HAN GANADO LOS MALOS

Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 20 de junio de 2013

"En Castilla se ven mejor las nubes...."




En castilla se ven mejor las nubes,
sobre todo si pones amapolas
al borde del camino, bajo el cielo,
o entre campos de trigo, sobre lomas;

se ve mejor el viento cuando pasa
llevándose los cúmulos, que adornan
los intensos azules que el verano
matiza con el trigo y sus aromas;

así se ve en la torre la cigüeña,
el águila que cruza y avizora,
que desciende el halcón o se levanta,
que vuelve a su refugio la paloma.

Ya se aventaron los trigales, junio
las pacas engavilla y amontona.


miércoles, 19 de junio de 2013

Palencia

Plaza Mayor
Palencia ha crecido, como casi todas las ciudades españolas, y casi ha duplicado su superficie, que antaño terminaba en la fábrica de armas –ahora cerrada– y no iba mucho más allá de los Jardines de la Estación y la Huerta del Guadián; el Carrión hacia frontera al otro lado, discurriendo en paralelo a la calle Mayor. Al otro lado, la arteria de la calle Casado del Alisal y la línea de ferrocarril cuadraban la ciudad. Palencia es la imagen perfecta de una ciudad castellana, reposada, tranquila, recorrida por dos o tres calles esenciales, un par de jardines y un juego de iglesias tradicionales –dominicos, jesuitas, clarisas, etc. que se llaman como se deben llamar: San Pablo, San Francisco, La Compañía.... Y una hermosísima catedral, cuyo fondo bibliográfico es impagable –y tiene su catálogo, por cierto–.

El mercado central ("la plaza")
Quien allí vaya ha de cumplir el rito del buen paseante: recorrer de arriba abajo la calle Mayor, desde los jardines del Salón hasta los jardinillos de la Estación; pararse un buen rato en la Plaza Mayor, acercarse a la Catedral y callejear en los alrededores; entrar en San Pablo o San Francisco; ir al mercado central ("la plaza") y ver cómo andan los productos de la huerta, particularmente los guisantes y, cuando sea tiempo, las peras. Comprar algún queso añejo de oveja, pasear por la orilla del Carrión....


Este peregrino es palentino, de manera que ha de comedirse e intentar un relato breve de este lugar que yo tengo por castellano puro, intentar el relato objetivo y no señalar cómo le fue cuando era estudiante –muy malo, me expulsaron– en el Instituto Jorge Manrique; o cómo acechó a sus primeras novias en los Cuatro Cantones; y todo eso por no hablar de su Semana Santa, de sus Navidades, de las excursiones al Cristo del Otero (de Victorio Macho), etc.

La calle Mayor
He visto crecer la ciudad; cada vez que he pasado por ella he observado novedades, progresos quizá, aunque no siempre. Lo más llamativo: los barrios que crecen extrarradio –en mis tiempos solo existía lo que se llamaba "corea", al otro lado de la vía del tren, por donde pasaban los enormes rebaños de ovejas trashumantes. Sigue siendo, no obstante, una tranquila ciudad castellana, de vida aparentemente apacible, con un campo abierto en casi toda la provincia, que se encumbra cuando vas hacia el norte en valles y montañas que el turista no suele conocer.
A mí me suele emocionar casi todo lo que veo y recuerdo, aunque comprendo que no todos lo podrán mirar así: la torre militar de la iglesia de san Miguel, el sotillo, el Cristo de las claras (el que inspiró a Unamuno), los soportales de la larga calle Mayor, las fiestas septembrinas, los modos recios de sus gentes,  quesos, vinos (claretes) y productos de la huerta, la gravedad, a veces rudeza, de su modo de hablar, la belleza de sus mujeres.... 

Otra vista de la calle Mayor
"La Compañía"

martes, 18 de junio de 2013

El sur y el norte

Este país es como es, con amplias capas y sustratos que lo identifican, con otros muchos aspectos que lo diferencian: los cuatro puntos cardinales abarrotados de diferencias y de armónicos. Por razones de trabajo, sobre todo de trabajo, durante los últimos días me he tenido que mover del sur al norte, de las islas a la raya portuguesa, y nuevamente en cada caso recalar en Madrid, con las travesías que en este caso ubicaré en Zafra (Extremadura, hacia el Sur) y Palencia (en Castilla hacia el Norte).
Y en cada caso, desde un observatorio diferente, obligado por las circunstancias: este era el observatorio del Sur:


No voy ni siquiera a resumir algún tratadillo de antropología en estas breves notas, solo a proclamar mi curiosidad, primero, y mi satisfacción, en cada caso, por haber podido disfrutar en cada rincón por donde paso de gentes, historia, paisaje, costumbres y culturas indefinibles en su integridad, cambiantes, como es rasgo de la condición humana, en la que enraízan, como soporte permanente.
Por el carácter de este tipo de lugares de comunicación –un blog– la información se va sobre todo a imágenes. Aulagas, cardos marinos de la playas de Cádiz, pitas que miran al mar, pescado que no se comercia en aceite de oliva, playas y pesqueros.... en un itinerario del sur.



cardo marino
pitas mirando el mar

Hacia el sur. Los viajes al sur siempre resultan de una gran vitalidad: se espera vida nueva, calor, naturaleza especial.... Y casi siempre se logra. Este año, por lo demás, la intensidad y cercanía de las lluvias han convertido muchos lugares en vergeles, particularmente recuerdo la campiña de Jerez de la Frontera, las enormes extensiones de naranjales que llegan en la sierra casi hasta Jabugo y Cumbres Altas,
las huertas del Guadiana.... Incluso las eras –en la mayoría de los casos se había hecho la siega y la trilla– no quedaban peladas, solo con el dorado del trigo, sino matizadas de colores de todo lo que había brotado después.



Pesquero entrando en el puerto de Isla Cristina
Abubilla (sus tres notas me despertaban en mi observatorio del sur)

caminos al mar
Iglesias blancas
besuguitos de taberna del sur




lunes, 17 de junio de 2013

La ignorancia no es útil para nadie y un oratorio franciscano en Palos

 
claustro mudéjar del conventillo de franciscanos en Palos
la ignorancia no es útil para nadie
–no diré de quién son estas palabras–
no entiende el ignorante si le enseñas
no escucha el ignorante cuando le hablas

me gusta caminar y hablar con todos
sentarme en algún banco de la plaza
preguntar lo que sé como pretexto
indagar lo que ignoro y lo que pasa

gozar la inteligencia de los otros
cuando dicen cuando obran cuando callan
cuando consiguen dar sentido a algo
cuando intentan que sepas lo que tratan

ser saber entender hablar callar
la vida en armonía que se ensancha


Con el azul de los mares va esta entrada, que redacté en Palos mientras volvía a visitar el viejo oratorio franciscano, convertido en peregrinaje de turistas –el interior está muy reconstruido y casi todo lo que atesora es posterior– que evocan la salida el dos de agosto de hace más de seiscientos años de las tres naves que llegaron a América, comandadas por el nuevo almirante Cristóbal Colón, con marineros de Palos (los hermanos Pinzón) y de Moguer (Niña). 
Sin duda que por aquellas escalerillas subió Cristóbal Colón cargado de planos y proyectos, y sin duda que en aquel precioso claustro mudéjar –hoy lleno de geranios– imaginó su viaje.
No me dejó el fraile de la entrada asomarme al huerto, aunque me dijo que tenía aguacates y fresas, pero sí que pasee el contorno, bien cuidado, y vi todos los azules posibles al atardecer, sobre la lejanía del mar.
refectorio
La visita acrecentó mi curiosidad por leer y saber. Tantos papeles, tantos relatos, tantas cartas..... que han pasado por mis ojos sin poderme detener despacio en ellos: los mapas de la Biblioteca del Palacio Real, los documentos del AHPM, las cartas de los indianos y su respuesta (comunicaciones que tardaban en llegar y en contestarse años), etc. Si eso quisera saberse realmente, ¡qué cantidad de lecturas e investigaciones habría que llevar a cabo! 



domingo, 16 de junio de 2013

Melancolía en Moguer y la batalla de los alejandrinos

La parroquia, de cuya torre ya decía JRJ que era como una "giraldilla"
Fue a comienzos de siglo cuando se inició la batalla de los alejandrinos y, como siempre en aquellos años, Rubén Darío abrió la campaña. La batalla es compleja y exigiría muchas páginas eruditas, que no voy a admitir en este blog; así que trazaré solo un panorama para situar la lectura de Melancolía, de Juan Ramón Jiménez, en Moguer, su pueblo natal, en donde he estado leyendo el libro y las paredes, llenas de textos del poeta que evocan en lugar. No pude ver, lamentablemente, su casa-museo, cerrada los domingos por la tarde, aunque ya la había visitado en otra ocasión, en la que, por cierto, no estaba Zenobia, su dama, como ahora, presidiendo una placita, con un libro de Tagore en la mano y una maleta (¿...?) Merecido homenaje a una mujer inteligente y sensible que hubo de padecer las extravagancias de Juan Ramón. Moguer tiene larga historia y presume de belleza, hace bien, pegadita a las romerías de la zona, con el pedigree del descubrimiento de América y con no pocos nombres en su historia, entre ellos el de otro poeta y estudioso de Juan Ramón, Francisco Garfias, o el del dramaturgo clásico Felipe Godínez. Juan Ramón no alcanzó a integrar el universo de las fresas –base de su economía actual– en sus libros. 
Melancolía se publicó en 1912 y sufrió del mismo telar que el resto de la obra del poeta, que todavía sigue editando "inéditos"; manejo la edición del centenario en 20 vols. (en Taurus). Es una obra en la que todos los versos son alejandrinos. Nótese que se acababan de publicar (1912) Campos de Castilla (primera edición), de Antonio Machado y que en 1907 se había publicado Poesías de Unamuno –su primer libro de poesías–, por no hablar más que de los grandes nombres que, de una u otra manera, intervinieron o se asomaron a esa batalla.

Casa museo de Juan Ramón Jiménez en Moguer
El alejandrino clásico asoma tarde al taller de nuestros vates, aunque haya un solo ejemplo del s. XVII –el de Espinosa– y en el s. XIX hayan experimentado con él los románticos. Casi siempre suena con ritmo par, en las variedades que yo llamo heroico o sáfico, es decir, que parten los hemistiquios en dos: 2.4.6 + 2.4.6, en donde puede faltar cualquiera de los dos primeros y cuando es el heroico (en 2ª), puede ocurrir que el hemistiquio suene así 1-4-6.

Rubén Darío usó  de los clásicos ("Caupolicán", por ejemplo), introdujo la musicalidad del (1).3.6 en Prosas profanas ("La princesa está triste.... ¿que tendrá la princesa?") desde entonces habitual en nuestros poetas. De Francia vino el peculiar tratamiento de la cesura hemistiquial, que pasó de la estructura clásica, a situar en sexta sílaba una sílaba átona, incluso de nula sustancia semántica, a colocar en el lugar de la cesura una palabra larga y a otros juegos más atrevidos. Juan Ramón fue, en Melancolía, quien ensayó todo tipo de fórmulas con más entusiasmo.

la paroquia, con un espectacular grupo escultórico, supongo que de alguna romería
He aquí una sucesión de ejemplos, de los tradicionales y clásicos, a las innovaciones de Juan Ramón, con ejemplos siempre extraídos de Melancolía, que he medido totalmente:
Con una palabra átona soportando el ritmo:

tras las bandadas que / se alejan por el cielo....    (1.4.6 + 2.6)
flores heladas de / los vallados vecinos  (1.4.6 + 4.6)
luceros tristes que / se quedan lagrimeando  (2.4.6 +2.6)
apariciones de / felicidad que vamos  (4.6 +  4.6)
cruzando siempre, sin / aprisionarlas nunca  (2.4.6. + 4.6)
qué carne blanca de / mujer, entre la piedra  (2.4.6 + 2.6)
cuando el tren para, en el / jadëante silencio  (4.6+ 3.6)
y prados malvas con / idílicos rebaños  (2.4.6 + 2.6)
remueve el viento las / cenizas de la tarde (2.4.6 +2.4)

llegando, si  bien pocas veces, a afectar al modo acentual del término afectado por su situación en el ritmo:

como una promesa / que no se iba a cumplir  (2.6 + 3.6)

En donde la dislocación del acento a "promesá" solo se puede salvar forzando la falta de sinalefa en "como una". Este tipo de problemas afecta a todos los alejandrinos que llevan su acento en 5ª y cuentan 13 sílabas, como ya he explicado en otras ocasiones: es el único tridecasílabo difícil de asimilar al ritmo regular de los alejandrinos. Algún otro caso  queda sin asimilación posible, lo que es raro en JRJ:

como pájaros de pálidos colores

Con una palabra en el espacio de la cesura, en donde, como se observará, al igual que en las series anteriores, se dan todos los ritmos posibles, aunque siempre con el predominio de heroicos y sáficos. A veces esa palabra es un adverbio en -mente:

el tren arranca lent / tamente.... el pueblo viejo  (2.4.6 + 2.4.6)
y me miraba, lar / gamente, entre sus rosas.... (4.6 + 2.6)

aunque no siempre partido por el sufijo:

me dicen melancóli / camente: llora, llora... (2.6 + 2.4.6)
y se derrama blan /damente, por el campo.... (4.6 + 2.6)

Y en otros casos afecta a otros sufijos:

una memoria des / teñida y deshojada (1.4.6 + 3.6)
que se derrama ina / gotable e infinito (3.6 + 2.)


Pero la palabra puente no obedece a razones morfológicas:
en un poniente sun / tüoso el trueno zumba  (4.6 +2.4.6)
sobre el verdor crepus / cular del campo inmenso (4.6 + 2.4.6)
una edad media de abi / garrados colores  (2.4.6 + 2.6)
Brisa. El tren para. En la es / tación recién regada  (1.3.6 + 2.4.6)
el sol divino me en / galana las heridas  (2.4.6 + 2.6)
alza el cenit su res / plandor que llora y canta  (1.4.6 + 2.4.6)
y parece que el co / razón es como un bálsamo (3.6 +2.6)
de oro como las a / marillas mariposas (1.6 + 2.6)
antiguos parques se a / bren momentáneamente  (2.4.6 + 4.6)

En donde se observan curiosas preferencias por la palabra que ha de ocupar ese espacio: "suntuoso", "amarillo". No se repiten, sin embargo las más: "hu-medad", "a-menazo", "embe-lesado", "ade-lanta", "ca-minaron",  etc.

Curioso este nuevo laboratorio métrico de JRJ, que no ha tenido fortuna como taller, aunque se haya hecho uso ocasional, quizá incosciente de él. 

Ya seguiremos.


sábado, 15 de junio de 2013

"No alcanza la memoria su recuerdo...."

no alcanza la memoria su recuerdo
ni la imaginación tanto futuro
el tiempo que recorro es el que vivo
el túnel del azar es el que cruzo

allí donde me encuentro con los otros
allí donde ignoramos todos juntos
cada uno con su gesto y su paisaje
con su canción y su letra cada uno

jirones de la risa en el camino
y llanto para cunas y sepulcros
al cabo todos van a las estrellas
y nada  queda cerca de ninguno

apunto en mi memoria unos instantes
y el tiempo va borrando lo que apunto