Nadie las ha cortado ni cogido,
miran al mar, perfuman la ribera,
de modo que florecen y maduran
y luego como espigas allí quedan;
para dejar que los caminos lleguen
se abren al mar, para trazar las sendas;
les gusta la humedad que el viento trae
y el denso azul que clavan las estrellas;
su gracia estriba en recatarse un poco
y que nadie las corte ni las prenda,
por eso juntas crecen en colonias
y ocultan su primor y su belleza;
y así viven y son y nos regalan.
Su color nos anuncia que el mar llega.





