Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 14 de febrero de 2017

El MACBA


El MACBA  es un espacio donde estar, ante todo. Los visitantes terminan por tumbarse en los sillones y taburetes del primer piso mientras piensan y asimilan lo que acaban de ver, que son, por lo general otros espacios dentro de este remanso blanco de rampas y superficies lisas, en cuyas salas sin puertas se esconden con la mayor generosidad del mundo, objetos, documentos, fotos.... todo tiene que ver con ese desbordamiento del arte actual, que fagocita todo, en el momba para intentar que el arte no huya a una contemplación sin historia, es decir, a lo que muchas veces ha sido. Ese inmenso tirón hacia la gente, la sociedad y la historia que devuelve al arte a un lugar mas cercano.... aunque el paseante experimente un desconcierto total, porque la vuelta no es "real", conserva un aspecto del viejo arte: la libertad y la imaginación.



He recorrido pacientemente -porque lo expuesto puede herir, irritar o desengañar- las exposiciones temporales. La gelatina dura. Històries escamotejades dels 80. La de Miralda madeinusa. Y me he asomado a varias salas más de la colección Macba. Por cercanía y conocimiento ha sido la primera, una muestra sobre todo documental de lo que pasó a partir de los 80 (1980-2000), lo que más me ha interesado, como si un nuevo recorrido se tratara de todo el proceso histórico a partir de la muerte de Franco (1976). 


 Y luego me he tirado en uno de los sillones, para escribir esta nota, mientras leía el mural: "algunos objetos de deseo + algunos objetos necesarios + algunos objetos sin interés- aquellas cosas que se nos escapan % una fuerza mayor = algunas cosas".





miércoles, 2 de diciembre de 2015

Blanco y negro, sin fronteras


Entrar y recorrer el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona es una experiencia muy especial, que proviene quizá más de la arquitectura y ubicación del edificio que de su contenido, al fin y al cabo cambiante en buena medida. Como muchas salas y espacios del Reina Sofía de Madrid, el blanco ocupa todo: paredes, pasillos, escaleras o rampas, etc. Todo. 


Una vez que uno se ha acoplado a manchar aquel espacio o  a ver como lo manchan los pocos visitantes, se puede empezar a pensar en los contrastes con lo que allí se expone. Sin embargo, el viajero optó por la invitación implícita: hacer otra cosa, ver otra cosa, mirar otras cosa.... El viajero vio por allí una figura en negro que coincidió –más o menos– con mis tres horas deambulando por el museo: era una figura femenina, llevaba una cámara de fotos enorme de fotos, también negra. Nos cruzábamos en las salas, los pasillos, las fotos.... Pronto dejó de molestarme que cayera dentro de mi toma; me resultaba natural su aparición menor y oscura en mi visión y en mis fotos. De manera que pasó a ser el motivo esencial del Museo. 

Yo no sé si fue aquel contraste de color el que encendió el hechizo de una situación extraña, o si lo propició el museo, que cumple sobradamente en extraer al espectador de esa pose tradicional de "yo veo y tú expones", "esto es arte", "admira", "aquí hay belleza" , etc. 


Por si fuera poco, delante del edificio, la salida de un colegio, con todos los niños jugando y la explanada de la entrada convertida en pista de patinaje. Una situación casi perfecta, lograda al azar, pero uno de cuyos elementos es el Museo y, en parte, su contenido.









Claro está que no solo se ha producido la ruptura del carácter espectacular –coqueteando con el canon de alguna belleza– de ese esquema a partir de las salas y los objetos que se muestran como "expuestos", también se ha buscado transgredir aquel esquema: sonidos, cine, proyecciones, situaciones en las que el espectador ha de intervenir, incluso olores, juegos táctiles, etc. hasta llegar a la pared ocupada por las nóminas que un profesor (Francesc Abad) ha cobrado durante cuarenta años; la narración con fotos y conversaciones de un proceso de desahucio; la acumulación de mensajes de gente encarcelada, el cine de las marionetas egipcias.... Está claro que el camino ha desbordado todas las fronteras y que el espectador –que deja de serlo tantas veces– ha pasado a integrarse en el Museo. Por eso anda mi silueta formando parte de una de las salas, por cierto, de esta:


He ido recogiendo, cuidadosamente, todas las hojas explicativas en cada espacio; pero voy a renunciar a nombres e interpretaciones, para resolver esta entrada en un ejercicio nuevo, de una sola experiencia que duró tres horas, al margen de los espacios de Perec o del premio veneciano de Tapies, o del rincón de Brosa....
He aquí la película en ocho tomas: