Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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jueves, 10 de mayo de 2012

El jardín de los simples, botánicos de Florencia

Nenúfares, con su dinosaurio al fondo

Avenida de azaleas

Un viejo olmo



Para hacer honor a su nombre, la ciudad conserva varios jardines, entre los cuales al menos cuatro o cinco son históricos. El más viejo, me dicen, el de los Médici (Jardin de los simples, es decir de las plantas básicas, elementos sencillos, etc.) que va unido a un museo arqueológico, paleontológico, geológico y probablemente varias cosas más, porque me han cobrado diez euros para entrar; lamentablemente
el reducido espacio, primorosamente cuidado, aunque con poca variedad externa y solo algunos buenos ejemplares arbóreos, se ha utilizado para una exposición de dinosaurios, reconstruidos en enormes estatuas de cartón piedra que asustan a las azaleas y hasta a los pinos. Son de todas maneras un remanso frente al marea humana con la que destrozamos esta ciudad, imposible de admirar ya si no es a través de interminables colas de turistas, autobuses, grupos y vendedores. Que sea también un remanso esta entrada para mostrar la simple belleza de las primeras floraciones, entre las cuales destacaba una avenida de azaleas en macetones gigantescos, cada una de un color, y, como adelantaba, la majestad y el tronco de algunos olmos, pinos, gincos….  También merece la pena el juego de invernaderos con las diferentes especies; pero sobre todo merece la pena que el remanso del jardín esté en medio de la ciudad.
Por otro lado, las muestras simples y conocidas, son muy hermosas, así las peonías, el reducto de las aromáticas, entre las que me ha llamado la atención esa salvia de faroles o candelabros (amarillos), el estanque de los nenúfares, las mimosas, las mentadas azaleas, las orquídeas y hasta las rosas. Las he ido eligiendo cuidadosamente para los lectores de este blog, que ayer casi se duplicaron.
Mañana espero ver otros dos, después de trabajar en la biblioteca Ricardiana, que cierra a las dos de la tarde.

La salvia de los farolitos


peonía