Cuando no pueda
recorrer en bici
las cuestas del
Retiro y los senderos
–plazoletas con
niños, marionetas,
patinadores, damas,
vendedores,
parejas escondidas
en la hierba,
gimnastas
sudorosos, extranjeros,
músicos
ambulantes, paseantes
perdidos, chuchos y perros de raza;
cuando no pueda
ser uno más, uno
de los que forman
la marea humana
que corre por las
venas del Retiro
recogiendo las
risas de los juegos;
cuando entonces mi
vieja bicicleta,
mientras sucede
entonces, el Retiro.