Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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domingo, 11 de septiembre de 2011

Planchar y leer

Domingo. Tengo mucha plancha, mucha;
y me he enfrascado en el epistolario
de Páez, el cronista que se fue
a Quer, un pueblecito de la Alcarria,

rodëado de renuncias y de libros
que acabarán en plúteos reales
del Escorial, mortajas de la historia,
relicario de nuestro siglo de oro.

Leer y pensar, pensar y conocer,
atravesar por los renglones viejos
depositados para meditar
lo que nos entregaron meditado.

Terminaré el epistolario y luego
plancharé solamente lo preciso.

Pues sabe cuán viento es esta vida.... [con libros] haremos un buen viatico senectutis

He pasado este fin de semana leyendo el epistolario de Páez de Castro, en la rigurosa y completa edición de Arantxa Domingo Malvadi; casi sin darme cuenta redacto con la parsimonia de estos prosistas de la segunda mitad del siglo XVI, que acunan la prosa de Cervantes, la más rica, pulida, armoniosa de la historia de nuestra lengua, sin duda, incluso en competencia léxica, en elaboración sintáctica, en matices sonoros; pero no es la nuestra, es la de otro tiempo, con sus bimembraciones, contrastes, abundancia de los verbos “ser” y “estar”....; porque la lengua parece casi un ser vivo, bueno, al menos, capaz de recoger los estigmas de la historia:
Yerran mucho, si yo no yerro, los que piensan que los amigos han de estar en un mismo lugar para se poder comunicar y gozar, diciendo que las amistades apartadas antes dan pena y tormento, por razón que crece el apetito con la privación; y así, funda que sería mejor no las tener. Pero es claro el engaño de éstos, siendo como es mi amigo otro yo, porque quitan la principal parte de la amistad y la que parece ser milagrosa, que es poder estar un hombre en muchos lugares juntamente y dormir y velar en un punto, y tener las manso tan largas que alcance al cabo del mundo”  (p. 453).


En la biografía y escritos de Páez vemos meridianamente cómo el viejo humanismo –el del Emperador y el de los primeros años de Felipe II– termina por sucumbir en lo que tenía de más ejemplar: su implicación histórica. El peregrinaje de Paéz: Italia, Trento, Roma, Flandes.... finaliza con su vuelta, como cronista, a la Península, y su retiramiento final, rodeado de libros (“ya no quiero más sino retirarme a Quer, a escribir....”, p. 437; y léase la preciosa carta 56) a su pueblo natal, Quer, en Guadalajara, donde están fechadas las últimas cartas y adonde Felipe II envía –creo recordar que a Ambrosio de Morales­– a sus  agentes “intelectuales”, para que no se le escapen los libros. Porque si los viejos humanistas hubieron de dar la espalda a sus implicaciones en la vida pública –incompatibles con la actividades liberadores del espíritu, como la lectura– solo les quedaba.... la erudición, el rincón de los libros, los pasajes oscuros, todo aquello en lo que se afanarán los humanistas posteriores.
Quer

Nada más aterrador como los testimonios de silencio que vienen de aquellos años y que se refieren a los humanistas amigos de la corte imperial o de la romana, entre los cuales –y no sé de qué modo podríamos explicarlo–, Bartolomé Carranza, Gonzalo Pérez, Vargas, Cazalla.... El auto inquisitorial de 1559 en Valladolid, en el que Páez presenta y narra la ejecución de su amigo Agustín Cazalla, con una impasibilidad que desmienten sus cartas anteriores (¿es autógrafo el manuscrito 20476 de la BNE, donde se narra?).  En casos como este, no basta leer la historia, hay que interpretarla.
En fin, el libro, con sus copiosos índices y capítulos en donde se identifican libros, nombres, hechos, etc. es un  minero de noticias que sirven para rectificar, asentar o cambiar historias trazadas en otras páginas o por otros autores: la presencia del “doctor Velasco” (Juan López de Velasco, el expurgador del Lazarillo, que no es el mismo que el doctor Velasco de Flandes); la coincidencia de Zurita y Diego Hurtado de Mendoza c. 1558 en Laredo (p. 437); el paso de nuestros protagonistas por Amberes en fechas muy interesantes (p. 436, de 1558; p. 402, de 1555....). En algunos casos uno estaría tentado de arriesgar alguna interpretación, por ejemplo acerca del desapego de Páez (carta 18), que se resistía a convivir con don Diego, cuando don DHM alcanzaba la cima de su poder diplomático en Roma, ¿no tendría que ver con el “vitalismo” –vamos a llamarlo así– incompatible con el retraimiento mujeril de Paez? Sobre la suerte del diplomático pregunta en abril de 1554 (p. 395): “Nunca he sabido del señor don Diego de Mendoza, al cual soy en gran obligación, y por solo besarle las manos iría desde aquí a España. Suplico a vuestra merced me avise dónde está y qué hace....” Una pregunta muy curiosa en una fecha muy señalada.
En fin, noticia larga la que va con la que ojalá haya podido subrayar el interés y la golosina del libro.



miércoles, 7 de septiembre de 2011

Libros sobre libros: Zurita

En una entrada, posiblemente hoy mismo, voy a realizar la recolecta de lo que ha aparecido en este blog de "libros sobre libros", y en otra lo haré con don Diego Hurtado de Mendoza y alrededores. La enuncio ahora así porque cuando lo he intentado hacer la primera vez la red del historiador, del teórico,  no salía con facilidad, se enredaba los campos. Zurita, por ejemplo, el cronista aragonés, secretario de la Inquisición y amigo de don Diego, asomaba a todos los campos, porque su biografía y su quehacer enreda –y sigo con la familia etimológica– todo. Desde el punto de vista del investigación actual: papeles suyos aparecen por todos lados. Ha tenido buenos historiadores, pero aun necesita más. Como no es un creador, se le ha investigado tangencialmente (cartas, apuntes, viajes....). Quizá se necesitara un Dormer actual que recopilara todo de nuevo y trazara un mapa de su inmensa actividad.


Ayer terminé de leer un librito, diminutivo por su tamaño, extenso, profundo, por la cantidad de trabajo que habrá precedido a su redacción. Se refiere a la biblioteca de Zurita, ya saben, la que fue atesorando a lo largo de su vida, y en diálogo con don Diego Hurtado de Mendoza, con Paéz, con los humanistas de la época; que terminó por ceder a la cartuja de Aula Dei, en Aragón –los términos ahora quedan mucho más claros, por la profesión del hijo de Zurita–, a pesar de la avaricia libruna de Felipe II, y de que el Conde duque se la llevara, por las bravas, a Madrid, dispersándose con el tiempo. 
La autora de este librito traza mucha veces el camino contrario: desde el libro que está en la RAH o en cualquier otro lugar, con la indicación al comienzo y al final de la autoría (Ge), hasta, a veces, el momento en que Zurita lo adquirió. Admirable labor que atraviesa la historia: esa densa red de saberes y preocupaciones intelectuales que movió a aquellos sabios.


El libro, con sus apéndices de listas de libros –y algún otro (el testamento del hijo)– identificados allí hasta donde se ha podido, una excelente introducción biográfica, en la que se esclarecen aspectos muy importantes de la vida de Zurita, por ejemplo el que hemos aludido del legado de su biblioteca, el libro, decía, atraviesa momentos –para mí, al menos– de subido interés, a los que habría que asomarse con mucha investigación de campo a las espaldas: los viajes de Zurita hacia mediados de siglo (Roma, Sicilia, Países Bajos....), cuando se está escribiendo y se publica el Lazarillo; el año 1572, cuando López de Velasco da a conocer su versión castigada de la obra....
Es evidente que la autora conoce ese campo y, sobre todo, conoce adónde acudir para esclarecer, ajustar, etc. material tan rico. De hecho anuncia otro libro en prensa sobre la biblioteca de Páez de Castro, que podría completar este y que, sin duda, será un hito más en la reconstrucción de histórica del ambiente cultural de aquellos años.
Vayan ahora felicitación y noticia.

miércoles, 12 de enero de 2011

Algo más sobre Páez de Castro. Humanismo comprometido

Este humanista alcarreño que compartió tareas con lo más granado del humanismo europeo non deja de deparar sorpresas, y aun habrá más, pues su nombre salpica la documentación histórica en Roma, Trento, Bruselas.... Ya hemos dado noticia diversa en otros momentos de este cuaderno, aportando incluso documentación desconocida. Quisiera ahora añadir algo más sobre un  un manuscrito de su propiedad y en parte de su letra, el   de la BNE, conocido en parte, pues en 2006 se publicó la versión de unas páginas de Plutarco sobre préstamos, logros e intereses. No he podido tener acceso todavía a una tesis doctoral, al parecer inédita, sobre Paéz; en todo caso el comentario que añado es para la descripción total del ms., primero, y para otorgarle algún tipo de valor histórico después. Véase lo más importante en
 http://www.archive.org/details/1cartadeljuanpae00paez

Ante todo hay que remachar su autenticidad, pues va precedido (f. 1) nada menos que por una nota de Uztarroz, que lo señala, seguida de  Gayangos que señala que fue comprado en Toledo a los herederos de Bartolomé José Gallardo. Todo autógrafo. De manera que parece que se pusieron de acuerdo los tres grandes bibliógrafos para certificar su autenticidad. 
He aquí su contenido: 

Manuscrito en 4º, que se abre con la “Suma de los reyes de España, desde el rey don Pelayo” (f. 2-13; en blanco los f. 14-16), copia en limpio, aunque con múltiples lagunas en el texto debidas a perdida de hojas con texto; así el f. 20 copia un fragmento del Dotrinal de caualleros sobre las behetrías, al que siguen otros de Alonso de Cartagena y sobre la descendencia del infante don Fernando de la Çerda (f. 22-3). “Embaxadores y otros ministros del rey cathólico” (f. 25-8); el f. 39 recoge una interesante memoria de los libros que se pueden comprar en Venecia (otra letra, algunos llevan fecha 1565, lo que indica que el manuscrito fue manipulado en fechas más tardías). La portadilla del f. 30 anuncia Libro para conoscer los cauallos y Cartas entre el Comendador Griego y doctor Villalobos y, después de un f. en blanco (el 31) copia la Regla para conoscer los cauallos y mejorar las casta dellos ordenada por Gonçalo de Ayora de Córdoba (f. 33-40v), que lleva correcciones autógrafas de la misma mano que el texto. Sigue, con otra letra, “El dotor Villalobos al comendador Fernando Nuñez” (f. 40v-42v). Añade, con una medio portadilla “Nombres de linajes cuyos escudos están en el libro del señor Car[denal?] de Burgos” (f. 43-52). Y siempre con la misma letra que había comenzado a escribir en el f. 40v, “Al muy magnífico señor Francisco de Erasso secretario de su majestad real y de su consejo real. El doctor Paez” (f. 53), cuyo prólogo, de letra de Páez es el f. 53-v, pero que termina con el fragmento del f. 60; y cuyo texto se hace copiar por amanuense (f. 54-56v), pero con pequeñas enmiendas del mismo Páez. F. 57-58 en blanco y f, 59 portadilla de la traducción de Páez antecopiada. Es nuevamente Páez quien saca notas del fuero de Alarcón (f. 61-65 con su letra, que cambia inmediatamente, hasta el f. 68). El ms. termina con una “Oratio de recta puerorum...”

¿Y  por qué en 1556, desde Bruselas, Páez enviará al poderoso secretario Francisco de Erasso estas hojas sobre préstamos, logros, intereses y demás? Empieza así la versión de Páez (transcribo directamente del manuscrito y modernizo todo): 

Revolviendo los títulos de las obras de Plutarco encontré con este tratado que intituló “Que no se debe tomar a logro”; y por ser el autor tan prudente y de tanta autoridad y tan acertado en muchas partes de su dotrina moral, quise ver si aquellos tiempos eran en algo semejantes a estos. Hallé tanta conformidad en la miseria y perdición que pasos, y en los daños que se acarrean por tomar dineros a interés, que parecía haberlo escrito ayer. Assí acordé trasladarle en castellano para V.M. conociendo que sería a su gusto, según que entendí hablando a V.M. algunas veces en esta materia. Que cierto no he visto quien así tenga entendida y calada toda esta máquina de los cambios como V.M., si por su buen natural como por la mucha prudencia que con el gran uso ha alcanzado. El presente es pequeño pero v.m. juzgue que Plutarco quiso remedar a naturaleza, la cual se ingenió  muchas veces de reducir a poco peso y cantidad cosas de gran precio.
Está trasladado en latín y menos mal que otras obras de este autor, pero quien lo cotejare todavía hallará algo mejorado. Como al principio, que por trasladar “de goteras” dijo “de prado florido”; y adelante trasladó “madero” por “toca”, con la cual escapó Ulises cuando arrojó la ropa que le dio Calipso, y otras algunas cosas desta manera. Todo es poco, mas sera como fruta, entre tanto que se concluye el tratado que escribo para mi señora doña Mariana, initulado “De las señales por donde se han de conocer las enfermedades del ánimo y cómo se han de curar". El cual, si no me engaño, será cosa provechosa........ [y sigue. Véase otra transcripción: ]
http://books.google.es/books?id=XEsf9WY-qykC&pg=PA146&lpg=PA146&dq=Paez+de+Castro&source=bl&ots=FdBwIVjkw7&sig=ch28mOiOJlatHSlAP1HJ4V36e8w&hl=es&ei=7iUuTe6_MYGR4QaFuPSjCw&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=8&sqi=2&ved=0CFYQ6AEwBw#v=onepage&q=Paez%20de%20Castro&f=false
En Bruselas primero de agosto de 1556.



La versión no deja de aludir a la ruina de poderosos e incluso reyes, que terminan arruinando la hacienda y la de sus vasallos: Dice una cosa que V.M. verá ser muy cierta, que es que los ricos son los que toman a logro, puesto que se ha visto que los más poderosos reyes del mundo vinieron por este punto de perder más que reputación...
Era pertinente, era importante, era fundamental en aquella situación histórica, cuando Felipe II vendía todo lo que se le podía vender para conseguir, dinero, armar la flota, enviar tropas.... y endeudarse. No es humanismo inocente, desde luego; al contrario. Poco después difundirá Busto de Villegas su famosa protesta por la venta de vasallos –que procede de la misma situación–; al fin y al cabo era la misma doctrina de los grandes teólogos hispanos, como la  "Instruzión del padre frai Diego de Vitoria en razón de las mercadurías que se venden a fiado” (firma también fray Domingo de Soto, en el ms. 17477 de la BNE, f. 14v-5).

El humanismo del s. XVI fue, casi siempre, humanismo comprometido.