Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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lunes, 18 de junio de 2012

Clásicos Hispánicos EDOBNE

Antes de que termine el mes de junio, estarán a disposición de quien quiera leer ediciones fieles y cuidadas los primeros números de la colección Clásicos Hispánicos EDOBNE. Para editar y publicar cada texto hemos sopesado cuidadosamente lo que en estos momentos se está ofreciendo al lector, ya sea a través de libros, ya sea y sobre todo a través de la red.



A través de la red se está ofreciendo al lector casi todo, particularmente de los textos más conocidos: miles de Quijotes, Celestinas, Coplas de Jorge Manrique, etc. Es asombroso todo lo que se piensa que puede colgarse en la red para su descarga o su venta: aquí no hay daño inmediato, como pudiera ocurrir con las viagras, las curas de adelgazamiento, los productos financieros o los aparatos eléctricos. ¿Qué daño pueden hacer unas coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, con un texto erróneo, deturpado o sencillamente poco fiel? Una gota más en el mar de las desidias.
He recorrido todas las páginas que varios buscadores me ofrecían tanto de este como de otros casos, de otros textos, y he ido a leer los textos y, cuando se da, a su justificación: ¿de dónde proceden, quién los ha copiado, con qué criterio....? Casi nunca se suministra esa información; particularmente las lanzaderas de "textos" más reputadas o con mayor volumen nada dicen al respecto, lo cual quiere decir sencillamente una cosa: han copiado el texto de alguien que en su momento decidió editarlo, eso sí, ocultando cuidadosamente el origen de la copia, porque hay algo en esta manipulación, ¿no?, de "apropiación indebida". Y así he visto y comprobado, por ejemplo, que a nuestro editor de Yanguas –autor difícil de la primera mitad del siglo XVI– le han fusilado bonitamente sus ediciones y su trabajo, una casa europea, sin siquiera señalar de dónde procede el texto. Quien fusila equivoca más que el original, sin embargo, y no sabe contestar a lo que edita, cuestión que nos llevaría lejos, pero que conocen muy bien quienes trabajan en crítica textual.

LECTURAS EQUIVOCADAS POR TODOS LADOS









El mayor deterioro de los textos clásicos observo que se ha producido en los llamados "e-books", es decir en los "libros electrónicos", en donde quien lea las Coplas de Jorge Manrique, esa doliente elegía que nos abre a la modernidad poética, lee chapuzas, textos cambiados, palabras que no existen, expresiones imposibles, etc. La Filología Española –disciplina por la que la vieja escuela filológica española alcanzó prestigio universal– ha retrocedido unos ciento cincuenta años y, de su mano, le ha ocurrido a otras muchas disciplinas auxiliares (Métrica, Historia de la Lengua, Lexicografía, Ortografía....), lo cual no parece importar demasiado, sobre todo ahora que las universidades se han convertido en escuelas de mercaderes y los cuadros profesorales disfrutan de la corrupción que le sale por las orejas a este país; al menos eso es lo que yo veo en la mía, en la Universidad Autónoma de Madrid.

Voy a traer un oasis, sin embargo, para alivio de caminantes: Google books –sobre todo este dios, hay más, locales, temáticos, etc.– ha puesto a disposición de los lectores millones de libros en ediciones facsimilares, un verdadero regalo para quien quiera escapar a la degradación de los clásicos o, en general, de las peores ediciones de la red. Y Gogle ha ridiculizado cosas como el CORDE de la RAE y empresas semejantes, me temo, como nos mostraron hace un par de semanas en seminario sevillano sobre ediciones, y como cualquiera puede comprobar. En otras palabras: hay una veta poderosa, positiva, fecunda, en todo este irse a la red, en el triunfo de las imágenes.


El corolario de este breve panorama se conoce muy bien: hacen falta filtros, hace falta señalar inequívocamente lo que no sirve, estorba, degrada, entorpece, para llegar a los lugares en donde, con las nuevas herramientas y sin renunciar a saberes y conocimientos, aparezca el objeto que se busca, pero íntegro, correcto, limpio. Para que podamos seguir leyendo las Coplas de Jorge Manrique y explicándonos la melancolía del tiempo al contemplar el rocío de las eras.

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NB: todas las imágenes textuales que ilustran esta entrada se han tomado de las primeras referencias que nos suministra google cuando buscamos las Coplas de Jorge Manrique, todas ellas son ediciones copiadas, falsas. También nos suministra, como señalé, preciosas reproducciones de ediciones históricas, facsímiles.
Las Coplas serán el número cuatro de nuestra nueva colección de Clásicos Hispánicos EDOBNE; habrán sido editadas por un filólogo, que expondrá brevemente sus criterios y acompañará al lector –sin abrumarle– con discreción, para que lea el texto genuino y saboree su viejo sabor de elegía universal.
Las reproducciones de las portadas que irán en nuestros libros electrónicos muestran, en su etapa casi final, los diseños de Carlos Fernández (marcastipograficas.com), que pueden todavía sufrir modificaciones. 

sábado, 14 de mayo de 2011

La Biblioteca de Quevedo, cada vez más cerca


He tenido que volver a redactar esta entrada unas semanas más tarde, porque Carlos Fernández, al asentar lecturas y bibliografía, se ha dado cuenta de que el documento que yo le he pasado es el mismo con el que ya había trabajado, ¡en 1975! Maldonado. De manera que vamos a rehacer la tarea que se refiere a este documento, que ellos podrán matizar en algunos aspectos. 
Queda la historia menuda y cordial de aquella jornada de trabajo, que decía sí: "Al mediodía, Carlos (Fernández) Sofía (Simoes) y yo comimos en el Parterre, el pequeño restaurante con que termina la calle de Alberto Bosch antes de darse de bruces, en Alfonso XII, con el Retiro. Habíamos pasado la mañana en el Archivo Histórico de Protocolos, para considerar el estado de la cuestión de la biblioteca de Quevedo, de la que creo yo que, asediada por un lado por Francisca Muñoz y por otro por nosotros mismos, va a terminar por reconstruirse bastante bien. 


Es el caso que ya han terminado –los documentos de protocolos casi nunca se "terminan" del todo– la tarea de leer el documento y empezar a trabajar con otros aspectos. Para llegar luego al libro concreto, como en muchos casos hizo Maldonado, ha de darse la coincidencia de que alguno de los libros citados en el inventario –por ahora en este– coincida con alguno de los ejemplares que lleva la firma de posesión del autor. La firma de posesión del autor o, en su defecto, notas autógrafas, afecta en estos momentos a unos cuarenta libros, que forman, por cierto, capítulo de la próxima tesis de Diana Eguía sobre los autógrafos de Quevedo.

Les he entregado, por cierto, el segundo inventario –letra más difícil–, espero que no sea ninguno de los conocidos. Tendré que plantearles que hagan un inventario de inventarios. 
Como postre, de la investigación y del menú: los tres tomamos macedonia. 


Un gesto de temor cuando les dije que lo iba a contar en el blog, porque los quevedistas y otras gentes deben saber cómo va la investigación y qué se puede esperar de ella. De hecho, el exceso de generosidad puede provocar, como en este caso, que haya equivocaciones u olvidos que obligan a rehacer el camino. No me parece mal, como cura de humildad y para subrayar la necesidad de trabajar con los demás, estas equivocaciones, que en este caso han sido mías.
Crucé el Retiro para volver, por las plazoletas de Campo Grande, una de las zonas más sombreadas del parque, hasta desembocar en la Rosaleda, cuyo aroma atrae durante estos días.

lunes, 28 de marzo de 2011

Doscientos libros de la biblioteca de Quevedo

Hace algunos meses ya anuncié, en este cuaderno, que los proyectos de reconstruir su biblioteca no iban a dar ningún resultado si no se tenía en cuenta una serie de datos, condiciones, etc. Hecha la objeción, cumplo ahora con iniciar la tarea, que tendrá una segunda parte –muy valiosa, por lo que me ha dejado ver– en la sagacidad y el trabajo de la doctora Moya. La relación que en su momento leyó y dio a conocer Maldonado (en el homenaje a Rodríguez Moñino) es un documento excepcional, con el que me he vuelto a encontrar al trabajar en el AHPM y sobre el que me ha prevenido Carlos Fernández que es el ya conocido entonces por los quevedistas: alcanza casi las doscientas obras; cantidad muy notable para la época y para un personaje como Quevedo, quien sin duda guardaría muchos más libros en La Torre y en sus casas de Madrid. Abundan los libros eruditos, teológicos, "humanísticos" (clásicos grecolatinos), pero no faltan los históricos, de actualidad y los literarios. Su elucidación completa podría ser la base para la reconstrucción de su biblioteca, desde luego.


Los documentos, en el AHP de Madrid, se leen bastante bien; no es el mayor problema su lectura “literal”, sino su interpretación, es decir, el modo que tenían escribanos y notarios de citar los libros, por fórmulas coloquiales y abreviadas , lo cual implica, primero, reconstruir el título entero; y luego averiguar de qué edición se trata, cuando lo es, pues a veces se les olvida señalar con el “de mano” que se trata de manuscritos. Los casi doscientos libros que se enumeran de su posesión se pueden ir añadiendo a los que se han buscado en los índices de San Martín (el viejo monasterio benedictino de Madrid) y los que o van firmados por Quevedo o su letra ha dejado comentarios interlineales o marginales.
Este primer documento es bastante extenso –más de 15 hojas– y merece la pena que se transcriban también algunas de las partes que no aluden a libros. El documento entero será publicado en nuestra revista manuscrt.cao, cuyo número tres aparecerá ya muy pronto. http://www.edobne.com/manuscrtcao/


Yo Francisco Pérez Tristán, escibano del Rey nuestro señor, residente en su corte y provincia della y agente de negocios en su Consejo Real de las Indias certifico y doy fe a los que el presente vieren como habiéndose exhibido ante mí por don Pedro de Alderete Quevedo y Villegas, residente en esta Villa de Madrid y heredero poseedor del mayorazgo que fundó el señor don Francisco de Quevedo y Villegas, caballero de la orden de Santiago, señor de la villa de la Torre de Juan Abad, el testamento, debajo de cuya disposición.... [copia del testamento]. [Pedro Alderete pide que se cumplan las cláusulas del testamento, ya que su tío] dejó algunos bienes muebles, como fueron baúles y libros; y para cumplir con las cláusula de su testamento en que manda que de todos se haga inventario de los bienes y que se me entregue.... Inventario. En la villa de Madrid a 18 días del mes de abril de año de 1646, yo el escribano, en compañía del dicho don Pedro de Alderete Quevedo Villegas fui a casa de don Francisco de Oviedo en esta villa, que posa en la carrera de San Jerónimo... donde se hallaron un arca de pino cerrada y dos cofres y en ellos los bienes siguientes: Primeramente la arca la cual iba un arcabuz de rueda que tasaron en..... 09.... Mas otro arcabuz de una llave.... Una cama de madera de nogal con sus cinchas... Un cofre encorado con baqueta....[a partir de aquí sigue la relación de un centenar de libros]
[La relación siguiente es el inventario de los bienes que guardaba Juan de Molina, que vivía en la calle del Postigo] ....y en su poder se hallaron un cofre y un arca pequeños y en ellos había... [sigue una relación de 54 libros más]. 
El día siguiente, el 19 de abril de 1646 en casa del canónigo Guerrero se alló un cofre grande de vaqueta negra  que es el que declara el señor don Francisco de Quevedo.... y en él se hallaron los bienes siguientes: Primeramente el dicho cofre en..... 33 reales. Dos pistolas de una rueda y otra con llave de chispa tasada en quarenta reales, digo,  50. [y unos 35 libros más]