HAN GANADO LOS MALOS

Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

martes, 9 de febrero de 2016

andará en los versos

lo que queda de mí andará en los versos
si algo fue    no será     lo que decía
cada gota de tiempo     forma el barro
mientras labra        distancia y lejanía

ya no te paras a mirar      lo que
hueca   canta      la voz      triste y vacía
mendiga en los rincones del silencio
restos      huellas de luz         y melodías

el tiempo va       asustado de su paso
se extravió en las secretas    galerías
vecino solitario de las sombras
pensando a dónde fue lo que quería

inmensamente diminuto aquello
que la canción      soñó          que la  poesía



viernes, 5 de febrero de 2016

Miguel Hernández, edición de Clásicos Hispánicos

Acaba de aparecer edición del Cancionero y romancero de ausencias, de Miguel Hernández, en Clásicos Hispánicos. Edición de Pablo Jauralde y Pablo Moíño.

martes, 2 de febrero de 2016

Jornada en la Biblioteca Nacional de España, Alonso Zamora Vicente

Como suelo hacer todos los lunes, he ido a la Biblioteca Nacional de España (Madrid), en donde cumplo tareas que parecen no acabarse nunca. En la verja de la entrada he visto a Marta Ortiz y Carolina, dos antiguas alumnas; la primera acaba de comisariar (¿existe este verbo?) un exposición sobre el Inca Garcilaso; la segunda, probablemente siga trabajando sobre Galdós. Creo que las dos tiene algún tipo de trabajo en la sala Cervantes de la propia BNE, pero no sé de qué ni en qué condiciones.  



Luego, al entrar en la BNE, justo en la sala primera que distribuye espacios, he visto una cartel –el de la foto– que anuncia el centenario de Alonso Zamora Vicente (había nacido el 1 de febrero de 1616); su mirada burlona con la cabeza ladeada y un ligerísimo movimiento de cejas, detrás del cual se esboza una sonrisa, era uno de sus modos de saludar y de estar. He seguido hasta la sala Cervantes con su mirada detrás. Y en la sala Cervantes he estado trabajando –comida de por medio, con María, otra antigua alumna, ya doctora, y he podido intercambiar impresiones con Laura –otra antigua alumna, ahora en Pavía– que forma parte del Consejo de Redacción de Clásicos Hispánicos. Tanto Pilar como Cristina, en la sala, me han ayudado con problemas bibliográficos, para localizar la digitalización de los dos volúmenes de la Biblioteca Oriental, de Luis Vindel, por la confusión de nombres (Francisco, Luis, Pedro....) y porque el bibliógrafo, que los había empezado a publicar en 1902, los insertó luego en colecciones mayores. Incluso he tenido que escapar un rato a la sección de Bibliografía, en donde he charlado con Eduardo y Félix sobre esos libros y sobre el portal de hispanoamericana que han abierto.  Y cada vez que cruzaba la sala de entrada, don Alonso me seguía con la mirada entre curiosa, burlona y afectuosa.


Es la misma que recuerdo cuando, al volver a España, me concedió un par de minutos en un pasillo de la Complutense, en medio de varias citas –recuerdo que me precedía Enrique Miralles–: yo buscaba un director de tesis, pues venía de Salamanca, adonde hube de irme después de manifestaciones y depuraciones estudiantiles, había conseguido terminar la licenciatura en Madrid y quería un tema de doctorado: Mateo Alemán.  Lapesa, con quien había conectado bien, estaba rodeado de miles de alumnos y colaboradores, entre ellos algunos de mis antiguos compañeros: Marcos Marín, Ariza, Carmen Monedero...
Mi relación con Alonso Zamora prosiguió, desigualmente, durante muchos años y se acentuó poco a poco, a medida que él entraba en la espiral de cargos, tareas, obligaciones... Merecería muchos capítulos, que no son de aquí; pero se incrementó especialmente durante los últimos diez o quince años, cuando –ya en Madrid, había estado en Granada– comencé a colaborar en la editorial Castalia, enfermó su mujer y se fue a vivir a una casa en La Granjilla, a unos 20 kms. de Madrid. Me integró entre sus colaboradores de la Escuela de Verano, en donde conocí a Jesús Lobato, Carmen Megía, Pedro Peira, los dos Juanes... Y luego asistí a una especie de desmantelamiento, cuando se fue de la RAE –de la que había sido secretario–, dejó en mis manos la colección de Clásicos Castalia y se retiró a cuidar a María Josefa Canellada, su mujer, enferma. 
Durante los años finales acudía a su casa, le ayudaba y trabajaba con él Mario Pedrazuela, que como alumno mío en la UAM, trabajaba en "los lunes de la BNE", mi grupo de investigación, y que, después de algunas indecisiones, terminó por hacer su tesis doctoral sobre don Alonso, o mejor dicho, sobre su trayectoria intelectual, lo que permitía una perspectiva más amplia y menos personal. Pedrazuela presentó su tesis y ha debido publicarla, además de tal cual, con algunos volúmenes cercanos más. Él fue quien encontró a don Alonso, muerto, una mañana, en su casa de la Granjilla. Creo que ahora es profesor o trabaja en la Universidad Carlos III de Madrid.

BNE, el rincón de Antonio Machado
Ahora veo, con cierta íntima satisfacción, el triunfo de Penal de Ocaña, la obra de su mujer; las actividades teatrales de su nieta Ana Zamora, de la que él hablaba con orgullo.... y este homenaje, que no sé bien quién organiza ni de qué manera; pero que me parece muy bien.
Durante los años finales, don Alonso me llamaba a casa ya tarde, noche ("¡Pablooooo!"), hablábamos, acudía a visitarle; él mantenía una cierta inquietud desde su abandono, que salpicaba con comentarios casi nunca malintencionados, pero sí desconcertados, sobre lo que ocurría a su alrededor: las derivaciones de conducta Cela –de su quinta y buen amigo;  las incidencias de la RAE y cada uno de sus integrantes; sobre los cuentos, que aun conseguía publicar en algún periódico. Escribió una monografía ejemplar de la RAE, de la que existe una versión pacata, lujosa y desmedrada a nombre de Víctor García de la Concha. Este tipo de descensos son al parecer habituales.

Con frecuencia historias y anécdotas –¿él se daba cuenta?– que a mí me resultaban esclarecedoras: la vez que llegó Julio Cortázar a Salamanca, desamparado, y tuvieron que alojarle y darle de cenar María José y él mismo; las burlas con Borges; historias argentinas –en donde estuvo bastante tiempo, como director del Instituto de Filología– relaciones con Daniel Devoto, Sánchez Albornoz, Henríquez Ureña... El legado de Amado Alonso, su devoción por Dámaso Alonso y Rodríguez Moñino... Multitud de historias, que a mí me fueron enriqueciendo, particularmente las más largas, que desgranaba en alguno de los viajes que hicimos juntos (a Granada, a Sevilla, por la Mancha... )
Siempre prevalecía su vocación literaria y su deseo vehemente de ocupar un espacio en la creación narrativa, desde que publicó Primeras hojas y sobre todo Smith y Ramírez, la primera vez –encarecía– que se utiliza en la prosa española la "corriente de conciencia", lo que es cierto, aunque sus obras en prosa, que se ha definido como "azoriniana", es decir, rica en matices, vocabulario y de sintaxis con filigrana, se dio a conocer precisamente durante los años en los que los jóvenes imponían el objetivismo cinematográfico. Él hacia lo contrario, se colocaba dentro de un personaje o del narrador, que derramaba todo su caudal verbal, a partir del cual trazaba el desamparo del individuo en medio de la sociedad moderna. 
No sé qué tipo de homenaje se le estará organizando. Tuve un correo de persona desconocida de la Universidad Complutense, refiriéndomelo, a la que respondí que sí; pero no he vuelto a saber nada más.
Estos días releo su obra.




domingo, 31 de enero de 2016

Orégano en la ventana

Haber plantado orégano no puede
constituirse en motivo de un soneto
–tin tan– están los tiempos desquiciados 
se irá rajoy  – tin tan - vendrá podemos

los tiestos de la ventana han florecido
un enorme planeta han descubierto
pablo iglesias    nos cuentan   es tan malo
la editorial del país da mucho miedo

y uno aquí con la tarde de este sábado
mientras que suena brahms   limpiando tiestos
sin saber terminar        quedaron cortos
los versos tres y cuatro     con relleno

no puede ser     los catalanes huyen
no debería difundir los versos

Gabilondo se vino a un estrambote
creo que nunca llegaré a académico

viernes, 29 de enero de 2016

China: entre mapas y papeles


Con un mapa de la provincia de Fujian se abre esta entrada, que por eso el viajero anduvo por aquellas tierras, en concreto en Gulangyu; porque en toda aquella zona, en la costa, e incluso hasta llegar a Cantón –como hoy llamamos a Guanzhou– era lugar codiciado de los aventureros y navegantes que viajaban desde Europa o desde América ya. Infinidad de cartas de marear, derroteros, relaciones, etc. nos cuentan aquellas aventuras; el universo de los mapas es un mundo aparte, que se necesitaba realmente para emprender los viajes y procurar que corrientes, vientos y escollos no dieran al traste con todo. Por ejemplo, para entrar en la bahía de Ganzhou se encuentran tal cantidad de mapas, desde el siglo XVI en adelante, que se puede trazar con ellos una historia de la cartografía.

He elegido como ejemplo el de un geógrafo francés de mediados del siglo XIX, aunque traeré a colación otros ejemplos, sobre todo porque –como era costumbre con las buenas ediciones– los mapas se adornaban con ilustraciones de calidad, como es el caso, que reproducían rasgos interesantes del lugar, su gente y sus costumbres, como esta hoja con plantas típicas de China, que se encabeza, por cierto, con el jengibre.



Pero  no solo, pues otra de las láminas recoge el peculiar modo de pesca que ingeniaban los chinos, en algunos casos, si no en todos, aun vigente. En el lado de Dali (大理, 云南)se dice que todavía se pesca con cormoranes, como se ve en el detalle de la lámina, es decir con aves de presa que bucean en el lago. Lo que no he visto, sin embargo, es una boda como la que todavía, al parecer, movía a esas ceremonias tan vistosas de otra de las láminas. 

El caso es que el viajero, enredando en papeles viejos de los lugares en donde se deposita la historia de España cuando entra en contacto con la de China, es decir, desde mediados del siglo XVI, ha estado hurgando en las viejas colecciones documentales de los grandes eruditos de finales del siglo XVIII y comienzos del s. XIX, Fernández de Navarrete (sí, el autor de una vida de Cervantes) y sus compañeros gaditanos de fatigas marinas, Vargas Ponce y Barutell, que tienen una historia tan sabrosa como la que ellos andaban historiando. Así es que la colección de documentos que logró reunir o copiar Navarrete estuvo a punto de perderse en Madrid en 1808; se traslado entonces nada menos que a Cádiz, lo que salvó ese tesoro, que luego volvió a Madrid y hoy se puede consultar en el Archivo del Museo Naval, con reproducción relativamente reciente de los 34 volúmenes que conforman la colección original, porque aun anduvo Navarrete publicando nuevas series históricas, hasta dejar incompleta la última (publicó cinco volúmenes y eran siete).


El proyecto de este viajero metido a erudito es el de editar antológicamente los mejores textos, formando sencilla y apasionante colección en Clásicos Hispánicos, para lo que va a necesitar Dios y ayuda, más de lo segundo que de lo primero.
En el mientras tanto, algún relato, carta, viaje.... irá apareciendo en este ventanuco, para probar más que nada y tantear, pues el campo es inmenso, aunque desde la vertiente española –como dije en otro lugar– solo en algunos sectores catalanes de la investigación universitaria he visto que se esté trabajando con rigor y seriedad.

Termino con otra lámina y con el mapa global de Yunnan del mismo cartógrafo francés, una despedida de ese hermoso país al que voy a volver muy pronto.



miércoles, 27 de enero de 2016

por mi mano plantado/a tengo un huerto

la mirada que busca comprender
continuo avance del conocimiento
guardar en el baúl donde llevamos
lo que nos sorprendió          lo que queremos

del camino        del monte y la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto
y ese es el que me lleva a mal traer
el que sostiene       el infinito abierto

el que allí se despliega a cada paso
mientras que paso    mientras me sucedo
mientras que voy detrás de mí    y a ciegas
adoro las pasiones de mi cuerpo

naturaleza que nos hace así
lo aceptamos   mas       no lo comprendemos

martes, 26 de enero de 2016

El arte nos libera y nos identifica

Porque esa es una de las propiedades de lo que se llama arte, es decir, del producto de la imaginación humana cuando se siente libre y actúa. Sigue luego el proceso de contemplación, quizá de admiración y hasta quizá luego de identificación, que ayuda a quien contempla a "verse" en aquellas actuaciones, de muchas maneras distintas. 
He aquí una serie, con su poco de extravagancia, si se quiere, pero más o menos cierta:
Vaya primero mi autorretrato en días compungidos (lo acabo de ver en la exposición de Wróblewski):


Sigo con una de las imágenes que siempre he guardado de China, y que no sabía que la había recogido BOLUC (Palacio de Velázquez, del Retiro).

Allí, en Hangzhou (China), en un afamado museo-taller de un escultor me encontré con este excelente busto de Gabilondo, el mal rector de la UAM:


Y aquí tienen ustedes cómo mira el españolito actual el espectáculo de los políticos, sobre todo cuando avisan de que Podemos es cosa del infierno (estamos en el CNARS):


Y ahora nos vamos al Prado (exposición sobre las Furias) para seguir con el tema, pues no se trata ni más ni menos que de un votante de Podemos visto a través del vocero del PP:


En claro contraste con esta imagen poco difundida de Rajoy, que reposa en el Museo Arqueológico Nacional:


En este maravilloso montaje artístico del CNARS, que se trajo desde Basilea, lo que se ve es a un anónimo votante –indeciso o que no quiere pronunciarse– contemplado con ansiedad por las masas políticas del Congreso, del Senado y de otros lugares:


Pero no todo ha de ser negativo o tocado por la actualidad social; en este cuadro de René Daniels Jacqueline du Pré saca mágicamente el sonido para interpretar en mi cabeza el concierto de Elgar.


En Nápoles encontré mi despacho, todavía sin amueblar, en la casa del embajador de Venecia. Conservaré los desconchados de la pared.


De allí salía al jardín (Carmen de los Mártires, Granada), para mirar el rojo lejano de la Alhambra.


Velázquez me retrató en el Museo de Historia de Madrid.


Y eso que sabía que ya había perdido los amores de Isabel de Portugal –la dama que no encontré–, tal y como la retrató Tiziano, cuando ya había muerto:


Y así vamos, rebotando de obra en obra, qué duda cabe que identificándonos allí y allá, reconociéndonos en la gárgola de una fachada, el escorzo de un caminante sin cara, la pasión de un adagio melancólico, el temor del odio y el rechazo.... por los caminos de la libertad. Hasta volver a encontrarme en el lago de Hangzhou –a donde voy a viajar enseguida– y recorrer sus escenarios poéticos, identificándome con quienes allí escribieron hace más de ochocientos años: