Que de sus tareas académicas y críticas (catedrático en la univ. Pompeu Fabra de Barcelona, premio nacional de traducción, reconocido gongorista...) ha pasado a recuperar la guitarra y acentuar la veta creadora, que siempre tuvo, para estos recitales, que desde aquí pregono, con mi aplauso y admiración.
Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.
Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno
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martes, 16 de septiembre de 2014
lunes, 8 de septiembre de 2014
Libros, libros, libros....
Una edición nueva de Castillo Solórzano, Noches de placer, de 1632, con amplio estudio previo. La reunión de trabajos menores de José María Micó.
Muy interesante por el tema que aborda, el libro sobre las jácaras de María Luisa Lobato, que habrá de recibir recensión más demorada y sesuda....
Me gustaría terminar con La voz en pie, breve conjunto de poesías de Gracia Morales (en Granada, Dauro), que acomoda el verso conversacional a la vida cotidiana y circunstancial, pero que dota a esa existencia de densidad, sensibilidad y compromiso, escorzo que no es fácil de realizar sin incurrir en el pastiche o la grandielocuencia.
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Víctor García de la Concha
lunes, 5 de agosto de 2013
El caleidoscopio de JMMJ: clásicos y milongas
Si tuviera que recomendar una buena pluma –poesía, ensayo, crítica....– en el amplio panorama de las humanidades peninsulares, casi con toda probabilidad encabezaría mi lista con José María Micó, al que no sé cómo voy a definir en los párrafos que siguen, si como profesor, como italianista –creo que con casa en Florencia–, como gongorista, como poeta, como persona equilibrada de juicio oportuno y limpio. Suelo recomendar en mis clases su edición del Polifemo gongorino, como la más ponderada –ni mucho ni poco– para disfrutar del poeta cordobés.
Acaba de reunir en uno de los volúmenes que ahora reseño sus prólogos, páginas, breves enfoques de sus clásicos: de Petrarca a Eugenio Montale,, pasando por Ausias March, Ariosto, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez... Se leen con gusto, no buscan la exhaustividad del erudito, ni la contundencia del juicio profesoral, pero tampoco divagan insustancialmente, en realidad son un paseo adecuado desde alguna perspectiva sencilla, acertada. La costra teórica y erudita se la reservó JMMJ en el momento de empuñar la pluma.
Casi al mismo tiempo, aunque es más temprano y me ha llegado con retraso, recibo el librito de poemas, el Caleidoscopio, de uno de cuyos poemas me sorprendí hablando hace poco –en Buenos Aires, con Pedro Taravacci, de "Ver a Marta nadar". Hay una cierta congruencia entre el tono del ensayo y los madrigales –por la forma– y las silvas del libro poético, en el que se suceden para dar razón del título (que es el de otro poema) otras modalidades: pentasílabos, tangos, poemillas de uno, dos o tres versos; cuatro fragmentos en prosa, una versión bilingüe (italiano también), pero todo envuelto por los madrigales-silvas, que en el juego de su poema inicial-final ("Generación") aceptan el alejandrino, el mixto por cierto, aunque en el final el remate sean dos versos que en el inicial faltan ("Mi mano es una perra caliente que te muerde, / y ya no queda sitio para sus dentelladas"). El lector puede ir del uno al otro y "abrochar" el libro. En su conjunto, un gesto atenuado que busca decir lo que importante sin redondear la expresión.
En postal me ha llegado una milonga –en realidad es un tango, que está en Caleidoscopio, pero también ha escrito milongas, claro–, porque JMMJ se va muchas veces de ironía y picos pardos –ahora sé de donde proviene ese juego tipográfico–; el tango tiene forma de cuartetos liras asonantadas, (yo suelo preferir los pasos 5 + 4 + 4), con su sabor, sin embargo, casi rudo, a punto de teatral, que es otro de los tonos de su poesía.
Me quedaría un taconazo para cerrar esta entrada; pero como seguirán versos y prosas de JMMJ, vamos a dejarlo abierto.
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sábado, 6 de abril de 2013
Poesía latinoamericana
De entre las publicaciones recientes, doy referencia de tres antologías importantes, de distinto signo, pero las tres han echado las redes sobre ese inmenso mar de la poesía latinoamericana –empleo el término cuando también aparece la brasileña, como es lógico– y ayudan a entender áreas y tiempos diversos.
La Poesía peruana 1921-1931.... en ed. de Marta Ortiz selecciona un rico corpus de 30 poetas, más Vallejo, lo que para una década no es baladí, antes bien ha de proceder de un estudio y conocimiento detallado de la historia –y de la literatura– de esos años, ciertamente menosvalorados a juzgar por la riqueza, variedad y en bastantes casos calidad de unos u otros (Carlos Alberto González, Alberto Hidalgo.... ) En su conjunto manifiestan una clara conciencia del lugar histórico por el que atraviesan, reflejan cabalmente movimientos y modas literarias (Carlos Oquendo), casi nunca renuncian a expresarse a través de sus propios signos de identidad (sean léxicos, geográficos o ideológicos), a veces centrales (Guillermo Mercado, Miro Quesada....) y soportan con dignidad la invasión de las formas nuevas, desde la prosas hasta los juegos tipográficos (José Alfredo Hernández), aunque asome algún soneto (Enrique Peña, César Atahualpa.... ), hasta octavas desfiguradas (Juan Parra), y quintetos modernistas (César Atahualpa Rodríguez) entre otras perlas.. En común resumen muchos rasgos, quizá los más llamativos el riquísimo lenguaje empapado de surrealismo, a veces con tonos irónicos, y el aliento revolucionario, nunca con tanta evidencia como en Serafín Delmar, aunque la "revolución" es bandera y motivo de muchos versos. Las resonancias son a veces tan curiosas.... ¿habrá leído en 1926 Alejandro Peralta el Romancero gitano de Lorca?: Los gallos / engullen el maíz de la alborada / i acribillan las navajas polítonas....
Cierto es que de ese conjunto emerge como una isla, naturalmente, en su contexto, la voz de César Vallejo. Y ahora se le lee mejor, se le comprende mejor.
Aunque la segunda antología se denomina Puertas abiertas. Antología de la poesía centroamericana, se recogen poetas de seis países, nacidos casi siempre con posterioridad a 1937, algunos muy jóvenes (Gustavo Campos, Carlos Fonseca Grigsby, Javier Alvarado...) Por su propia dispersión, a pesar de todo, resulta más difícil de identificar; o dicho desde perspectiva contraria: es muy rica y cumple como copiosa antología.
Una veintena de grandes poetas brasileños se antologan -en edición bilingüe– por José Javier villarreal: Mário de Andrade, Jorge de Lima, Mario Quintana, Vinícius de Morais, Lêdo Ivo, Haroldo de Campos, Roberto Piva, etc. Buena guía para no perder, al menos, lo más importante.
Terminaré la recensión –casi obligadamente– con una hermosa y cuidada edición del patriarca, de Rubén Darío, presentada por José María Micó, en la que se recogen, bajo la etiqueta de "Poesía esencial", sus tres libros fundamentales: Azul..., Prosas profanas...., Cantos de vida y esperanza.
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