HAN GANADO LOS MALOS

Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 24 de octubre de 2014

la oscura región de Garcilaso y el Qingdao de los alemanes

La flor del loto 
Uno de los últimos paseos en Qingdao fue para recorrer la parte de la ciudad que fue residencia de los altos cargos durante las varias colonizaciones alemanas, lo que todavía se aprecia no solo en este barrio, sino en toda la zona del puerto, en donde quedan viejas cervecerías y de donde son –alemanes– los pocos turistas que he visto. En el barrio que rodea la segunda playa, uno de los más selectos de Qingdao, visitamos la casa del general Chiang Kai-Shekel lider nacionalista que acabo siendo el dictador de Taiwan y desde cuyos salones y ventanales se admira el poniente sobre el mar, todo un símbolo. La casa está prácticamente vacía. El barrio, por cierto, luce una buena parte de casas edificadas por prestigiosos arquitectos rusos, sobre todo en las décadas de los veinte y de los treintas, antes quizá de que la rivalidad nacionalista-comunista, una vez derrotados los japoneses, se hiciera evidente. 



En aquella parte las zonas arboladas y hasta ajardinadas son abundantes; se encuentran lagunas y parques creados para conseguir una atmósfera exquisita, quizá garcilasiana. El viajero lo dice porque en esa visita y en aquella atmósfera a lo mejor ocurrió lo que idealiza el primer verso, que también puede haber sido una lanzadera de la imaginación, claro.



pasó cerca quien nunca había venido
los versos escuché de Garcilaso
temblaron al saber algo de qué
temblaron al saber algo de cuándo

al viento que movía los deseos
las ramas de los arboles hablaron
repiten lo que a veces tanto han dicho
pero esta vez más lejos   y más claro

no había fuente donde ver el agua
y en estos tiempos anda oculto el llanto
pero yo sé que el mar sería poco
para explicar sin más lo que ha pasado

oscura la región donde se olvida
pasó     vino muy cerca      estuvo al lado


jueves, 23 de octubre de 2014

Despedida de otoño


En el muro que hay enfrente de mi casa
el otoño encendió todas las hojas
el viajero se va otra vez lejos
en busca de otras gentes     de otras cosas

La mañana es de niebla    pero tibia
cada vez que me voy prende una rosa
a destiempo   como siempre que se ama
agridulce el color    triste el aroma

paseo y me despido    de Qingdao
del neón que estalla    del pregón que acosa
de los ojos que escapan a los míos
tiendas  calles   comidas gentes ropas...

lo que lejos estaba viene al lado
que estos versos finales lo recojan.




miércoles, 22 de octubre de 2014

El mercado

Muchas cosas se me han quedado en el tintero, y eso que me he preocupado de señalarlas casi al mismo tiempo que las vivía, para dejarlas en el blog, a veces con conexiones extrañas y en lugares lejanos. El caso es que no quiero que, aunque ya no pueda dar noticia, por falta de tiempo y de espacio, de los mariscos de Qingdao –todo un espectáculo–, de la fábrica de cervezas más famosa de China, del cielo artificial, del museo del vino... y otras muchas más de este tipo, no quisiera olvidarme, aunque solo sea en imágenes, de los mercados de China, algunos de los cuales –no los de la calle, que son todos los mercados y todas las calles– grandes y céntricos son muy representativos de la vida de estas ciudades.


Daré noticia rápida de uno de los más grandes y populares de Qingdao, que recorrí una mañana, entre tenderos sonrientes que siempre respondían con amabilidad a mis preguntas, normalmente las de cómo se llama o cómo se cocina, aunque luego no entendiera lo que entre ellos hablaban y reían, que merecido lo tengo por hablar tan mal su lengua.


El espacio se dividía más o menos en verduras y frutas, carnes, pescados y platos preparados, aunque había lugar para las especias y las hierbas y otras tiendas más localizadas (las de animales vivos, por ejemplo, con patos, gallinas, etc.) La exposición puede ser casi visual, pues ya empezó con unas berenjenas alargadas:















































martes, 21 de octubre de 2014

Marea baja




En Rinyan Lu los plátanos se doran,
al invierno parece que se marchan;
cerca, Mozart da la hora en un colegio.
Tarde de octubre y sol. Marea baja.

Día de pescadores en las rocas.
Pica el sol. Abriremos el paraguas.
Pinqin lu, que se va con los enhebros,
entre prados y pinos se remansa.

Templete de glicinias ya sin flor
de sombras un balcón abren trenzadas
y desde allí se ve toda la costa.
Por fin hay mucha gente que se baña.

Menos mal que me he traído bañador.
Entré en el mar. Sentí que me abrazabas.




Coloquio entre historia y literatura






El parque de Zhongshan


los jardines empedrados con los senderos marcados
El parque de Zhonshang está desierto
grato rincón que en la ciudad se calla,
es el reino apacible del silencio
donde todo parece que se calma.

Es el reino en el suelo de la aucuba,
en tanto las glicinias se encaraman;
solo quedan las flores de mil tiestos
componiendo el dibujo de una plaza.

Por la senda que encuevan las glicinias
el viajero después sigue su marcha,
va buscando los restos de Huiqian
la vieja ciudad Qing que aquí estaba.

En el aire no queda más que el nombre,
un árbol, unas piedras y una placa.

glicinias
la plaza con los tiestos de colores
El viejo cedro
El parque de Zhonshan está vacío
de vez en cuando algún músico ensaya
melodías antiguas de su tierra
que acompaña con música de flauta.

El otoño adormece estos lugares.
Rodeo el lago, barcas amarradas,
sauces, camelias, pinos, cedros, arces,
senderos de madera y piedras blancas;

con los evónimos de todo tipo
los jardineros el camino trazan;
entre rocas levantan los templetes
su perfil de pagoda solitaria.

El jardinero ya hizo su trabajo.
El caminante pensativo pasa.



plátanos centenarios al lado del campo de nenúfares o lotos

Historia de un paraguas chino


De repente, cuatro gotas, y unos segundos después la calle se llena de vendedores de paraguas. Son unos paraguas bellísimos, casi perfectos, de una simplicidad abrumadora, transparentes, con las ballenas plateadas y los enganches o caperuzas blancos. Los hay con algún dibujo de color, pero el transparente se lleva la palma. Naturalmente que compré uno y pedí que lloviera. A mares, luego ha llovido. Pero yo llevaba mi paraguas transparente de diez yuanes (algo más de un euro), como mucha gente, que se podría usar y tirar; pero ¿cómo voy a tirar yo mañana, cuando emprenda un largo viaje en tren, un objeto tan sencillo, práctico y hermoso?


Otras veces el invento no está tan logrado, pero es de una funcionalidad apabullante, como he constatado en uno de los grandes mercados de comida fresca: en las tiendas tienen unos mínimos ventiladores a los que se ha enganchado una cinta de colores, muy fina, tanto, que al girar el aparato la cinta baila graciosamente por encima de todos los productos, como figura alada de ballet.... y espanta moscas y mosquitos, sin necesidad de agresiones palmeadas ni de productos químicos.


 

Acaba de sacar APPLE un teléfono que aquí cuesta más de 6000 yuanes, es decir, unos 650 euros, algo inalcanzable para los humanos sencillos; pero los chinos, casi al mismo tiempo, ya están vendiendo atriles, creo que de plástico, que agarran al aparato (puede ser cualquier otro teléfono y también cualquier tableta) y lo mantienen fijo a la altura y con la inclinación que uno quiera. Creo que costaban algo menos que el paraguas, es decir, no llegaban al euro. 
Esa es una de las preguntas que llevo en la mochila cuando ando hurgando o de paseo, “shen ma yong?”, “¿para qué sirve?”, porque si uno se para en los modestos puestos del mercado nocturno encuentra mil maravillas, probablemente inútiles, pero deliciosamente traviesas, como una lupa con doble aumento contiguo (¡para leer los caracteres chinos de los teléfonos móviles!), todo tipo de ropa, bolsos, zapatos y calcetines de función específica (deporte, agua, trabajo, chancleta, bota....) ¿Qué son inútiles? Más inútiles me parecen los teléfonos móviles de 650 euros, que te despiertan con Las bodas de Fígaro, o los inmensos coches que no caben en las callejuelas del mercado.

Para ilustrar, un despliegue del paraguas en mi habitación (no soy supersticioso).

Me compré la lupa.