Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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jueves, 7 de noviembre de 2013

homenajes a Luis de Góngora


Me pide un prestigioso conocedor de la poesía del Barroco permiso para publicar en un florilegio de versos en honor de Luis de Góngora un soneto titulado Soledades, de China destruida...., y así se lo envío –aunque contiene una trampa menor; pero al mismo tiempo recorro parte de la poesía anterior publicada y encuentro multitud de versos escritos al arrimo, recuerdo y veneración del poeta cordobés: elegí otros dos más para el tríptico; pero la verdad es que hubiera podido añadir un puñado más, como el cuarto que incluyo también aquí, que proceden más del ductus poético de Góngora que de la paráfrasis temática o las variaciones sobre sus versos.

1


2


3

Soledades

Si pudiera escuchar contigo algunas
arias de Haendel, me daría igual
que ya no me volvieras a mirar
por el arcaduz bello de una mano;

el designio, la fábrica y el modo
del cabello en estambre azul cogido,
haciéndoles atalaya del ocaso,
hasta dónde se besan los extremos;

tejió en sus ramas inconstantes nidos
cuando más escurecen las espumas
y mientras dulce aquel su muerte anuncia
no hay silencio a que pronto no responda.

Campo amanezca esteril de ceniza.
La razón falta donde sobran años.



Los otros dos casos son diferentes, al primero, que se encuentra en una entrada referida a los clásicos en este blog, se refiera la coletilla del párrafo anterior
El segundo termina un paseo por el Retiro hacia la Puerta de Alcalá, en donde se esconde un discreto monumento a Góngora.

 4
Y estas ahora que el primer invierno
de cuantas esparcidas en el barro
hojas de luz de forma y de colores
con el tiempo ca
ídas se olvidaron;

y estas que desprendidas con el viento
las ramas del Retiro desnudaron
flores, cuantas trenzadas dispusieron
el iris que llegó con el verano;

y esta que tanto si se queja y dice
por copas de los árboles cegados
costumbre con que pasa los otoños
costumbre con que el tiempo se ha pasado,

este que con la vida a cuestas sigue
tiempo mientras y cuando terminado. 

y 5 
Vestidos de abanicos de colores,
gincos y arces casi deshojados;
el árbol del amor aun resiste,
dejaron de ser fronda los castaños;

con fondo de palmeras y de pitas
un frágil liquidámbar desmayado
va dejando distintos amarillos
para tejer alfombras en el prado;

hacia el paseo donde están los tilos
montan guardia esqueletos de avellanos,
olmos que se han traído los inviernos,
y acacias otoñales en los bancos.

Se esconde Góngora en los parasoles;
los tilos arriba están, verdes y alzados.



sábado, 3 de noviembre de 2012

Los versos de los clásicos

Estoy leyendo a los clásicos –volveré a dar clases con sus versos en breve– y también a los exégetas gongorinos (Nadine Ly, A. Carreira, Laura Dolfi, Mercedes Blanco, Amelia de Paz....), perspicaces, entusiastas, muy suyos, que tanto ayudan a mejor comprender, primero, y a tanto disfrutar, después. Admirables colegas, a quienes respeto profundamente, claro.
Es inevitable en ese contexto que a uno le llegue la gracia de los clásicos, que en modo alguno quiero ni reponer ni imitar, dios me libre, tan encumbrados, lejanos y vivos al mismo tiempo; y la gracia está muchas veces en algo que no se encuentra exactamente entre los haceres poéticos de hoy, tal la maleabilidad de la lengua, el ritmo del verso aliado al vuelo del verbo, el hallazgo de la rima al final de una cadencia, cuando nadie lo esperaba, ¡cuántas cosas en los clásicos! 



A veces me pregunto si también miro "mi" parque como ellos su jardín, si alcanzo a sentir mi contagio amoroso como ellos su pasión, si hablo del tiempo con su modo de sentirlo, y así sucesivamente. Cada uno tenía su manera. Quevedo era incapaz de ver todo lo que le rodeaba si no era a través de las palabras; y todo lo que sabía, entendía y creía parece conseguirlo a través de la lengua: a veces a través de los modismos y coloquialismos, a veces a través de los versos. Góngora era quien mejor veía, entendía, pensaba a través de la poesía. En algún momento llega uno a darse cuenta de que el mundo ideológico de Quevedo es el universo de la lengua, y que el mundo ideológico de Góngora es el de la poesía. No es que estuvieran ciegos para el arte, la naturaleza, la política, la sociedad, el universo, la religión, el tiempo.... es que eso les llegaba y lo trasmitían a través del lenguaje o de la poesía.

Vamos a un interludio ajardinado.




Y estas ahora que el primer invierno
de cuantas esparcidas en el barro
hojas de luz de forma y de colores
con el tiempo caídas se olvidaron;

y estas que desprendidas con el viento
las ramas del Retiro desnudaron
flores, cuantas trenzadas dispusieron
el iris que llegó con el verano;

y esta que tanto si se queja y dice
por copas de los árboles cegados
costumbre con que pasa los otoños
costumbre con que el tiempo se ha pasado,

este que con la vida a cuestas sigue
tiempo mientras y cuando terminado.