Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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sábado, 18 de agosto de 2012

Nombres, nombres....

menta en flor
Las incursiones botánicas de aficionado con pocos saberes deparan la sorpresa de los nombres, no de los latinos o de los neologismos cultos, que provienen de cuando un sabio identifica planta, flor y demás y al conseguir adscribirla a un género, juega a derivaciones sobre una tradición que tiene algo de internacional, claro; me refiero al nombre usual que muchas veces usan quienes las reconocen por haberlas visto siempre, es decir, de campesinos y lugareños. 

cañas silvestres
Casi siempre usan un nombre metafórico por similitud y casi siempre lo usan por aproximación, tan solo en plantas y hierbas comunes que no vienen ya con denominación consagrada, de modo que la riqueza nominal es un signo la escasa importancia de aquella planta o hierba, o de cómo va quedando arrinconada en diccionarios o en el habla coloquial moderna, cada vez más apartada del mundo natural.

toronjil (o melisa) también empezando a florecer
Font Quer es riquísimo en este aspecto, y además disfruta con sus paseos lingüísticos a partir de flores y árboles o que a ellos llegan. A veces, sin embargo, la misma riqueza del botánico catalán deja perderse el término que buscamos: de hecho, me he resuelto a subrayar los más raros que sí que aparecen en su riquísimo repertorio. En tratadillos más concretos se suelen recoger, con muchas vacilaciones, porque claro está que quien habla de “hierba de las ruinas” (linaria cymbalaria), así dice porque en ruinas aparece, pero otras veces puede decir en plural “hierbas de las ruinas” o puede irse a otros nombres populares, como “melena”, que también se usa. La lexicalización absoluta de estas denominaciones baila según lugares, plantas y circunstancias. Un regalo del lenguaje.

“Cola de rata” (equisetum arvense), “chupamieles ondulada” o “lengua de buey” (anchusa ondulata), “sangre de cristo” (fumaria officinalis), “aguja de pastor” (erodium cicutarium), arañuela” (helleborus fetidus o nigella damascena) o “ajenuz”, “quebrantaherraduras” (hippocrepis multisiliquosa), “arrancamoños” (xanthium spinosum), que Font Quer llama “cachurera mayor”....
Algunas pocas han logrado la consolidación léxica, como la “madreselva” (lonicera periclymenum), los “altramuces” (lupinus hispanicus), “milenrama” (achillea millefolium), “zarzamora” (rubusulmifolius), “malvavisco”.... que como el toronjil y otras muchos se nos ha ido al latín: Altea y melisa, en estos dos casos; pero son las menos, en su mayoría sirven como acicates para la imaginación del campesino o para enriquecimiento del léxico mediante la composición: “estacarrocines” (astragalus incanus), “pie de pájaro” (Ornithopus compresus), “cuatro hermanas” (cleonia lusitanica),calzones de cuquillo” (digitalis parviflora), mordisco del diablo” (succisa pratensis), “cuchara de pastor” (leuzea conifera),  "quitameriendas” (una liliácea), “pan y queso” (Teesdalia coronopifolia), “matahombres” (ilonicera etrusca), “amor de dama” (orchis morio), etc. Aunque la imaginación muchas veces ¡venía del latín o del árabe!, como en morsus diaboli, una de las que acabo de citar.

También se da la simple traslación del concepto: “calderones” (trollius europeaeus), “gallos” (serapias cordigera), etc. O adjetivación de otras más conocidas: “enebro rastrero”, “retama negra”,  “cardo de la magdalena”, “cardo borriquero”.... en donde son abundantísimas las que arrancan con “flor de...” o “hierba de...” (“hierba de las monedas, de la sed, temblona, dragoncillo, de santa Bárbara, lalda, julia, de san Gerardo, pez, de fraile, de la golondrina....), que pocas veces escapan a que preceda el nombre del género (como sí que ocurre en alverja, trébol, zurron de pastor, oreja de fraile) y en menos aún a la lexicalización (hierbabuena, hierbaluisa).
celidonias, menta, toronjil....
Las que no comparten acepción en otros campos son caso especial, por tanto, quizá de plantas más conocidas: bistorta, escaramujo, agrimonia, esparceta, aulagas, agracejos, torviscos, majuelos, enabios, piornos, jara, genciana....  aunque tampoco estas dejan de tener otras denominaciones. Las circunstancias y mezclas de cada una de ellas producen un sinfín de situaciones peculiares, cuyo análisis no puede realizarse cumplidamente en espacio breve.
El caso es que esas otras muchas circunstancias y denominaciones permiten que el paseante o al aficionado puede ir señalando aquí y allá: "parecen jacintos, orquídeas, campanas, lirios, bolitas, abejas, monedas, caballos, pajaritos, conejos, gitanos, hisopos, farolitos, botones, etc." Y acertará, como en algunas de las ilustraciones que van con esta floración de nombres –que he repasado, una vez redactada, en los índices de Laguna y Font Quer– y he ilustrado someramente cano algunas de las que me rodean: en una de ellas forman remanso toronjil, menta y celidonia; en otras asoman los olores del orégano, la lavanda, la salvia (aragonesa) y la hierbabuena....
Nombres. Se puede jugar con los nombres hasta el infinito. 


Hortensia

Termino la entrada con dos variedades exquisitas de hortensia (sí, de hortensia) del jardín de mi buen amigo y vecino Mario: me ha prometido un esqueje.


martes, 22 de febrero de 2011

Jardines de Lope

camedros
Rafael Osuna señaló la riqueza de "bodegones literarios" en la literatura clásica española, en un hermoso artículo de Thesaurus, del BICC, en 1968, que ahora cuelga de la red.
Traigo uno de esos bodegones –no pudo Osuna citar todos, claro– de Jerusalén Conquistada  (Libro XVII, reproduzco la ed. de Sancha).

 

napel






Lo mejor, ahora, es que podemos no solo anotar la definición léxica, sino encontrar e ilustrar con su imagen. Los nombres, en efecto, ocasionaron bastantes quebraderos de cabeza –particularmente los "minosoles"– a los lexicógrafos   (V. BRAE, 28 [1948]; Isaías Lerner lo anota como arcaísmo léxico del español de América). Hay que insistir  en que muchas veces el buen Lope utilizaba, al igual que Polianteas, repertorios de botánica de la época; aunque era un  fino conocedor de plantas y flores. De hecho en esta sencilla entrada al bodegón hemos ilustrado  algunas de las denominaciones más difíciles, como camedros, napeles y balsaminas. A veces se trata de pequeñas deformaciones fonéticas que indican el uso de Lope de repertorios latinos, así por ejemplo, la "altamisa" o "artemisa", el abrótano pareja de la santolina. Y el "penses" será sencillamente nuestro actual "pensamientos". En otros casos la búsqueda léxica ha de seguir otros caminos –quizá vía Font Quer–, como el de la última ilustración, que indica  que las balsaminas son una variedad de las "alegrías", aunque en otros lugares se aluda a una variedad de "camelias".
En todo caso, nada que envidiar los bodegones de Lope a los de Juan Van der Hamen.