Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 1 de mayo de 2018

ÍNDICE de la Antología de la poesía en español (siglos XVI-XVII)


Sigue el ÍNDICE de la Antología de la poesía en español (siglos XVI-XVII) que va a aparecer en Clásicos Hispánicos.

Recuerdo que la Antología tiene dos parte, primero la historia de la poesía durante los llamados o el llamado Siglo de Oro, luego el recorrido textual, en donde me he atenido a la introducción y, por lo general, he mantenido el orden cronológicos (por fecha de nacimiento), con pequeños ajustes.
Al cabo, he buscado ilustraciones, pocas, flores de mi último viaje a Mongolia interior, cuyo es el panorama que abre esta entrada.


ÍNDICE

I. Introducción. La evolución de la poesía (siglos XV-XVII):

Generalidades
La evolución de la poesía a lo largo del siglo XVI.
Perduración de la lírica medieval de cancioneros
El petrarquismo
La lírica culta.
El manierismo. Teoría y preceptiva.
Imitatio y final de siglo.
Cantar la poesía.
Cancioneros y romanceros.
Canciones para una nueva época
El avispero poético del siglo xvii

Bibliografía selecta
Esta edición

II Textos

1. Poesía de cancioneros

2. Garcilaso y la poesía petrarquista
Cristóbal de Castillejo
Juan Hurtado de Mendoza
Juan Boscán
Garcilaso de la Vega
Francisco Sá de Miranda
Diego Hurtado de Mendoza
Sebastián de Horozco
Gutierre de Cetina
Hernando de Acuña
Gregorio Silvestre
Jorge de Montemayor
Diego Ramírez Pagán
Francisco de Terrazas
Francisco de Figueroa
Eugenio de Salazar
Francisco de la Torre
Gil Polo

3. Manierismo y fin de siglo
Fray Luis de León
Baltasar del Alcázar
Alonso de Ercilla
Juan López de Úbeda
Femando de Herrera
Francisco de Aldana
Bartolomé Cairasco de Figueroa 
Pedro Laynez 
Pedro de Padilla
Francisco Pacheco
San Juan de la Cruz
Juan de la Cueva
López Maldonado
Miguel de Cervantes
Poesía erótica y Melchor de la Serna
Lomas Cantoral
Luis Barahona de Soto
Rodrigo Caro  
Juan López de Úbeda
Vicente Espinel  
Francisco Agustín de Tárrega
Gabriel Lobo Lasso de la Vega
Francisco de Medrano  

Poesía anónima y lírica tradicional

4. El siglo XVII
Luis Carrillo y Sotomayor Baena,
Lupercio Leonardo de Argensola  
Cristóbal de Mesa
Luis de Góngora 
Lope de Vega
Antonio Mira de Amescua
Juan de Salinas
Bartolomé Leonardo de Argensola
Conde de Salinas  
Agustín de Tejada Páez
Juan de Arguijo
Andrés Antonio Hurtado de Mendoza 
Fernández de Andrada
Luis Martín de la Plaza
Pedro de Espinosa  
Francisco López de Zárate
Francisco de Quevedo
Conde de Villamediana
Francisco de Rioja
Juan de Jáuregui  
Pedro Soto de Rojas
Luiis de Ulloa y Pereira
Baltasar E. Medinilla
Esteban Manuel de Villegas
Antonio de Paredes,
Bernardino de Rebolledo
Miguel J. De Colodrero de Villalobos
Martín Miguel Navarro y Moncayo
Anastasio Pantaleón de Ribera  
Gabriel Bocángel
Salvador Jacinto Polo de Medina
Antonio de Solís y Rivadeneyra
Gabriel Álvarez de Toledo
Francisco de Trillo y Figueroa
Jose de Valdivielso
José Tafalla Negret
Sor Juana Inés de la Cruz

Romanceros


Textos complementarios
Textos críticos
Comentario de texto (por Pablo Jauralde)


Procedencia de los textos
Índice de primeros versos













miércoles, 13 de septiembre de 2017

Flores silvestres en Mongolia interior


Todavía el campo andaba en floración, aunque dominaban las estepas y las llanuras con plantaciones, por lo general recogidas, de cereal o arbustos (colza). Entre todo, de vez en cuando la sempiterna flor silvestre que asoma su cabeza blanca o de color para respirar la disfrutar de la fugacidad de su corta vida: muchas veces semejantes a las flores silvestres de todos lados: apariencia de margaritas, de amapolas (que suelen ser amarillas), agrupaciones caprichosas en forma de pájarillos....  Todo va, con algunas de las imágenes de los fotógrafos.

 


Antes de llegar a la frontera rusa:


martes, 5 de septiembre de 2017

Mongolia y sus lugares


La travesía de Mongolia interior tiene muchas encrucijadas. En este caso el camino cruzaba Jalai nur o Zhalainuoer y llegaba a Manzhouli, desde donde se podía alcanzar con facilidad el lago Hulur. Como he señalado, el río Er lleva de su mano, a su derecha, la frontera rusa, con la provincia de Abagaytuy, y termina, arriba, en aquella ciudad. Los signos del maridaje ruso-chino-mongol son constantes: en la facción de las gentes, la lengua, las costumbres, etc. Los más evidentes, en los comercios y letrería de escaparates y edificios oficiales, generalmente en chino y en ruso, alguna otra vez con hanzis de minorías étnicas.

frontera chino rusa


Manzhouli es, como todas las ciudades fronterizas, una ciudad curiosa ajetreada de comercios y viajeros. Los edificios son aparatosamente rusos, con juegos arquitectónicos algo majestuosos o muy redichos, parecen iglesias occidentales; los comercios prodigan las joyas, pieles, piedras, comestibles y licores, instrumentos ópticos, uniformes militares, ropa en general…


La ciudad se adorna, como otras muchas de china, con bastantes esculturas metálicas de carácter figurativo, en los lugares más céntricos; y se ilumina toda al hacerse de noche: calles, plazas y edificios totalmente prodigando una extraña sensación neoyorquina de multitud, que es realmente falsa.



Al día siguiente nos desplazamos hacia el lago Hulu, que está cerca, a unos 20 kms, y cuando se alcanza parece un verdadero mar, pues no se puede ver alguna de las orillas. Es un lago curioso, dicen que el quinto mayor de China, porque no había ni en la cercanía ni en sus orillas ningún árbol y prácticamente escasas edificaciones, solo alguna chabola para turistas. La explicación: obviamente el lago se hiela cuando llega e invierno y se convierte en inmensa pista de patinaje.



Eso sí, en los alrededores seguían ofreciendo caballos y tiendas a los turistas que quisieran practicar la equitación, a modo de los antiguos mongoles, del Gengis Khan que aparece en muchos lugares, por ejemplo en la gran plaza de Hailar, de donde partimos. La historia de Gengis Kahn (siglo XII) es curiosa, aunque no de este lugar, y pertenece a la memoria colectiva de los mongoles, digamos, como la del Cid a los españoles. Rebrotó recientemente con motivo de la invasión japonesa, que llegó a Manzhouli y ocupó Hailar, es decir el último rincón de esta parte de Mongolia. Solo en 1945 la pararon los rusos, que se aliaron a los mongoles y a los chinos para expulsarlos. En Hailar hay un montículo con huellas de la batalla, exposición, tanques viejos, etc. En buena parte de aquí deriva la curiosa fraternidad entre chinos, mongoles y rusos en toda esta parte de China.


Cruzamos también por Jalai Nur, ciudad curiosa porque conserva muchos barrios viejos, formados por casas muy bajas con techo rojizo, numerosas chimeneas, materiales de arcilla, adobe y madera, configurando un modo de vida pegado a tierra –lejos del frío y del calor–, de población que hubo de ser agrícola y ganadera. Esta desapareciendo rápidamente, sustituida por modernos edificios funcionales. Paramos, por cierto, en uno de estos lugares, a repostar (a comer algo) y comprobamos que los servicios sanitarios todavía eran un hoyo en un rincón del huerto aledaño a la casa. A veces la desigualdad es notable.




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domingo, 27 de agosto de 2017

Viaje a Mongolia interior


Manzhouli la extraña y bella ciudad que hace frontera con Rusia, y a la que hemos llegado después de seguir el curso del rio, cruzando las extensas praderas (草原) de Mongolia. Digamos que ha sido el final de uno de nuestros trayectos. Durante el viaje: caballos, mucho ganado (vacas y ovejas), pero también bandadas de cuervos, colmenas, campos de colza (aún con la flor amarilla) y extensas eras de trigo recién recolectado. En algún momento el viajero se ha parado a fotografiar las flores silvestres, lo que ya mostraré. No he visto perros en los rebaños de ovejas, pero sé que hay lobos, aunque las montañas son las rusas, lejanas, al otro lado del río Gen. EL ganado atraviesa constantemente la carretera, para beber en humedales, que son muy abundantes.









Para un paisajista, lo mejor, el juego de verdes en las praderas, y el de azules y blancos en el cielo Y los tejados añiles en casas pintadas de naranja de los pueblos. Me ha llamado la atención la cercanía de las nubes a la tierra, pero no me lo sé explicar. 
Pueblos y aldeas son muy especiales, de casas bajas con techo añil, paredes y fachadas de color naranja, normalmente de madera (¿de abedul?), aunque en otros lugares he visto adobe y ladrillos de arcilla.

Javi no ha querido comer cordero. Verduras y un plato de huevos (¡con ocho huevos¡). Para desayunar, leche fresca, mermelada de arándanos, bollos... Esta noche, si llegamos a la frontera, compraremos  chocolate ruso, que se vende bastante barato por todos lados. 




Los viajeros habíab alcanzado por fin el extremo norte de su viaje, en Mongolia interior, al llegar a la frontera rusa. Creo que lo primero que hicimos fue comprarnos una tableta de chocolate ruso, que devoramos compulsivamente. El chocolate es muy caro en China y las marcas europeas que llegan lo hacen a precio desorbitado (Dove, Richter....) Nos lo merecíamos después de un largo viaje entre pastizales, llanuras, humedales e inmensos bosques de abedules, que vuelve a ser –junto a las pináceas– el árbol más abundante. El tiempo se ha ido enfriando poco a poco, han desaparecido las frutas, aunque quedan tomates y verduras. De hecho, en un alto en el camino hemos vuelto a tomar berenjenas, mi plato preferido en China, esta vez terminado en yogur, ya que en esta zona –ganadera por excelencia– son abundantes todos los productos lácteos.


Lo más llamativo en pueblos y ciudades vuelve a ser la arquitectura, cada vez más contagiada del ruso (cúpulas de colores, predominio de rectos y frontispicios, portalones gigantescos....todo algo gesticulante).


Mongolia interior es una región enorme con escasa población, lo contrario que en China. El alto en el camino ha sido en un lugar minúsculo, una población probablemente artificial con casitas de madera muy bien acondicionadas, en una de cuyas habitaciones esperamos a que, a la hora de cenar, se encienda alguna luz en las cuatro calles y alguien nos sirva un arroz frito o un caldo con fideos.
Javi ha encontrado un ciervo en un corral.



El viajero tiene muchas dificultades para redactar este blog, casi nunca logra conectar al wifi y cuando lo hace, la censura de China a las cosas europeas y americanas estropea todo; o sea que cuento lo que puedo y cuando puedo. Muchas veces tampoco puedo elegir las fotos adecuadas.







Finalmente hemos contratado un 4x4 para poder atravesar estepas y pastizales, pues queremos llegar, además de a la frontera rusa, al inmenso lago Hulur.
La cena fue muy abundante, como siempre en China.
Nos acostamos pronto, porque anochece pronto y es costumbre. A la aldea llegó bastante gente. A las seis y media de la mañana ya andaban todos brujuleando. Empezamos una nueva jornada que no sé si este artilugio me dejará contar. 


El tiempo ha ido de la lluvia y el viento a una jornada espléndida de sol radiante, que embellecía el juego de colores de los pastizales.