A J. D. C.
Es el silencio de la lejanía
imperturbable lo que sobrecoge
cuando intentamos hasta la fatiga
imaginarnos lo desconocido,
mientras que todo lo que nos rodea
insiste en su materia permanente,
día tras día ocupa la mirada
y está sin más que ser y dar su luz,
irradiando presencia incomprensible
en tanto que esperamos vagamente
algún descubrimiento misterioso
que pueda resolver esta tristeza
de seres pensativos que no alcanzan
a entender la razón de su existencia.