Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

Mostrando entradas con la etiqueta el Papa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta el Papa. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de octubre de 2010

El Papa me persigue. Me voy de Santiago

La Magdalena desmayada, de Guido Cagnacci (Palacio Barberini, Roma)
Hace poco llegué a Palermo en un avión lleno de gente joven, vestida con extraño uniforme, y en el viaje del aeropuerto al centro de la ciudad tuve que arrastrar maletas porque las calles estaban cortadas y su santidad hablablabla ante una multitud de frailes y monjas vestidos a vieja usanza, mientras los jóvenes entonaban canciones. Ya es demasiado, sin embargo que a mí se me ocurra venir a Santiago a cumplir con mis deberes académicos y su Santidad se me venga también, coche blindado por delante, a revolver canónigos. O sea que me voy. Si se trata de un intento diabólico de conversión, aconsejo que mejor se me envíe a una buena magdalena, de preferencia la del cuadro del palacio del Cardenal Barberini en Roma –en éxtasis, desmadejada, sin darse cuenta de que estábamos mirando...., 
de Guido Caznacci– Que me voy. Por cierto de aquel encuentro en el autobús del aeropuerto con una fan papal surgió un romance correntío, que no divulgué por subido de tono, y que a lo mejor va más tarde.
Santiago. De noche, con un poco de lluvia, las calles de alrededor de la catedral llenas de gente –tapeo–, grupos de peregrinos luciendo bastón, calle arriba y calle abajo... así estaba Santiago al empezar este otoño: ciudad grata que, además, cuando recoge la luz purifica los colores y cobra una luminosidad que es difícil de encontrar si no es en Galicia.



Cuando se viaja de norte a sur o viceversa los contrastes se hacen más llamativos, sobre todo si no paras en las tierras de transición –norte de Burgos y Palencia, sierra de los Ancares, parte del Bierzo...–: la humedad de la piel, el olor a verde (muchas veces hierba cortada), la luminosidad cuando al sol le da por salir, todo un conjunto de elementos que configuran una sensación: estar en el norte. Hoy viajaré desde Santiago –toda la noche el ruido de la lluvia– al norte de Cedeira; y mañana volveré atravesando Orense para reencontrarme con el Bierzo y las tierras de León y Zamora. Ha estado sin llover varios días en esos lugares, y el otoño –la estación más “pobre” en la meseta– ha permitido algunos dorados y ocres, que se irán rápidamente con las borrascas de esos días.




Las visitas a Santiago, nocturnas, porque la reunión de filólogos e historiadores en la Universidad iba de sol a sol, 48 horas muy intensas, que terminaron ayer con mi charla sobre la poesía de Quevedo y las conclusiones y despedida de dos de los organizadores, Jean Pierre Etienvre (Casa de Velázquez) y Alfonso Rey (Universidad de Santiago), además de la Sorbona Nouvelle (Pierre Civil). Presenté el programa, que se ha cumplido casi en su totalidad, en página anterior. Va una instantánea de una de las sesiones, en la sala de grados de la facultad de Letras o de Filología, a cuya salida tomé la foto de las bandadas de estorninos y, en otra ocasión, la de la luz, la de la sencilla escena del jardín con sol.


domingo, 3 de octubre de 2010

El Papa y yo en Palermo


El santo Padre y yo hemos coincidido en Palermo, él para canonizar, evangelizar, predicar, etc. y yo para asistir a una reunión histórico-filológica, cada uno para sus cosas, pero las suyas han tenido mayor predicamento porque han impedido hasta que alcanzara el Hotel en taxi, y Miguel Ángel Bunes y yo hemos caminado a lo largo de la vía de Vittorio Emanuele, buscando nuestro hotel, que en mi caso ha resultado una preciosa casa antigua, con dos o tres habitaciones, una de las cuales, la mía, se asoma la Vía citada, muy cerca de la plaza de los Austrias, la de los cuatro cantones, de la que hablaré: porque yo he venido un poco por culpa de los Austrias, que aquí pusieron al Duque de Osuna como virrey (1612), quien se trajo de amigo, confidente, secretario y compañero de correrías a Francisco de Quevedo (en 1613). Al lado, una plaza historica ("di Bologni") se adorna con un Carlos V tardío, del xviii, sometido a cura de adelgazamiento, de color cobalto y gesto de paz, mano extendida: muy raro.




Mientras escribo estas líneas Giuseppe Mazzocchi trabaja en el distribuidor de nuestra hospedería: ocupa la habitación vecina. Y el ruido de la calle trae canciones juveniles y religiosas. Me he asomado: son cofradías o grupos de gente joven que canta y que vuelven de su encuentro con el papa: la primera impresión de esta ciudad y de su ambiente es, desde luego, mediterránea, extrovertida y bullanguera. Eso sí, tomada está por hábitos de todas la órdenes, calles, terrazas, tiendas... Los laicos somos minoría.

El viaje, accidentado, pero merecía la pena ver las alas del avión desplegadas sobre el mar, la costa italiana atrás.