HAN GANADO LOS MALOS

Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

miércoles, 22 de febrero de 2017

lunes, 20 de febrero de 2017

El ritmo de los sáficos, recobrado

toda la tarde    para ti      rendido
la tarde toda       para ser amado
los besos van     rompiendo      las palabras
en los ojos los cuerpos     y en las manos

toda la tarde       para andar la piel
el que se entrega ser     y el entregado
como la lluvia     cuando se abre al viento
como la espiga     cuando ya se ha alzado

toda la tarde     que encendió     la espera
sabor de mar      al devorar tus labios
donde termina mi ansiedad       se llega
y donde se abre tu ansiedad     llegado

gime la noche     sin saber qué ocurre
que nada quede     sin quedar amado



jueves, 16 de febrero de 2017

miércoles, 15 de febrero de 2017

Marín Sorescu


En mi reciente viaje a Barcelona he sabido –a través de Corina Oproae– de una nueva (¡segunda edición, notablemente enriquecida!, 2016) de una Antología poética, de Marin Sorescu, en traducción de la misma Corina Oproae y de Xavier Montoliu Pauli, con prólogo de Francesc Parcerisas (Palma de Mallorca: Lleonard Muntaner, la primera edición había sido de 2013).
Hace unos diez años ya nos había mandado María Hernández, desde Barcelona, dos hermosos poemas ("Capricho" y "Ajedrez") en versión de Virgil Ani. Los publicamos en el número uno (2006) de la Nueva Revista de Erudición y Crítica (va el facsímil).


El lector puede leer –y disfrutar– de los tres textos: el rumano, y las dos versiones.



martes, 14 de febrero de 2017

Mimosas





Son de febrero. Aparecen primero discretamente coronando los árboles, sobre todo las ramas que recibieron el sol invernal. Esta vez no las he descubierto en el camino, como otras veces, me han sorprendido, tempranas, como siempre, en un balcón de una preciosa tienda de la calle Asturias de Barcelona.  Allí no podía olerlas, claro, de manera que cuando me las volví a encontrar a la entrada de un restaurante de barrio en Gracia, también en Barcelona, sí que pude olerlas. 


Dentro de poco podré comprar un ramo –cuando haya más y bajen de precio– que dejará que su amarillo fresco y débil se torne poco a poco cobrizo. Y entonces, porque han cogido polvo, las quito: es otra manera de medir el tiempo, o que el tiempo mida mis estaciones. 
Mimosas.




El MACBA


El MACBA  es un espacio donde estar, ante todo. Los visitantes terminan por tumbarse en los sillones y taburetes del primer piso mientras piensan y asimilan lo que acaban de ver, que son, por lo general otros espacios dentro de este remanso blanco de rampas y superficies lisas, en cuyas salas sin puertas se esconden con la mayor generosidad del mundo, objetos, documentos, fotos.... todo tiene que ver con ese desbordamiento del arte actual, que fagocita todo, en el momba para intentar que el arte no huya a una contemplación sin historia, es decir, a lo que muchas veces ha sido. Ese inmenso tirón hacia la gente, la sociedad y la historia que devuelve al arte a un lugar mas cercano.... aunque el paseante experimente un desconcierto total, porque la vuelta no es "real", conserva un aspecto del viejo arte: la libertad y la imaginación.



He recorrido pacientemente -porque lo expuesto puede herir, irritar o desengañar- las exposiciones temporales. La gelatina dura. Històries escamotejades dels 80. La de Miralda madeinusa. Y me he asomado a varias salas más de la colección Macba. Por cercanía y conocimiento ha sido la primera, una muestra sobre todo documental de lo que pasó a partir de los 80 (1980-2000), lo que más me ha interesado, como si un nuevo recorrido se tratara de todo el proceso histórico a partir de la muerte de Franco (1976). 


 Y luego me he tirado en uno de los sillones, para escribir esta nota, mientras leía el mural: "algunos objetos de deseo + algunos objetos necesarios + algunos objetos sin interés- aquellas cosas que se nos escapan % una fuerza mayor = algunas cosas".





viernes, 10 de febrero de 2017

El Madrid de las exposiciones y museos

Reparte no sé si el Ayuntamiento o la Comunidad unos acordeones –desplegables– con muchas de las actividades que tiene lugar en Madrid:está bien, pero es irregular y equívoco en algunos casos, hay que andar con tiento: la exposición de Sicilia se había terminado el 5 de febrero...., mala suerte. El artista, lo digo en homenaje simpático, había ilustrado la edición que la imprenta artesanal hizo del Cancionero y Romancero de Ausencias, de Miguel Hernández, preparada por Pablo Moíño y por mí. De manera que me escapé corriendo para poder ver la de la Imprenta artesanal, en la calle Concepción Jerónima, que se anunciaba con un bonito grabado del Madrid viejo y el goloso título de: "La Corte de las Letras. Miguel de Cervantes y el Madrid de su ´época". Nada de nada. En sala alta de tan hermoso espacio se habían ordenado unos cuantos dibujos, varios retratos y un montón  de libros de época. Los dibujos, insulsos; los retratos (Cervantes, Quevedo, Lope...) tardíos y falsos; los libros, elegidos a la buena de dios, sin que tuvieran mucho que ver con Madrid. Eso sí, el espacio –pisos y taller de abajo– sigue siendo el lugar adecuado para saber cómo se hicieron los libros; pero de eso ya hemos hablado.


De allí me escapé, por si me daba tiempo, al CNARS, el Reina Sofía, andando, para ver una vez más, al ladito, en la misma calle, el lugar en donde estuvo la casa en la que en algún momento residió Velázquez, con la grata sorpresa de que, en la de al lado, repintada de mostaza, se ha colocado placa nueva para recordar que fue la casa del Abate Marchena. Muy bien. Madrid es historia, sobre todo historia. Fui por la calle Magdalena y recorrí otra vez la calle de Santa Isabel, hasta desembocar en la feísima plaza (que no tiene nombre, por cierto), a pesar del viejo hospital, de sus ascensores trasparentes y, sobre todo, del palacio Sabatini, que alberga el Conservatorio de Música, al que también dediqué una viñeta en este blog.


Llegué tarde al CNARS y pregunté, para no perder tiempo, que donde estaba la exposición de Bruce Conner.... pero se abre el 22 de febrero. De manera que deambulé por las hermosas galerías de ese espléndido lugar (¡qué suerte y qué buena idea convertirlo en museo!), buscando el amor de algún cuadro, y me entretuve contemplando el patio central, con los árboles recién podados. Buscando mis amores pasé por esas salas con presura, y yéndolas mirando, delante del Guernica, había una turba. Descansé en la salita de Solana, por ver si andaba por allí el  Ciego Fidel (sí el de Los Cuernos de de don Friolera, ¿todavía no lo ha explicado nadie?) y me entretuve mirando como Valle se lucía por el Paseo de Recoletos.


 Antes de salir tomé una foto de la Barceloneta –anónimo– a finales del siglo XIX, porque mañana, allí iré a cenar. ¡Cómo ha cambiado!