Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 6 de agosto de 2013

Una consolatio de Quevedo y un Manual de Morfología

No parece oportuno que sea yo mismo quien alabe el Manual de Morfología de Carmen Aguirre, ya que se ha publicado como último volumen de una colección que yo dirijo o, al menos, que yo he venido dirigiendo hasta ahora, pues desconozco cuáles son los nuevos caminos de la vieja Castalia, que se trasladó ya el año pasado a Barcelona, y en la que este Manual estaba contratado y en marcha: se cumplen en él las características de un buen manual que tanto he encarecido: orden, rigor, simplicidad sin reducir el campo a banalidades, capacidad para su consulta rápida, sea por capítulos o puntualmente, etc. Todo ello con ese diseño práctico –y casi espectacular– que la colección tenía.
La obra está redactada con la elegancia del rigor; y estructurada minuciosamente para ir del índice al contenido y viceversa.


Otras son las condiciones de la epístola a Antonio de Mendoza, siempre atribuida a Quevedo, nunca con absoluta seguridad, que acaba de editar Valentina Nider en una muy meritoria colección italiana. El texto ocupa apenas ocho páginas (82-90, con algunas notas), el libro ocupa 142, y despliega todas las técnicas y conocimientos históricos y filológicos para que la obrita quede definitivamente editada, ubicada y explicada en su contexto. Así comienza:
Asaltome el otro día los gustos más conformes a la liviandad de mis deseos el recuerdo de un amigo que vi llevar a enterrar; que, según andamos divertidos, aun estamos enterrados y no creemos que la muerte y el horror nos tienen....

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Nuevos títulos en Clásicos Castalia

Doy noticia de los dos nuevos títulos de Clásicos Castalia, que me han entregado hoy por la mañana, al tiempo que hacíamos repaso sobre la colección, que dirijo, que ahora tiene su sede central en Barcelona.

La edición calderoniana es una tercera aparición, bastante renovada, de La vida es sueño, por un antiguo y prestigioso calderonista, José María Ruano de de la Haza (Ottawa).

Los "Textos y documentos de la aventura americana" es un ameno y muy bien presentado conjunto de testimonios históricos, muy tempranos, sobre la llegada de los españoles al Nuevo Mundo. Su introducción subraya, especialmente, la lucha ideológica –con sus referencias religiosas, económicas, etc.– en torno a la cuestión más estremecedora de todas: el indio, su estatuto, explotación, esclavitud, defensa.... No se leen esas páginas con indiferencia. He aquí su índice:




miércoles, 30 de noviembre de 2011

Nuevas ediciones de Clásicos Castalia


jueves, 24 de febrero de 2011

Libros, libros, libros....

Creo que merece la pena que reseñe –que dé noticia– de las novedades de Clásicos Castalia. Ya lo hice ayer en referencia a La pícara Justina, edición de Luc Torres. En tamaño de esfuerzo y calidad no le va a la zaga la nueva edición de Fortunata y Jacinta, a cargo James Whiston (Trinity College, Dublin; en dos volúmenes, como es usual). Una hermosa recopilación histórica es la del volumen Lope de Aguirre y la rebelión de los marañones, que han organizado Beatriz Pastor (Dartmouth College) y Sergio Callau. El repertorio de Lope de Vega se enriquece con una de su comedias clásicas, El Villano en su rincón, editada por J.A. Martínez Berbel (Univ. de la Rioja). Y, en fin, El heredero, la novela de José María Merino, editada y exquisitamente preparada para su lectura por Fernando Valls.


Anuncio asimismo la publicación de un nuevo volumen en la serie manuales, que dirijo, el de Bibliografía, a cargo de Fermín de los Reyes (Univ. Complutense).


miércoles, 23 de febrero de 2011

La Pícara Justina, ya se puede volver a leer



Al fin una edición de La pícara Justina, de Francisco López de Úbeda, preparada ahora por Luc Torres (Universidad de Lyon). Me cabe la satisfacción de que se haya publicado en Clásicos Castalia, colección que dirijo. Ocupa un solo volumen, de más de 900 páginas. En la ilustración distinguirá el lector que se ha respetado su peculiar forma gráfica original, con las anotaciones marginales, por ejemplo.


La Pícara (1605) es uno de nuestros grandes clásicos, que desde hace unos cien años –la vieja edición leonesa– siempre se hubo de leer precariamente anotada y editada (e incluyo mi propia edición). El profesor Luc Torres ha ido publicando –y lo seguirá haciendo, por lo que sé– batería de estudios que completan el panorama sobre el autor, la obra, el léxico, etc.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Diccionario Filológico de Literatura Española (siglos XVI-XVII)

Con la reciente publicación de los dos volúmenes del Diccionario que recogen obras y autores del siglo XVII doy por terminada una tarea que nos ha llevado el esfuerzo de unos siete años, en la que se han comprometido unos doscientos investigadores. Es seguro que durante este tiempo muchos datos y aspectos de nuestra historia literaria han cambiado; también lo es que las recopilaciones ayudan a descubir lagunas, temas, aspectos, etc. que se hubieran esclarecido de no haber utilizado las armas de la erudición, la investigación, la recopilación y el estudio, etc. Por esa razón nos sentimos satisfechos pero esperamos mantener el Diccionario vivo, a partir de ahora, con ayuda de cada uno de los expertos, a quienes brindaremos la oportunidad de mantener la entrada actualizada para exponerla en EDOBNE.com.
El copioso índice aparecerá asimismo en este blog, espero que no muy tarde.




lunes, 3 de enero de 2011

La REC (I), recuerdo y recuperación

Esta breve entrada sobre la REC (Revista de erudición y crítica) va a recordar los tres o cuatro años que atravesó la revista antes de sumergirse en el olvido, del que rescataré algunas viñetas para el cuaderno, la primera, un par de páginas sobre Glenn Gould, a resultas de lo que se dice en un "blog" amigo, el de "Estrella".


La REC fue una actividad típica por la que  se atraviesa cuando se inician las tareas de investigación, por la que transitan los jóvenes cuando comienzan a ejercer una actividad en campo propio: crear una revista, casi una necesidad de hacerse con voz propia. Iba a haber escrito "crear y mantener"; pero lo segundo es, quizá, otra tarea bien distinta.
A mí me cupo la satisfacción y el deber de canalizar uno de esos impulsos colectivos, que surgió del grupo de jóvenes investigadores y creadores que acudían los lunes a la Biblioteca Nacional, para catalogar manuscritos, inicialmente, para trabajar y crear, como resultado de cualquier otra actividad relacionada con la Filología. "Lunes de Filología" se iba a llamar una de las revistas que imaginaban, precioso etiquetado que no pude adoptar, primero, porque, como me advirtió uno de ellos, era título ya elegido por algunos; y segundo, porque la canalización a través de una editorial –necesaria– iba a imponer otro título.
En efecto, se canalizó a través de la editorial Castalia, en donde yo dirigía –y dirijo– algunas colecciones muy conocidas, y en donde encontró una excelente acogida.
Fueron los preliminares difíciles, arduos, complejos, gozosos.... Finalmente conseguí –creo que fue discreto y sencillo logro mío, la verdad– que la dirección de la revista equilibrara la experiencia, rigor y buen hacer de Mario Hernández –catedrático de la UAM, quizá quien mejor conoce historias de revistas literarias recientes, no en vano dirigió Trece de Nieve, hace años–, con la capacidad creadora y la intución de Pablo Moíño Sánchez y María Fernández Salgado. Los cuatro trabajamos en la realización del proyecto, que se fue materializando en las reuniones que nos ocupaban largas mañanas alrededor de una mesa, etapa final, a la que se sentaban, en la editorial, Esperanza Morais y Federico Ibáñez. 
Siete números salieron de la revista, que tenía detrás a toda la plantilla de nuestro grupo de investigación de la Biblioteca Nacional y que, como trabajo serio, riguroso y concienzudamente realizado, quemaba el tiempo de los más jóvenes, lo que iba a ser a medio plazo, una de las razones de su desaparición. 
En algún momento daremos noticia de los índices, entre los cuales, por ejemplo, hay tres cartas autógrafas e inéditas de Quevedo –han tenido que pasar cuatrocientos años para que se publicaran–, poemas autógrafos e inéditos de Ullán, Carlos Piera, Gamoneda, Miguel D'ors, Carvajal, García Calvo.... Temas de rigurosa investigación histórica, ensayos, reseñas, antologías....
Ahí se quedaron y ahí están. Es posible que con el cambio de la editorial Castalia sea ya y para en adelante difícil su consulta o su recuperación, como suele ocurrir con todas las revistas de vida fulgurante e intensa. 
Algo podremos rememorar en este cuaderno.



martes, 28 de septiembre de 2010

Castalia, el libro electrónico



despacho de la dirección de Castalia en Madrid
Mantuve ayer una de las reuniones habituales en Castalia, la vieja editorial en la que, desde hace unos diez años, dirijo algunas colecciones, entre ellas Clásicos Castalia. En su local de la calle Zurbano tiene la sede, y en la sede un despachito, entre otras habitaciones, que es donde habitualmente se mantienen las reuniones para dirigir y proyectar la editorial, que desde hace ahora unos cuantos meses, ha cambiado de propietario –y en consecuencia, de editor–; ahora pertenece a Edhasa.
Lo que yo quería indicar, no obstante, ahora que libros, editoriales, papel impreso, etc, han entrado en zona confusa de porvenir azaroso es que ese lugar –editorial, despacho– es como un pequeño santuario de un pasado literario muy peculiar, que se ha contado muchas veces, desde luego. Dirigieron la colección Rodríguez Moñino, el gran bibliógrafo, que la inició; José Fernández Montesinos, cuya foto entre elegante e irónica, presidía las reuniones; poco tiempo estuvo allí Fernando Lázaro Carreter –yo le tuve como profesor, en Salamanca, pero apenas le conocí en sus funciones de director de la CC– y Alonso Zamora Vicente, con el que más tiempo compartí –era mi maestro– tareas.  En ese despacho conocí y traté a muchas personalidades de nuestras letras, entre las cuales solo voy a recordar a Amparo Soler (“Gráficas Soler”), la antigua impresora y promotora de la editorial, elegante, emprendedora, activa.
El despacho ahora padece de la “crisis”, como todo en este extraño país, e intenta remontar el vuelo con el impulso que los nuevos dueños quieren dar a la editorial. Recuerdo, en los últimos años, las concienzudas reuniones de quienes habíamos inventado la REC (“Revista de Erudición y Crítica”), que dedicábamos largas sesiones, con los editores, para montar cada número: Mario Hernández, Pablo Moíño, María Fernández  y yo mismo.
La reflexión sobre qué va a ser del libro no es de un rincón tan corto. Lo último que he leído –en Argentina– y lo último que he visto –en Nueva York–  es desconcertante, pero alentador: el libro recobra el vuelo perdido y se envalentona frente al libro electrónico, al que doblega curiosamente, con elegancia e historia. El libro remite a un concepto de escritura, se erige en centro de un lugar desde donde se despliega todo un ámbito, recorrido antes por la historia, con mayúscula. Incluso su formato futuro está empezando a beneficiarse del  libro electrónico que, hay que subrayar este hecho, "le imita" hasta en su textura.
Añado un enlace para un estupendo artículo de Irene de Benito (la referencia argentina de marras) en La Gaceta argentina.