Limpia febrero el parque y lo desnuda,
un sol adolescente y de puntillas
se trae la luz recién pintada
entre blanca y azul, casi amarilla;
el frío intenso del amanecer
nos obliga a marchar siempre deprisa,
otra mañana que al invierno viene
mientras al lado el tiempo se desliza.
El rapsoda, que conoce a muchos árboles,
los saluda al pasar, mientras camina:
“Buenos días, robinias olorosas;
eucalipto gigante, buenos días;
se pasará el invierno, ya veréis,
volveréis a crecer llenos de vida.”