y se me ha sentado –vaya–
una chinita delante.
Le digo cuánto le quiero
en español elegante;
al “sorry” no le contesto,
como que miro a otra parte.
Al rato se lo repito
con voz dulce y gesto grave;
está claro de qué va
este susurro constante.
yo me hago el que nada sabe,
maniobro para que siga
tranquila pero expectante.
Al rato, ya más serena,
Al rato, ya más serena,
que ni se entera ni sabe;
sonrío con suficiencia
y prosigo en declararme:
–Si tú supieras, chinita,
si tú supieras romance,
sabrías que mis palabras
tendrían que encandilarte;
que vino el amor sabrías,
que lo tienes de tu parte;
por qué me ocupan tus ojos
el lugar donde mirarte,
por qué la luz te rodea
oscura, canela, suave,
que voy a llevarte a sueños
donde pueda acariciarte,
cerrar tus párpados finos
cuando empiece a desnudarte,
chinita de ojos rasgados,
que sabes a bienmesabes…
Ha venido la azafata
y he tenido que callarme.
Se ha dormido mi chinita.
Este vuelo va a matarme.
y prosigo en declararme:
–Si tú supieras, chinita,
si tú supieras romance,
sabrías que mis palabras
tendrían que encandilarte;
que vino el amor sabrías,
que lo tienes de tu parte;
por qué me ocupan tus ojos
el lugar donde mirarte,
por qué la luz te rodea
oscura, canela, suave,
que voy a llevarte a sueños
donde pueda acariciarte,
cerrar tus párpados finos
cuando empiece a desnudarte,
chinita de ojos rasgados,
que sabes a bienmesabes…
Ha venido la azafata
y he tenido que callarme.
Se ha dormido mi chinita.
Este vuelo va a matarme.
