Toda la vida para ser normal
la lenta educación de los instintos
el impasible ritmo de la luz
y cada día y otra vez y el tiempo
hasta aprender los gestos más usados
saberse detener en las esquinas
esconder entre nombres la ignorancia
y recoger el agua entre los dedos
todo nos será extraño el último día
cuando de hablar hayamos terminado
agotados de no comprender nada
perfectamente ciegos y cumplidos
nos dejarán allí donde la tierra
no nos sepa decir ningún secreto