea demasiado inerte –materia muerta– de su actividad.

PROGRAMA del Máster
Asignatura Investigación

1.– Generalidades.  Qué es la literatura, qué es la crítica y qué es la investigación.
2.– Tiempo y espacio. Los lugares de la investigación: países, ciudades, pueblos, lugares… Centros de investigación según la historia. El patrimonio documental (según la lengua, el lugar, la religión, etc.)
3.– Los lugares de la documentación: bibliotecas, archivos, hemerotecas. Centros histn.﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽igaciologmas sociales, polvistas "óricos. Investigación en centros oficiales.
4– El patrimonio documental en España y en Madrid. El mapa de la investigación documental en Madrid.  El acceso a la documentación. Interntet. In situ:  catálogos, inventarios, ficheros, grandes repertorios. Procedimientos prácticos y reales. La actualización de los repertorios críticos.
5.– Revistas profesionales. El viejo repertorio de revistas. Revistas “en línea”. El análisis de una revista.
6.– Diccionarios. La valoración de los diccionarios.
7.– Reseñas. Elaboración de una reseña.
8.– Artículos. Elaboración de un artículo.
9.– Las tesis, esos extraños animalitos. El libro.
10.– Modos de producción: las editoriales. Los libros electrónicos. La distribución.
11.– El soporte oral. El soporte visual.
12.– El códice y el manuscrito. El autógrafo, el apógrafo y las copias. La cultura del manuscrito. Cómo se cataloga y cómo se lee un manuscrito. La transcripción paleográfica.
13.– El impreso y sus variedades. El pliego suelto, el folleto, el libro.
14.– El trabajo escrito y un excurso sobre la inutilidad de los exámenes. Presentación. Ortografía.
15.– La exposición oral.
16.– El libro clásico en España. Su estructura. Catalogar e interpretar aspectos legales y formales del libro.
17.– Sobre los géneros literarios. La investigación en el teatro (la actuación); en los géneros fronterizos (sermones, historia, periodismo….); en poesía.
18.– Métrica. La realización oral y sus problemas (el recitado).
19.– La edición de textos. Transcripciones. Tipos de edición. Criterios de modernización.
20.– Ecdótica.
21.– Corrección de pruebas.
22.– Bibliografía, modos de cita. Elaboración de una bibliografía. La bibliografía mixta.
23.– Plantilla para calibrar un centro documental.
24.– Sobre el lenguaje artístico. Lenguaje artístico en narración (y estructura de la novela); en poesía y en otros subgéneros.  La Retórica.
25.– Teoría de la invesigación. La inserción de las tareas de la investigación en nuestros sistemas sociales, políticos, etc. Ideología e investigación.