Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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sábado, 19 de marzo de 2011

Hacia una edición de las poesías completas de Quevedo (1): "Los apetitos relinchan"

Aunque parezca mentira, ya hace casi medio siglo (1963) que José Manuel Blecua se impuso la tarea de recopilar toda la poesía de Quevedo, y lo hizo con la competencia y el magisterio que se le reconocía entonces y probablemente de la única manera que se podía acometer tamaña empresa. De entonces acá ha habido muchas antologías –entre ellas una mía, en la conocida colección Austral–, pero nadie ha intentado ofrecer toda la poesía de Quevedo. Y no es que sea yo partidario de "completas", más bien lo contrario; pero creo que desde el punto de vista histórico, en el caso de los grandes autores, hace falta establecer adecuadamente el mapa de todo, para luego hacerles el favor de seleccionar. A la primera tarea he venido dedicando mucho tiempo y es la que voy a dar de conocer en breve, aunque no sé ya si a "publicar" en el sentido tradicional del término, 'imprimir en libro', o publicar en el sentido de dar a conocer, por ejemplo a través de internet, lo que quizá sea mejor.
Por el momento va una muestra, dedicada a algunos de mis alumnos de la UAM, que han abierto una curiosa página http://versosprocaces.blogspot.com/  en donde figuraba un retrato quevediano como imagen.
La muestra recupera la princeps (1648, ejemplar de la BNE), otros testimonios cuando los haya, una anotación previa sencilla y otra puntual. En la edición definitiva se suministra, además, toda la bibliografía sobre el poema.
La edición es "modernizada", esto es, incluye cambios gráficos que no afectan al estadio fonológico del texto original, además de añadir puntuación, tildes y mayúsculas; así como un espaciado moderno. Poca cosa.

Tiépolo, Júpiter y Danae


             B   691

   Sepan cuantos, sepan cuantas
oyesen aquestas voces,
buscones que arruyan trongas,     ['mujer frívola y hermosa']
trongas que arrullan buscones,
   que solamente Elvirilla, 
a quien adora el virote           ['el dios amor, por las flechas']
tiene el ponleví con vida
y con alma los talones.
   ¿Qué importa tener el rostro
de las pechugas del norte              ['blanco, a la moda']
si le llevan por la calle
mal ahorcado de Escariote?       ['castigado a la vergüenza']
   Gesto tiene de lo caro
la Godeña de Villodres,
mas anda como quien lleva
humedad en los calzones.
   Los cuartos de las Osorios
eran los de las Quincoces,
que se andaban cayendo
a lo títere de goznes.             ['se movían por las coyunturas']
   La Gil que con un bostezo
enfermó todo Segorbe,
andaba como en invierno
ginovés con sabañones.
   Parece que se derrama
cuando se mueve la Robles,
que el vestido se le huye
y que el manto se la sorbe.
   De puro derecha quiere
darnos a entender la Gómez
una hartazga de gorguzes          ['Vara larga']
y un ahíto de asadores.
   Lo mejor de las mujeres
se han engullido los coches,
cazuelas donde se ven
solo cabezas y alones.
   Válense de lo estantío
y a los estrados se acogen,    ['salitas de estar']
estanques de mortecinas,
hermosura que no corre.
   Mas cuando Elvirilla mueve
las columnas de sus orbes,
los ejes de tantos cielos,
los cielos de tantos soles,
   dicen la tierra que pisa
recién nacidas las flores,
y el ruido de sus chapines
es Filomenas y Prognes.
   A los muertos, si los pisa,
se le antojan piñones;
las llaves caponas barban
y quieren cerrar de golpe.   ['cerrar', también para barbas espesas]
   Si hace una reverencia,
los deseos dicen "Oxte",
los apetitos relinchan
y bostezan las pasiones.
   Cantáridas toma el yelo
para mostrarse muy hombre;
los berros arrojan chispas,
sientes cosquillas los montes.
   Júpiter es un borracho,
pues que no deja su moble     ['el cielo, su lugar']
o por verla menear
o por menearla el cofre.
   Y pues toro y cisne fue
mojiganga de los dioses,
baje a buscar a Elvirilla 
en nuevas  transformaciones.

Tereo elige entre las dos hermanas, Procne y Filomena. Rubens lo pintó para la Torre de la Parada (El Prado)
Se encuentra publicado (1648) en la sección de la Musa Thalia, lo que ya previene de su carácter festivo, acentuado por la forma romance, que fue mayoritariamente empleada como forma festiva. El romance se desarrolla con una sola rima asonante, pero se organiza en cuartetas, detrás de cada una se da algún tipo de fractura o pausa.

No se conocen otros testimonios.

El tema es el de la belleza de la mujer cuando se mueve, que fue motivo de un soneto muy serio en Quevedo, pero que aquí se ofrece desde una perspectiva ajacarada, es decir, las damas que emocionan a los mirones son las protagonistas de escenas de delincuentes y jaques. De acuerdo con ese tono, el poeta construye su lenguaje (nótese el artículo antes del nombre) y monta muchas de las imágenes, que apuntan frecuentemente a la sátira del mundo femenino, con notas costumbristas (los coches, los ungüentos, los trajes, los estrados...., en las que se han insertado las imágenes mucho más nobles de la vieja poesía renacentista: elementos mitológicos, imágenes (las flores que crecen cuando ella pisa), incluso concepciones cósmicas (orbes, ejes y cielos). El resultado final es una "mojiganga" o mezcolanza o fin de fiesta en donde se mezcla todo, música, baile, poesía, etc., como al final de las comedias. En esos momentos, la degradación del viejo universo poético es total y el poeta increpa a Júpiter de borracho y le pide que venga a por Elvirilla, trasformado también, en lluvia de oro quizá, como hizo don Danae.

El léxico es francamente coloquial, bordeando su uso jergal y sin desdeñar modismos. La sintaxis del romance (reduplicaciones, anáforas, reiteraciones invertidas, etc.) se impone sobre cualquier otro elemento constructivo, para exhibir una batería de imágenes, que es lo que domina en el poema, ideológicamente estático en este sentido, manierista.

Su lectura no es sencilla: lo mejor de su significado anda semioculto o aludido entre versos e imágenes, a los que hay que volver para entenderlo plenamente. Pudo haberse cantado.

viernes, 11 de marzo de 2011

En las Descalzas Reales


El jueves pude visitar por fin –hay colas y turnos– las Descalzas Reales, nuevamente. De ese convento de religiosas franciscas, tan apegado a nuestra historia (el padre Victoria, los Argensolas, Quevedo, Pérez Pastor....), y tan denso de contenido que es imposible recordar lo que atesora, habremos de hablar en más ocasiones. Quizá publique el sermón de fray Juan de los Ángeles el 17 de marzo de 1603, en las exequias a la emperatriz, toda vez que no se recogió en los volúmenes de la NBAE, en donde sus obras están (desde hace cien años, 1912), aunque el sermón no añade circunstancias curiosas para el historiador.



Claustro de las Descalzas, silencioso,
con qué serenidad el sol desciende
por arcos carpaneles hacia el huerto
y los naranjos en el patio enciende.

Dolorosas de Mena, mausoleos,
capillas para santos y doseles,
salas repletas de velas y flores...
¿quién al pintar mezcló santos y reyes?

Dicen que todavía hay quince monjas
que desde el coro cantan, ¿quizá el requiem?
Victoria lo estrenó cuando murió
la emperatriz, y aun nos estremece.

El viernes santo, Rubens y Becerra,
todos en procesión hacia la muerte.


domingo, 21 de noviembre de 2010

La marea cultural

La llamada “oferta cultural” crece de modo desmesurado e irregular, en Madrid; supongo que como en otras ciudades grandes; y tanto crece que la sensación es la de no poder asumir razonablemente todo lo que va ocurriendo: conciertos, teatros, exposiciones, estrenos de cine, presentaciones, espectáculos... ¿Quién puede mantenerse informado? ¿Quién puede seguir la marea de actos? ¿Habrá que seleccionar y, por tanto, desechar?
Hay que seleccionar y, por tanto, desechar; es cierto; pero sin problemas de conciencia ni reproches: no he leído lo que no he podido leer, no he visto a lo que no he podido acudir, no he escuchado al que no pude oír... y así hasta la saciedad, reconociendo el amplio campo de la ignorancia en donde la maravilla –que otros te cuentan– puede haber sucedido. Es evidente que la “cultura” en cuanto que sucede y nos llega enriquece nuestra condición humana, sedimenta y contribuye a nuestra plenitud  –que, por cierto, no es lo mismo que felicidad. No hace falta que la devoremos, sin embargo. 



Sucede y atraviesa las formaciones sociales, pigmentando individuos, grupos, formaciones sociales, comunidades, etc. No es lo más importante, sin embargo, la cantidad de travesías a las que podemos someter nuestro conocimiento y experiencia, sino precisamente la capacidad que una sola, varias, las seleccionadas, muchas o todas tienen de afectar nuestro modo de ser y de pensar. Y habida cuenta del prestigio que se otorga a ese tipo de experiencias –incluyendo las más dudosas–  parece que cada persona no puede más que fomentar algunas vetas, recorrer unos pocos senderos, cultivar lo que.
Lo que cada uno busca, acepta y cultiva deriva de condiciones sicológicas y sociológicas que andan muy lejos de poderse comentar en estas líneas, provocadas por la aparición simultánea de unas cuantas exposiciones prácticamente al mismo tiempo, y no solo las del Reina Sofía, la Tabacalera, los dibujos del ABC, y demás; sino incluso, ateniéndonos a un esquema mucho más reducido de las artes, la catarata de los ochenta Rubens, el nuevo desembarco de los impresionistas, la reconstrucción pictórica del Salón del Reino...

A lo mejor los impresionistas se van a quedar sin mis ojos, vaya; y no exactamente por esa especie de repulsa modernísima con que los críticos de los que me suelo fiar –en este caso Estrella de Diego, columna en periódico– retroceden ante el avance de flores, cabarés, jardines y calles, no, sino porque es arte asimilado que ya dejó su muesca en mi magín, sobre el que no voy a avanzar nada más ni me va a volver a producir el placer de la contemplación, que suelen ser las dos razones de peso para “repetir”.
Y ya que lo he mentado: no creo que sea motivo de rechazo que el impresionismo sea el modo de regocijarse estéticamente la burguesía, en una de sus épocas doradas, que lo es; no creo que eso aboque directamente a un “no vale”, a no ser que a continuación se lleve ese juicio hasta sus últimas consecuencias: la burguesía como clase social corrompida que reproduce en sus manifestaciones artísticas la perversa situación de la que disfruta. Esas afirmaciones tan radicales se cargan de un plumazo, primero, el valor histórico de aquellas manifestaciones. Y sobre todo, sobre todo, nunca nos explican por qué, aún habiendo desvelado las posibles trampas de ese arte burgués, sigue funcionando como clásico, es decir: sigue provocando emoción y entusiasmo. ¿Permanencia y eternidad de la burguesía, ahora a cien  años vista?
Pero vamos, por el momento, tranquilos: vayamos a nuestro paso seleccionando por aquí y por allá; y hagamos de la necesidad virtud: tomemos esa circunstancia –variedad y deformidad, riqueza y dispersión, publicidad y aislamiento...– como uno de los elementos, y de los más interesantes, para integrar en nuestra experiencia cultural.
Por mi parte, me quedo con este extraño Duque de Lerma del taller de Rubens. Me interesa muchísimo, me inquieta, me trae a mal traer, lo miro y lo remiro...; pero aseguro que yo no me siento individuo de una sociedad cortesana.