Pues cuando vengan a decirnos algo
responderemos sin pensarlo mucho
con lo primero que se nos ocurra
vaciando el contenido del discurso,
sutilmente impreciso, vago, ambiguo,
solo sonido, sin sustancia alguna,
exageradamente modulado
para comunicar nada de nada;
dejando claro, sin embargo, que
todos los otros se han equivocado,
que está en nuestras manos arreglar
aquello sobre lo que se discurre
y que por arte de birlibirloque
ha desaparecido de la cháchara.