Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 3 de abril de 2018

Tito de Úbeda


Alfarero que visité antaño con Alonso Zamora Vicente, y que nos hizo –y expuso– cerámicas de Edad de Oro, cuando se celebraba aquel Seminario, con la llegada de la primavera, en Madrid, durante dieciocho años. Coincidí con él hace poco, precisamente en Malpartida de Mérida, con motivo del centenario de A. Zamora. Me envía hoy este cartel, que me apresuro a publicar, junto a las fotos de algunas piezas que todavía conservo.



Detrás de la jarra de la primera foto, una colección muy especial de Clásicos Castalia, uno de los caprichos –bien hecho– de quien entonces era el dueño de la editorial, Federico Ibáñez. Los libros llevaban  cubierta doble, de tela y funda, con una ilustración que cubría toda la tapa. Debe de haber unos 100 números con esa peculiaridad.









sábado, 17 de diciembre de 2016

Libros que se van y recuerdos que vienen


Esta entrada comienza con una foto en la que una ventana se abre sobre un valle: domina la vista una secuoya. Todo se explicará debidamente un poco después.


Como en casa de don Quijote, un expurgo de mi biblioteca, que se está aligerando, me zarandea con recuerdos de todo tipo, porque como decía Luis Landero en su breve colaboración hoy en El País –de lo poquito que a veces leo en este periódico; Landero es uno de los mejores prosistas que conozco– un libro es como una ventana a la libertad, a la ilusión. Y es el caso que resuelto al desprendimiento de los más de veinte mil libros que alcanzaban ya a cocina y otros rincones, he logrado desterrar a unos cuatro mil. 



Quiero pensar que se han “beneficiado” mis mejores alumnos, que vienen a casa y hacen “sacas” según su vocación. Así se han ido revistas, crítica literaria y teoría de la literatura, sobre todo –digamos– aquella de la que nos empapamos hacia los 60-70 del siglo que se fue, novela y poesía actual (los poetas escribimos demasiado, nos dio mal ejemplo Juan Ramón), todo el teatro de los siglos XVI-XVII…. 


Este fin de semana me había impuesto una nueva saca: la de la literatura de los siglos XVIII y XIX.  Y ahí lo de don Quijote, las penas y las consideraciones. ¿Todavía tendrá algo qué decir Casalduero sobre Galdós? Los ensayos de Montesinos siguen siendo fundamentales; un poco escorada la monografía de Amorós sobre Varela, pero su epistolario es de lectura amena y casi obligada de vez en cuando…. Dudas, lecturas, recuerdos, más dudas…. ¿Y para cuándo el desprendimiento de los libros sobre la Edad Media, si ya no quedan medievalistas?

En una de esas me ha aparecido el generoso recuerdo que colegas y alumnos me hicieron cuando celebré el último Edad de Oro en la UAM. El primor del tríptico (que acompaña en las fotos) se habrá debido a Mario Hernández, mi colega en la UAM, habida cuenta de lo que pasa entre Rejón y Pablo Iglesias, creo que puedo decir "mi amado colega". 
Y allí veo las firmas de los asistentes a una cena final en Cuenca: distingo las del propio Mario, Lía Schwartz, Laura Dolfi, Antonio Carreira, Manuel Alvar,  Delia Gavela, Julio Varas, Luis Peinador, Mercedes Sánchez, Ángel Gabilondo, Nuria Martínez del Castillo, Enrique Rodríguez Cepeda, Nicasio Salvador Miguel, Pedro Rojo…. Y las de colegas que ya han fallecido, Claudio Guillén, Isaías Lerner entre otros. Recuerdos y recuerdos, también pegados a los regalos que acompañaron al tríptico, la cerámica antigua, la edición facsímil del Nicolás Antonio y un arbolito, una secuoya, que planté en mi ferrado de Cedeira y que amenaza con cubrir todo el valle. Sobre él y sobre el ciprés de al lado se encaraman los cuervos para otear el valle de Santalla y controlar la "ingesta" (¡qué palabra!) de nueces. Ahora hemos llegado a la explicación de la foto que abre esta entrada.


A su recuerdo, presentes tengo también el puñado de alumnos –casi un centenar– que pasaron por nuestras clases, seminarios, reuniones, las más de las veces como becarios o doctorandos, y con los que me atreví –porque contaba con ellos, claro– a empresas que ahora veo bastante arduas, como la catalogación de los fondos manuscritos de la BNE (ocho o nueve volúmenes); los tres volúmenes del Diccionario Filológico de Literatura Española (en Castalia); los cuatro de la Biblioteca de Autógrafos Españoles (en Calambur), y otras muchas publicaciones y revistas, siempre contando con su ayuda y colaboración y con la continua oposición del departamento y de la propia UAM. 


La última revista que comenzamos ex ovo fue la RNBEC (“Revista de la Nueva Biblioteca de Erudición y Crítica”), que tuvo seis números en Castalia y que dirigíamos colectivamente –en Castalia– el propio Mario Hernández, Pablo Moíño (¿por dónde andará?), María Fernández o Salgado y yo mismo.


Como siga hilvanando recuerdos no sé si voy a seguir sacando libros. Eso sí, he encontrado un método nuevo para los huérfanos: depositarlos en el tenderete del Retiro que recuerda a una biblioteca pública. Desaparecen enseguida.

Además, la historia sigue, ahora con una colección de clásicos (Clásicos Hispánicos) otras revistas y la empresa de Oriente.
Vamos a terminar con otra vista, invernal, del valle de Santaya (¿será con dos eles?) y la secuoya.


 

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Elías L. Rivers (en dos tandas de recuerdos. Y II)

Georgina Sabat, PJP y Elias L. Rivers
(al fondo: Ángel Gómez)
En el público del salón de actos de la UAM: PJP, Soledad Carrasco Urgoiti, María Cruz García de Enterría
Una sesión de Edad de Oro en la UIMP de Cuenca:
Aldo Rufinatto, Anne Cruz, Isaías Lerner, Enrique Rodríguez Cepeda
Paloma (alumna organizadora), Domingo Yndurain, Teodosio Fernández, Rafael Alberti, PJP,
Benjamín Prado, Mario Hernández
Tierno Galván (como alcalde de Madrid), Josefina Gómez (rectora de la UAM), Camilo Jose Cela, PJP y el alumno de la organización (Guillermo Carrascón)
José Manuel Blecua, PJP, Mercedes Sánchez
Benjamín Prado, Rafael Alberti,
MarioHernández, Tito de Úbeda








Joaquín González Cuenca y
Mercedes Blanco

Enrique y Celia (de la organización)
En la Posada de San José (Cuenca, lugar habitual del alojamiento durante la clausura). Algunos de los alumnos de la organización (Pedro, Paloma, Nines, Alberto....) Remedios Morales en primer plano. Entre los profesores, Domingo Ynduráin, Ricardo Senabre y Voster.
El año de Lisboa, los organizadores (PJP, Clarita, José Montero, Adriana, Cristina....)
La organización de Edad de Oro
De espaldas: Javier Huerta Calvo y Agustin Redondo. De perfil: Pedro Córdoba (con barba) y F. Cerdan.
De frente: M. Moner, Antonio Cid y Mª Luisa Cerrón Puga
Los organizadores, en rato de descanso, en el centro Juan Ramón Trotter
Y el descanso de los organizadores, en Cuenca

martes, 24 de diciembre de 2013

Elías L. Rivers, en dos tandas de recuerdos (1)

El día 21 –me dicen correos y noticias que llegan de Estados Unidos– ha muerto Elias L. Rivers, conocido y prestigioso hispanista, muy querido colega, que ha dejado una estela impagable de hispanistas, que con él se formaron, y el legado de sus trabajos, fundamentalmente sobre la poesía española de los siglos XVI-XVII y sobre Cervantes. Suya es la edicioncita de la poesía de Garcilaso, en Clásicos Castalia, y que, curiosamente, nunca quiso cambiar, a pesar de la ponderación de su introducción y de que contaba con ediciones y estudios largos y sesudos sobre el mismo Garcilaso.

Javier Huerta Calvo, Luis Vázquez, Elías L. Rivers. De espaldas: Clarita (organizadora).
Es inevitable que recuerde las muchas veces que viajó a España para acudir al Seminario Edad de Oro –vino desde las primeras ediciones– que fundé y organicé durante sus primeros dieciocho años, para hablarnos de Garcilaso, de fray Luis de León, de los clásicos....  Y en nuestra revista publicó sus contribuciones. También acudió para organizar los seminarios sobre Cervantes que organizaba a la par que Edad de Oro en la UAM, mesa redonda a la que acudían los alumnos, becarios, ayudantes, etc. de los últimos cursos (Jesús Gómez, Carmen Valcárcel, Florencio Sevilla, Óscar Barrero, etc.) , que hacían sus primeros ensayos en estas actividades, con lo mejor del hispanismo internacional.
Mi pequeño álbum de aquellas estancias lo recoge en Córdoba, Madrid, Cuenca, etc., afable, tranquilo, sonriente, con la sabiduría de la experiencia, hablando con mis alumnos o compartiendo sencillez con sus colegas.

Elias preside un ágape campestre en una reunión de hispanistas
(Buenos Aires)
En uno de mis viajes académicos a Nueva York –me alojaba en casa de Lía e Isaías Lerner– me alargué a dar varias conferencias quevedianas (Harvard, Baltimore, Pittsburgh....) Una de ellas me llevó a Stony Brook, a donde él me había invitado. Me alojé en su coqueta casa medio cubana –la mano de Georgina, su mujer–; de la estación nos habíamos ido directamente a ella, en donde, mientras charlábamos, me preparó con suficiencia un tortilla francesa (yo creo que con algo de queso), que compartimos, y así mantuvimos el tipo para ir a la universidad, en donde iba a hablar del "Miré los muros de la patria mía...." quevediano, con el riesgo evidente de que se me había olvidado el texto con la charla. A decir de Elías, mejor, porque aquello tuvo el aire de una clase, que es lo que a los dos nos gustaba.

Con PJP en la reunión de la AISO (Córdoba).
Detrás y de blanco, Cristobal Cuevas
A Elías le encantaba su casa de Chinchón –el pueblo cercano a Madrid– y su piso al lado de la glorieta de Bilbao, es decir, apropiado para dar una vuelta por Malasaña o tomar café en el Comercial, en homenaje a don Antonio Machado; pero Elías no pudo mantener todo aquello –distancias y tiempos– y acabó por venderlo todo y trasladarse a Florida. Luego me encontré con él en algunas otras ocasiones, por ejemplo (lo dice una de las fotos) en la Pampa argentina. La última vez, creo recordar, que lo vi físicamente –sabido es que mandaba unas felicitaciones novelescas en las que pasaba revista a su inmensa familia– llevaba una biografía de Quevedo que yo acababa de escribir bajo el brazo: para el avión y para Jim (Crosby), me dijo. Buenos colegas, alguna vez coincidieron en mi casa de Madrid, con asombro de Georgina que –desde su condición cubana– miraba bailar  a Crosby no sé si con reprobación o con envidia.

Rivers (a la derecha según se mira) a la entrada de Edad de Oro en la UAM.
PJP habla con Harry Sieber. Detrás varios de los alumnos organizadores, la
primera (de blanco) Celia (hoy profesora de IES).
Durante alguno de aquellos seminarios de Edad de Oro a lo que aludí, la TVE acudió a dar noticia cultural y me pidió que designara a algún hispanista para entrevistarlo –saldría en el telediario de la uno, y así fue–: les indiqué que podría ser Rivers, y me pidieron unas palabras para explicar en qué consistía aquello del "hispanismo". Mezcla de orgullo y vergüenza, dije en algún momento: son los que han dedicado su vida y su profesión a conocer cómo somos y como hemos sido, investigando en los rincones de nuestra historia.
Seguiremos leyendo a nuestros colegas hispanistas, aunque solo sea para conocernos mejor.

James O. Crosby,
A. Trueblood y PJP

Alan Deyermond, Michel Moner y PJP














Mercedes Blanco y Michel Moner
Y ya puestos, he rescatado algunas instantáneas del viejo archivo fotográfico de Edad de Oro: la resolución en casos no es muy buena, pero a lo mejor alguien gusta de reconocer a gente. Empiezo con las panorámicas, en Madrid (UAM), en Cuenca, en Lisboa.... Se celebraron también en EEUU (Dartmouth, Segovia, Toledo....) 
Seguimos con algunos hispanistas. Y termino con una miscelánea de instantáneas. Parte del álbum pasará a una segunda entrada del blok, que parece que tiene una cabida más limitada que mis fotos y recuerdos.

Empiezo con una miscelánea de instantáneas
El público del salón de actos
de la UAM, desde Carmen
Valcárcel
Organizadores, a la izquierda: Adriana Saint-Supery, PJP,
Florencio Sevilla; a la cabeza de la derecha: José Montero
Concierto en la Iglesia de San MIguel (Cuenca).
En primer término, Agustín Redondo y Michel Moner
Y terminamos con un cariñoso recuerdo de los alumnos –entonces lo eran– que organizaban todo:

Los asistentes se fotografiaban en la puerta de la catedral de Cuenca
Lina Rodriguez Cacho,
Dolores Noguera
y Carmen Valcárcel
Los organizadores de una de las sesiones
(en primer término, Guillermo Carrascón)




miércoles, 27 de julio de 2011

Tito de Úbeda en Edad de Oro, y otras memorias

La era digital va imponiendo sus leyes inexorables; en el norte, además, los libros que no hubieran sido impresos con buen papel acaban, con la humedad, por apelmazarse y convertirse en masas de celulosa: conviene guardar una copia electrónica.... que no sabemos todavía muy bien cómo va a perdurar. Guardaba dos antiguas colecciones de la revista Edad de Oro, de sus primeros 18 años, cuando yo me la inventé, la organicé y la dirigí; otras dos de Manuscrit.Cao, la primera revista que con acta fundacional semejante, salió para recoger los trabajos de mis grupos de investigación en la Biblioteca Nacional. Ahora organizo aquel material, que veo que, ilegalmente, desde luego, se ha reproducido en un CD –Edad de Oro– con ¡el copyright! a nombre de una persona que no sé quién es y que, desde luego, no ha solicitado obtener semejante derecho de nuestros trabajos, incluyendo de los míos personales.


Las resmas de la revista se guardaban entre algunas piezas de cerámica, que esas sí que perdurarán. Aparte de el juego de cerámicas de San Isidro (Granada) que el grupo de educadores me regaló, con mi nombre y el suyo, cuando dirígía el internado del instituto de Cogollos-Vega (1976), a propósito de unas circunstancias penosas que quizá no merezca la pena recordar, guardo todavía algunas piezas, pocas, dos o tres, del año que el Seminario Edad de Oro encargó a Tito de Úbeda la confección de unas cuantas piezas conmemorativas de la XIV edición. Me asesoró Alonso Zamora Vicente, que conocía al alfarero (juntos comimos un día en Madrid), y al cabo le encargamos fundamentalmente unas cuantas piezas muy sencillas –tipo vaso y jarra pequeña– y una “maricona”, que es la de la foto, en la que, aparte de su arte natural (cada pieza llevaba un dibujo distinto, nótese la tradición griega), añadía al dorso la leyenda conmemorativa. Piececita de museo es. Recuerdo que a Tito de Úbeda le encargamos una exposición de su alfarería en la UAM, en el edificio del rectorado, y que era el año en el que Rafael Alberti abría el seminario con una charla sobre el barroco, en la que quería que “hubiera mucha gente joven”. La sala se le llenó con unas 500 personas, casi todos alumnos jóvenes. La mesa de apertura en la que se presentó la revista la presidía un catedrático de Metafísica que solía acudir a nuestros seminarios, Ángel Gabilondo.

No nos cobró nada, Alberti. Fue una de esas aperturas memorables, como otras muchas, empezando por el II Edad de Oro, que se inauguró con una charla de Eugenio Asensio (sobre las silvas en Quevedo), que abrió todo un panorama nuevo a los estudios sobre poesía culta durante los siglos XVI-XVII, en primera fila le escuchaban F. Ynduráin, F. Rico, A. Redondo, Carlos Blanco Aguinaga, Maxime Chevalier, Robert Jammes, Maurice Molho, Alberto Sánchez, José Rico Verdú, José Simón Díaz...., que también intervinieron en aquella II edición. Eugenio Asensio volvió a repetir unos años después, con otra charla memorable en la que dio a conocer el famoso texto de fray Luis de León en la universidad al salir de la prisión; entre el público Elias Rivers, F. Pierce, M. G. Profetti, A. Redondo.... Otras inauguraciones de las que me acuerdo en Edad de Oro corrieron a cargo de Alberto Blecua, Anthony Close, F. Rico, J. E. Varey, Aurora Egido, Lázaro Carreter, Camilo José Cela, Pedro Luis Barcia, Barry Ife.... El año que inauguró Alberto Blecua, el III, para no desviarnos demasiado, las actas recogen las intervenciones de Joaquín Casalduero, Daniel Devoto, Aurora Egido, José Lara Garrido, María Grazia Profeti, Asunción Rallo, Agustín Redondo, Francisco Rico, Leonardo Romero Tobar, Dorothy Serman Severin, Domingo Ynduráin, Enrique Tierno Galván.... entre las cuales a mí me gustaba situar la de la gente más joven del departamento, o la de aquellos que en el departamento tenían, digamos, poca actividad académica, por su juventud o por cualquier otra razón; y así en ese mismo número hay ya una comunicación de Florencio Sevilla, que entonces era “ayudante”, sobre el tema que trabajaba para su tesis; en tanto que Antonio Rey intervino sobre la Pícara Justina, tema que había sido de su tesis y a partir de entonces publicó prácticamente en cada número de Edad de Oro. Y de ese modo se iniciaron publicaciones de muchos alumnos jóvenes, a los que yo presionaba para que intervinieran y se dieran a conocer: Jesús Gómez, Óscar Barrero, Carmen Valcárcel (que además fue la encargada de organizar una de las primeras ediciones), María Luisa Cerrón Puga (ahora en Roma), etc. y muchos de mis alumnos (Miguel Marañón, Manuel Urí, Isabel Pérez Cuenca, Pedro Rojo Alique, Delia Gavela, Lina Rodríguez Cacho....) Si repaso las listas de las comisiones organizadoras en las actas, leo nombres como Guillermo Carrascón (en Turín), Josune García, Juan Carlos Conde (en Cambridge), Elena de Miguel (hoy catedrática en la UAM), Antonio Gago, José Montero Reguera (en Vigo), Mercedes Sánchez (en la RAE), Elena Sánchez Ramos, Elena Varela, Julio Varas....


Normalmente clausurábamos en Cuenca –aunque también lo hicimos en Segovia, Miraflores, Lisboa.... Y un año, con la inestimable colaboración de Lía Schwartz, nos fuimos a Dartmouth y Nueva York, a celebrar allí la segunda parte del congreso: viajaron conmigo, por parte de la organización, Delia Gavela, Mercedes Sánchez, Florencio Sevilla y Cristina Sánchez....; como conferenciantes, Jaime Moll, Mercedes Dexeus, Cristóbal Cuevas, Sánchez Mariana, etc.
La verdad es que puestos a recoger la actividad académica de aquellos dieciocho años me veo en la obligación de parar, pues fue verdaderamente, al menos, muy extensa y comprometió a todo el hispanismo, europeo y americano. Ahí ha quedado. Quizá convenga recordarlo, para aplauso de todos los que me ayudaron a semejante tarea, que fue encontrando la oposición cada vez mayor de mis queridos colegas, que ahora organizan y festejan su continuidad, excluyéndome cuidadosamente, desde luego, aun cuando el tema sea el de Quevedo, pongo por caso. 

domingo, 9 de enero de 2011

Viejas glorias, batallitas.... Edad de Oro en sus inicios




NO he querido que se pierdan conmigo algunas de las fotos que he desenterrado de EDAD DE ORO y que pertenecen a uno u otro seminario; muestras gráficas en esas fotos (de arriba a abajo), de Antonio Armisén (presidiendo la mesa) que habla con Dolores Noguera, frente a Carmen Valcárcel (con el codo en la mesa) frente a Florencio Sevilla (con corbata), frente a Angelina Costa (hoy catedrática en la Universidad de Córdoba), en mesa que rematan Antonio Rey y Ángel Gómez Moreno. 

En la segunda, preside la mesa Carmen Gallardo, que está a mi lado (fumaba en pipa), rodeado por Martín Muelas, frente a Antonio Rey. Joaquín González Cuenca (en el centro) habla con Teodosio Fernández (enfrente) y remataban la mesa Angelina Costa y Carmen Valcárcel.
Y en la tercera de esta primera serie, estoy hablando (de espaldas) con Harry Sieber (de la John Hopkins) y Elias Rivers (de Stony Brooks); al fondo, varios de mis fieles, queridos y recordados colaboradores.

La primera foto de la segunda serie lleva en primer plano a Mario Hernández, que tiene al lado a Ana Cruz (Universidad de Chicago, entonces) y a Pierre Civil (Sorbona).
Debajo, Rafael Alberti habla a Mario Hernández ante el grupo de alumnos organizadores.
Finalmente, en la tercera, la mesa que preside Carmen Gallardo, flanqueada por una excelente alumna –no doy los nombres de los alumnos, porque no sé si lo desean–, al lado de Antonio Rey y de A. Costa, que están frente  a Lina Rodríguez Cacho y Ángel Gómez.

En la tercera serie, que solo incluye dos, yo mismo voy hablando con James O. Crosby (Florida University), detrás se ve, caminando, a Mercedes Sánchez; los tres estamos en la Universidad de Navarra. Debajo, un recital poético, también con motivo de EDAD DE ORO, en el salón de actos del Círculo de Bellas Artes, con Mario Hernández (que enciende un cigarrillo), Luis Alberto de Cuenca, y Carlos Piera.

La galería sigue con una foto en Córdoba (también de congreso de Edad de Oro) en la que yo mismo estoy con dos prestigiosos profesores americanos, A. Trueblood y J. Crosby. En la de al lado, Pedro Rojo, que ya trabajaba en el Seminario, explica cómo era un libro antiguo a alumnos del Seminario.



Se sientan a la mesa en la de abajo Ángel Gómez y Trevor Dadson. Siguen, ahora a pie, Harry Sieber y MIguel Marañón. En tanto que Lía Schwatz es la figura que mejor se ve en la siguiente, delante de Delia Gavela (de rojo).



Las dos finales nos enseñan, la última, el acto de clausura con la charla de  Rafael Alberti, en mesa en la que se sentaban Paloma (alumna organizadora), Domingo Ynduráin, Teodosio Fernández, yo mismo, y Mario Hernández. La de arriba, en la cena tradicional de Cuenca, que cerraba el seminario, muestra a Alan Deyermond hablando, le escuchan Agustín Redondo, Agustín de la Granja y Teodosio Fernández.

Y así se termina este camino, concesión al chismorreo y, para el que quiera, la nostalgia. Yo me quedo con un lema que abre la página, que he leído y me he traído hoy del Museo de Arte de Móstoles:

NO ES EL PASADO SINO EL FUTURO LO QUE DETERMINA EL PRESENTE