Nada puede pedir
quien nada ofrece,
el equipaje
machadiano apresta:
un cepillo de
dientes, unos versos,
vagos recuerdos
de quien nada espera,
la risa tonta de
quien todo ignora:
–traído para qué, dónde te llevan–,
a qué universo extraño
te mandaron
a dar tumbos sin
ton ni son y vueltas.
Del almacén
donde guardé al pasar
lo que no cabe
en la voz y la maleta,
¿quién se va a
ocupar cuando me vaya?,
¿quién el
desnudo soñará de gema?
Con las manos
vacías y perplejo,
sin nada que
ofrecer a quien se acerca.
