Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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viernes, 26 de febrero de 2016

Paseos del arte

Cartel y mural de la exposicion temporal "Realistas de Madrid", Museo Thyssen (Madrid)



Al menos en Madrid, uno se puede dar un paseo cada día para ver lo que crearon los afortunados que supieron realizar los deseos de su imaginación o de su pensamiento.... uno puede sumirse cada vez más tiempo en las galerías, los museos, los lugares de culto, y dejar que cuadros, fotos, pinturas, edificios, música, etc. se vayan apoderando de su vida.  No sé si es bueno, pero  al final la sensación es la de haberse subido a una nube en donde todo termina por causar algún tipo de emoción. La emoción del arte, no la de la verdad, aunque existen secretas y continuas conexiones que van de lo uno a lo otro, que enriquecen la vida y que justifican el arte como uno de los motivos del conocimiento, porque al fin y al cabo eso es también conocimiento; y como un rasgo consciente y creador de la condición humana.
Hoy por la mañana he ejercitado esa relación, conscientemente: escuchando y viendo al colegio infantil que visitaba el museo Tyssen en Madrid, siguiendo durante un corto tiempo las paradas de la dama china, buscando las tres lunas que necesitaba para ilustrar la que estos días nos desasosiega, ejemplificando cuellos de lechuguilla y golillas, para explicárselo a alguien al que le interesó, etc. 
Rubens, Retrato de una joven con rosario (1909-1910)
La mañana se ha perdido, el deber y la tarea dio paso al sosiego y el placer de la contemplación; me detuve en los cuadros que siempre me conmovían, el adolescente pintado por Rafael, la playa de Saint Malo, la cabeza esbozada de Modigliani, que miraba a otra a su lado mucho más adusta de Picasso.... Tiempo en profundidad, para saber, conocer y sentir. Porque eso también es el arte. Las salas de los impresionistas estaban llenas de hablantes franceses; al lado o cerca, la de pintores norteamericanos, con dos grupos de habla inglesa; y así sucesivamente, que tienen estas cosas sus circunstancias, es decir y una vez más, se enredan con quisicosas de la vida.
Modigliani, "Cabeza de mujer" (1915)
Picasso, Estudio para cabeza (1907)
Casi no dejé tiempo para visitar la exposición temporal de los realistas madrileños, que a eso en principio había ido, y que allí fue donde terminé. Buscaba una vez más hurgar en los años en los que desperté a parcelas del arte y en los que me inicié, de mano de la literatura, a una situación semejante, de manos de la emoción, todavía sin saber reflexionar lo que ocurría, lo que me ocurría.


miércoles, 18 de junio de 2014

El arte Pop


Que sea el arte algo que sucede
mientras que nos movemos entre cosas
sin definir aquello que prendido
quedó como en la espina de la rosa:

colocar aquel vaso con cuidado,
cambiar objetos que en la mesa posan,
dirigir la luz de la ventana
y elegir los zapatos y la ropa;

lo que la pluma traza será el arte,
esa hilera de hormigas caprichosas
que dibujan los versos del soneto
y amagan lo que ocultan y lo rozan.

Ell genio se ha quedado alicaído;
ya no quiere belleza prodigiosa.




El arte pop –vamos a llamarlo de manera simple– tiene desde el comienzo la simpatía de no ser el arte, sino de haberse segregado naturalmente de lo que está y ocurre. Si lo que está y ocurre es el triunfo de la coca cola, los colorines publicitarios, el desmedido afán de vender y comprar, etc. pues eso; que sea eso y no otra cosa lo que ocupe el trono “artístico” es todo una bendición: que por fin se reconozca el estatuto de realidad a lo que antaño era gesto hacia lo sublime y diferente, que la literatura no es sino un modo más de expresión que se quiso engolar y definir como otra cosa.  Es un discurso que he expuesto tantas veces....

Andy Warhol, Mao (1972)
He paseado con un chaval de doce años por la exposición del Tyssen en Madrid –no hay que temer, fue una visita muy selectiva, de apenas una hora–, sin intentar inculcarle la idea de que aquello era arte y que estábamos en un museo. A mi acompañante le aburrían las consideraciones –en la guía de audio– sobre movimientos artísticos, tradiciones literarias y sugerencias técnicas, pero le resultaban atractivos y hasta graciosos muchos de los cuadros, como el del traje bajando la escalera, los collages, todos los que tenían sabor humorístico, etc. A mí me ocurría que me gustaba encontrar la dimensión histórica de otros, lo que era fácilmente reconocible en la galería de hombres públicos –Mao, Kennedy–, cantantes –los Beatles– e incluso hechos históricos –el cuadro de Genovés. 

Roy Lichtenstein, Joven con lágrima III (1977)
Es decir: el discurso expresivo como discurso histórico –la única dimensión cierta de cualquier discurso, por cierto– y la valía o resto que permanece todavía en algunos casos.

Lo curioso de este “arte” es que se ha situado y encerrado en un museo, y por ese moderno movimiento de hambruna cultural que provoca las colas de los museos en Madrid, y en otros lugares, la exposición estaba abarrotada, pero lo mismo que estuvo masificada la de Cezanne o la de Darío de Regoyos, qué más da: es un producto cultural –piensa el espectador– refinado y quiero verlo y (eso no se sabrá nunca) disfrutarlo. Sobre qué huella dejará ese joven llorando –de Roy Lichtenstein, 1977– en esos espectadores se sabe más bien poco. A mi acompañante adolescente fue uno de los cuadros que más le gustó, le recordaba una canción de los Beatles.

domingo, 30 de enero de 2011

Jardines impresionistas

Jardines impresionistas. Dicen los críticos de ahora que los museos apuestan por el impresionismo porque la respuesta del público es siempre positiva, febril casi, entusiasta desde luego. Y como puede que la crisis se haya extendido a presupuestos de centros culturales, el impresionismo reaviva la afluencia de público, la publicidad, las arcas.... Y ahí me he ido con esa corriente entusiasta de público a ver jardines impresionistas en el Thyssen, en una de sus sedes, pues en la de la Plaza de San Martín estuve hace poco; y después de cruzar el Retiro, el Prado anunciaba en su fechada a Renoir. No damos a basto; y no damos a basto con los impresionistas.


El impresionismo como resultado del asentamiento de los gustos burgueses a finales del siglo XIX. He ido acompañado de un churumbel de ocho años, por eso la dosis ha sido mínima; y le he dejado un poco a su aire entre la gente, tanta que casi no se podía ver con tranquilidad nada. No está muy determinado el chaval –espero– por los gustos burgueses de su educación ni de la de las gentes que le rodean, y sin embargo ha disfrutado con algunos cuadros, particularmente con un Van Gogh y algunos Gauguin. No puede ser este un lugar adecuado para una teoría estética, ni siquiera para un tratadillo del gusto; pero dado que en prensa, semanarios y demás se puede emitir juicio radial sobre este tipo de exposiciones, obras y autores, yo creo que, al mismo nivel, también puedo hacerlo. Me ocurre igual con los productos llamados literarios, particularmente cuando por ellos asoma algún vestigio de –vamos a llamarlo– romanticismo, lirismo, preocupación formal, etc. A moro muerto, gran lanzada. Y sin embargo, con qué placer todavía y aún contrastan muchos de mis alumnos su travesía humana con aquellos productos; lo diré de otra manera: cómo buscan en los productos llamados artísticos los ingredientes que les afectan íntima, personal y socialmente. El cumplido análisis de lo que es un elemento discursivo en una formación social deformada por los intereses de clase, la conciencia clara de que así puede ser, incluso, no borra los efectos “positivos” de aquel discurso sobre los individuos y sobre la sociedad. Y los impresionistas, que miraron lo que miraron y cómo lo miraron, contienen principios de armonía, ramalazos de consistencia, pulsiones que nosotros sospechamos que no todas se deben al imparable ascenso de las clases burguesas.

Y todo esto, no hay que preocuparse, no se lo expliqué al churumbel de ocho años. Por el momento no pensé que ya había desarrollado una malformación ideológica de raíces profundas; simplemente pensé que recibía impulsos espontáneos de muy diverso signo, con cuyos mimbres iría tejiendo su formación.