La nota va dedicada integramente a don Diego, del que he localizado una carta bastante emotiva, de cinco folios, con referencias muy directas a su caída en desgracia y su desamparo; se trata de la "minuta", en este caso con el significado de 'copia para que la trasncriban en limpio', dirigida a Pedro Faxardo y con alusiones constantes a Ruy Silva, con el que se dice que mantiene correspondencia. Ruy Silva, como es bien sabido, prometido o casado ya con la futura princesa de Éboli –una Mendoza– era uno de los nobles de confianza de Felipe II, con quien se había educado. La carta no es autógrafa, sino dictada a amanuense; pero sí es original (las ilustraciones muestran la primera página y un fragmento citado).
La carta, como el resto de la documentación que he ido acumulando, no se podrá publicar in extenso en el artículo "Sin que de mi nombre quede otra memoria", que aparecerá ya muy pronto en el número cero de la revista Manuscrt.cao, en nuestro portal EdoBne.com. Probablemente haya que ordenar esa documentación y publicarla o darla a conocer en libro o en lugar abierto, ya veremos. Y con indicación de los diversos corpi documentales; ya que semejante tarea o es muy larga o ha de ser acometida por un equipo.
Otra de las ilustraciones es la de un retrato de Paulo III por Tiziano. Las alusiones de Tiziano al embajador don Diego son constantes en su correspondencia; y las diferencias y enfrentamientos del embajador con el Pontífice nos han dejado también un regular corpus documental, esta vez más conocido. Probablemente don Diego fue el responsable o quien alentó la ejecución de los famosos retratos de Carlos V a caballo, e incluso el de Felipe II, ambos del pintor veneciano, bueno, educado en los talleres venecianos de pintura.
Finalmente, traigo a ilustración el lujoso privilegio concedido a don Diego que se conserva como joya en la BNE.
Y me quedo con las ganas de cerrar las ilustraciones con el bellísimo retrato de una portuguesa, la princesa Isabel, cuyo cuadro, si he leído bien las cartas de Tiziano, entregó el pintor a don Diego y le escribió al Emperador que "ya le dirá don Diego lo que hay" de ese retrato, sus cualidades, etc. Hoy está en el Prado y, cuando me pongo triste por razón desconocida, intento verlo para enamorarme un poco más de su serenidad y belleza, y así compensar dulzura y melancolía. Sabido es que la princesa había muerto (en 1539) y que Tiziano recurre a un cuadro anterior de pintor menos primoroso... y al recuerdo de su belleza entre las gentes, que soñaban con ella, como ahora hago yo. Tiziano ejecutó el cuadro en 1545, cuando don Diego era embajador en Roma.