HAN GANADO LOS MALOS

Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 23 de mayo de 2015

Conciertos en Madrid



Poesía en Madrid


jueves, 21 de mayo de 2015

Disquisiciones del jardinero. Que por mayo era por mayo


Campo de toronji
Trepa la glicinia por el hórreo


La primera foto inmediata de arriba muestra, de modo algo dramático, lo que ha pasado con el arce dorado, una de las joyas de un jardín norteño, cabe Cedeira, mar por medio de Nueva York:  se ha secado, en lo mejor de su edad (tendría unos diez años) y ha dejado, como mostraré enseguida una rama, un brazo lateral, que no se sabe muy bien lo que pide. No hay que engañarse con el arbusto seco que detrás se encarama por la escalera del hórreo –auténtico, con sus lajas de piedra–, ya que se trata de una buganvilla, de floración muy tardía y que ya tenía botones. Detrás de la buganvilla, la deutzia, que habrá florecido en abril, a mediados, se ha quedado como una gran mata verde, con algunas flores blancas, todavía, casi a ras del suelo. Los otros verdes más abultados son, a la derecha del que mira, un árbol de júpiter, que lucirá color en otoño; y a la izquierda, una camelia de flor roja, que ya terminó su floración, como suele ser normal. Para que la disquisición del jardinero se complete, he aquí la foto del arce dorado, mejor, de la rama que ha sobrevivido. Lo que hay detrás es una glicinia o glicina (se dice de las dos maneras) que habré de cortar para que no derribe el hórreo.

La rama dorada del arce
Se paliará la pena admirando la floración de las celindas, que han ocupado fachadas y cuyos ramos han dado olor a las habitaciones; son mayores que las madrileñas del Retiro y alcanzan, también típico de este lugar, una altura exagerada, hasta el punto de que asoman por encima de los tejados.

celindas en la fachada


El lugar y la casa parece nevado, porque a las celindas se han unido los manzanos, que andan sin podar y no darán más que nieve, en algunos casos agobiados por los árboles autóctonos, sobre todo por un inmenso castaño de un ferrado hacia el que mira la casa, antes de mirar al valle de Santalla.
El blanco tiene su expresión más exquisita en el camelio de flor doble, que está siendo avasallado por un avellano, que habré de podar (no me ha dado tiempo). Los avellanos necesitan humedad, y en esta tierra crecen soberbios.


La flor del manzano
También es blanca –hay dos variedades, la que muestro es la blanca y no la negra– la flor del saúco, uno de esos árboles autóctonos que crece por doquier, como el laurel, y se llena de coronas bien olientes, y mágicas, al decir de la tradición. Es inútil podarlo, renace siempre; solo se puede controlar, por ejemplo para que no se quede con todo el sol que tiene que llegar a los limoneros, de los pocos que en este año de heladas han dado fruto, porque los planté al abrigo de las tormentas que los hombres del tiempo nos traen desde las Azores, y que yo veo llegar y pasar camino de los secarrales de Castilla. Y obsérvese que detrás del limonero se levanta una higuera pequeña: la derribó el temporal hace unos años y ya está creciendo con fruto; me dicen los labradores que para junio será la primera cosecha, manjar de cuervos y otras aves.

El saúco

Canelias
Y claro que hay notas de color: las fucsias, rosas, el amarillo del jazmín de invierno..., pero sobre todo la gama de flores silvestres, que han estallado por todos lados.

Fucsia (capullo)


Al margen de la floración, que anda de travesía (secaron las lilas y las azaleas, no han llegado las hortensias ni el heliotropo, trasiegan los jeranios...), lo más llamativo ha sido el crecimiento de árboles y plantas trepadoras: los enhebros, el tejo dorado, los campos de toronjil ("melisa", ahora), los laureles, el estramonio, las variedades de pinos –el que mejor va, aquel del que robé un esqueje en el jardín de Carreira–, el mirto, los abruños, las tuyas, la aucuba, las olorosas (romero, lavanda, etc.), y entre ellos la parra que ya ha alcanzado el tejado y está tapando las ventanas.





El viajero discurre y discurre, pero no tiene tiempo para ordenar huerto y jardín. Por eso discurre, lo cuenta y se lamenta. Dentro de poco ha de irse a lejas tierras, otra vez.



miércoles, 20 de mayo de 2015

La estela del surrealismo


A nadie le extraña que en la expresión de cualquier tipo –artística o no– aparezca la veta surrealista, es decir, la expresión que no sigue parámetros reales y prefiere la distorsión de los soñados o aparentemente soñados. El elemento o la distorsión surrealista ha quedado integrado en nuestro patrimonio expresivo, naturalmente. Eso sí, además de haber tenido una larga historia, explotó como moda durante los primeros años del siglo XX y produjo una oleada artística –y literaria– que se llamó así, "surrealista". Desde entonces podemos decir más cosas y mediante más procedimientos. La tradición artística se alimenta por esos hallazgos, que a su vez provienen del curso de la historia, de una o varias formaciones sociales. La historia siempre explica el arte, cualquier arte.

Lo que resulta algo más extraño es que aquella explosión se reproduzca de modo semejante en otras circunstancias, tiempo y lugar. Porque es imposible que la formación social se reproduzca hasta el punto de generar elementos igualitos; en estos casos funciona lo que se suele llamar la "tradición literaria".


He visitado en Santiago de Compostela la Fundación Eugenio Granell, polífrago y artista surreal santiagués, fallecido no hace mucho, que ha dejado este maravilloso palacio, biblioteca arriba, salas, escaleras nobles, instalaciones perfectas.... de menor contenido, a pesar de la exposición temporal de Philip West, y de algunas humoradas de Man Ray (con el pisapapeles de Priapo suyo acaba esta nota) y otros amigos.





¿Cuántos modos de expresión serán todavía posibles? ¿Qué es lo que no hemos descubierto todavía y que puede ser sencillo, natural, normal?



martes, 19 de mayo de 2015

De Cedeira a Santiago, "para sus casas se inventó la piedra..."




Piedra y jazmín terminan en la fuente
donde los niños del colegio juegan,
Santiago te sorprende de este modo,
para sus casas se inventó la piedra.

El menú: caldo  xoubas   requesón
patatas y lechuga de la tierra,
un vaso de ribeiro nada más
y el sabroso café que trajo América.

Hoy peregrino entre otros peregrinos
del jardín he llegado de Cedeira;
ayer estuve disponiendo todo
los términos cambié para la vuelta:

dejé los libros que me traje entonces
y he llenado de limones la maleta.





lunes, 18 de mayo de 2015

La ruta de Galicia


I
cabañas y pinares de Segovia
cielo azul que se afila en la meseta
y una línea quebrada al horizonte
con las cumbres nevadas de la sierra

el viajero por fin lee el periódico
despacio, casi todo lo que cuenta:
gabilondo, que engaña, como siempre;
y Luis, descolocado, no se encuentra;

lo del pp no me interesa mucho,
ya me sé de memoria lo que piensan;
la gente va a votar de forma extraña,
lo dijo Sácristán: “¡qué país de mierda¡”

Tantos campos cuajados de amapolas.
A mí lo que me da es mucha pena.

II
En el tren que bordea Portugal
primavera me lleva de la mano,
los cristales enmarcan los paisajes,
los pueblos se suceden y los campos;

del verde va brotando el amarillo,
el trigo todavía no ha espigado,
a veces viene aroma de tomillo,
a veces el recuerdo o el cansancio;

Medina tiene un aire muy antiguo,
el duero enseña huertos bien regados,
Zamora se encarama si la miro,
en Sanabria la magia de su lago...

Muy pronto llegaremos a Galicia.
Horizonte de mar. Final cercano.


III
El tren de Orense va como una bala,
a su izquierda le está siguiendo el Miño
en un túnel cercano le abandona
y se dirige luego a Carballiño.

Ha cambiado la gente y el paisaje:
Lea, Lalín, Silleda... caseríos;
la jara ahora son tojos y brezales,
entre bosques de robles y de pinos.

Los avisos del tren, en varias lenguas,
mientras yo abro mi IPad y estudio chino;
de vez en cuando fresnos y castaños,
prados, viñedos, montes de eucaliptos.

Estamos en Galicia, huele a hierba;
el color de la tierra se ha perdido.







domingo, 17 de mayo de 2015

Los ojos lunares



。。江 清 月近 人 (Mèng Hàorán)


Los ojos de Sabana son dos lunas

rasgadas por la noche en una esquina,

dos gajos que se se esconden de las sombras

y encienden lo que ven y lo iluminan;



la pintura transcurre en lejas tierras:

luna beben los dos, luna y tequila,

la piel se endulza y a las manos llega,

y entre las manos crecen las caricias.


Embriagados de luna cambian vasos,

abren los labios y en los labios brindan;

allí donde las manos se han dejado 

la piel espera tersa y encendida.


La luna se ha perdido y ya no sabe.

La piel estalla, la noche suspira.