Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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miércoles, 14 de enero de 2015

Balcones, pasteles, libros, fachadas

El pasajero ha ido recogiendo balcones y fachadas, al comienzo del barrio barcelonés (Gracia) en donde suele parar; engolosinado con esos preciosos ojos del barrio, pronto se ha dado cuenta de que la misión era imposible, porque había demasiados y, como luego comprobaría, es una hermosa tarea que ya ha dado recolectas, libros, ensayos... 
De manera que he buscado una librería con fondo adecuado; y en el camino, apareció lo de "y otras fachadas", menos conocidas quizá que las de algunas zonas de la calle Valencia o Ausias March, pero dando carácter y originalidad a Barcelona. Quizá habría de añadir el componente "flores y plantas"; pero a veces es difícil averiguar ––ahora en invierno– qué se enreda por las balaustradas y miradores. De hecho, en el carrer Bruniquer he preguntado a una vecina si la hilera de árboles eran jacarandas; y me ha dicho que no, pero que creía que sí que lo eran los de la plaza de Joanet, en donde termina la calle. Otra vez, misión imposible, desde luego. He terminado por recalar en Laia, librería grande y tradicional, donde he pasado la tarde hojeando libros y resistiendo pasteles con un buen café de mala leche (literalmente: un tipo de leche de larga duración que añaden en algunas cafeterías, que cambia el sabor del café para mal). El pastel del día –al que no resistí– estaba rico, pero la porción era tacaña. 
Demasiado libro para lo que está en la calle y se puede disfrutar paseando, de modo que me he ido a la sección literaria, en donde está en libro lo que normalmente está en libro. De una sección a otra, hasta terminar –por vicio mío personal– en la sección de poesía actual; el desnivel era muy grande entre la poesía escrita en castellano-español (con libros de Juan Ramón Jiménez y cosas así, es decir, nada "actuales") y la poesía catalana, que me ha llevado mucho tiempo. Buscaba llevarme algo para leer en parques y playas y volver a tomar el pulso a lo que se cuece en verso en catalán. Los anaqueles ofrecían una veintena de novedades. No me decidí por el libro ilustrado de Gemma Gorga, porque es de hace tres años; y al final, para que el gasto no se llevara otros vicios posibles, me he comprado el de Susanna Rafart (En el teu nom, Valencia: Periferic, 2014) y los Sexenta-un poemes de Francesc Parcerisas (Barcelona: Quadderns Crema, 2014), que me han ayudado a sobrellevar el día, para asentar en mi espíritu pasteles y fachadas. 
Los he leído en las tumbonas de piedra que miran al sol desde las cinco playas. Y además he traducido un par de poemas en cada caso, que, si me animo, aparecerán en este blog... O en otro, Victoria, que con tanta generosidad comentas algunas entradas, porque lo que querría era cerrar este blog –que ya cumplió sus cinco años– y, quizá, abrir otro anónimo y apartado. Tengo la intuición de que el ciclo de los blogs se encarrila a su fin, y que va a cambiar, no sé muy bien de qué manera. Es una intuición corroborada por el número de mis lectores, que fueron atrás más de dos cientos diarios, y que ahora ha descendido a un centenar. 
Creo que la entrada anterior, que se llama "descenso", justifica en parte la maniobra.
















El librito de Susanna Rafart, luminoso, bien conviene a los días de sol que ha regalado enero y que han encendido todos los colores de Barcelona, "ciutat de mar":


Els pins manlleven
paraules molt callades 
de cambra closa.
Fugen las negras tórtores
de l'aigua lleu que crema.


















jueves, 6 de octubre de 2011

Versión de un poema de Gemma Gorga, "El barquero"


Llevar-se d’hora i comprovar que tot és al seu lloc, 
que les finestres no han envellit tant en una nit, 
que el pa d’ahir segueix tendre per a les dents de llet 
del nou dia, que a la cuina perdura l’olor groga 
del curri, l’olor de les nostres mans fent el sopar, 
fent, lentes, l’amor sota els llençols blancs de la farina, 
que els llibres encara conserven, tossuts, la memòria
de les paraules, que tot és, en fi, on ha de ser,
començant pels ossos i acabant per les papallones,
pels meridians i els silencis que ocupen l’exacta
latitud celeste que algú els va assignar. I així, cada
dia, la mateixa feina per passar de l’ahir
a l’avui, per creuar les aigües fosques de la nit
amb èxit i tornar a començar com si res no hagués
passat, tret d’una mica de temps, el fang dels segons.
Fins que una nit embarcarem, però serà un altre
el riu i un altre el barquer. I aleshores, digue’m, ¿qui
mantindrà el nom, qui salvarà l’olor de tot allò
que hem estat, que per nosaltres ha estat, quina mirada
guardarà les finestres, el pa, les mans, la memòria,
els llibres? Quin llot s’atrevirà a engolir tanta vida?



El barquero (de El desorden de las manos, 2002)

Levantarse temprano y comprobar que todo sigue igual,
que las ventanas no han envejecido tanto durante la noche
y que el pan de ayer sigue tierno para los dientes de leche
del nuevo día, que en la cocina perdura el olor áspero
del curri, el olor de nuestras manos preparando la cena,
preparando el amor bajo el lienzo blanco de la harina,
que los libros todavía conservan, tozudos, memoria
de las palabras, que todo está en fin donde tiene que estar,
desde los huesos hasta las mariposas, pasando por
los meridianos y por los silencios, que ocupan la exacta
latitud celeste donde alguien los dibujó. Y así cada
día idéntico trabajo para pasar del ayer
al hoy, para atravesar las oscuras aguas de la noche
con éxito y volver a comenzar como si nada hubiera
pasado –más que un poco de tiempo, el fango de los segundos.
Y así hasta que una noche embarquemos. Pero será otro ya
el río y será otro el barquero. Para entonces, dime, ¿quién
mantendrá el nombre, quién resguardará el olor de todo aquello
que hemos sido, que por nosotros ha vivido, qué mirada
recogerá las ventanas, el pan, las manos, la memoria,
los libros? ¿Qué lodo se atreverá a anegar tanta vida?





domingo, 20 de junio de 2010

El mercadillo de la poesía en París

 
Aún se sigue celebrando este encuentro de poetas, que instalan el real en la Plaza San Sulpicio (desgraciadamente en obras) y exponen, recitan, se reencuentran, discuten, cantan... Tenía el aliciente este año de que Cataluña y, por tanto, la cultura y los poetas catalanes, eran los invitados especiales.
París, versos, primavera, Cataluña... todo lo que está ocurriendo allí es interesante, digno de que le entreguemos unos cuantos días y de que comentemos extensión, uso, conocimiento, etc. de la poesía francesa actual, primero, de la poesía catalana, además. En el periódico que difunde cotidianamente las noticias se da cuenta de un festival de cinema catalán, de multitud de lecturas poéticas, de conciertos y exposiciones... ¿Les gusta mezclar sabores? Ausias March ("Veles e vents han mos desigs complir / faent camins dubtoso sper la mar....") a ritmo de rap (en la foto) al lado de los versos chispeaantes de Vicent Andrés Estellés (Teoría y Pràctica de la flor natural). Josep Bargalló expone en uno de esos periódicos con relativa extensión "Un panorama de la poésie catalane" y enumera todos los nombres, lo que yo no recojo, pues no a todos los he leído ni tampoco es este el lugar. 

He coincidido con bastantes, sin embargo, durante esto días, y sí que les puedo dar noticia, por ejemplo de Francesc Parcerisas, cuya poesía tiene la calidad de los buenos versos donde la emotividad se siente, pero no agobia. Durante las lecturas –en francés y en catalán– se repartían los textos catalanes y se seguía, el que así lo quisiera, su lectura francesa a través del periódico cuya ilustración encabeza hoy este cuaderno. Sé que no es sufiente y prometo solemnemente limar la versión que ya he comenzado de algunos poemas de Parcerisa. Por otros motivos fue interesante la lectura de Enric Soria, de G. Gorga, de Jaume Pont, la siempre espectacular de
Perejaume... Retengan esos nombres. 









Deambulando por las casetas del Marché (van las ilustraciones) mantuve una larga parrafada con un promotor de una caseta, hasta que nos detectamos acento hispano: era Bernardo Schiavetta, a quien yo le estaba comprando un número de la revista "Formules" sobre el soneto contemporáneo (del 2008). No conocía este texto tan interesante, dirigido porr Alain Chevrier y Dominique Moncond'huy, con versiones de sonetos quevedianos, y artículos y colaboraciones espléndidos, entre ellos algunas cosas de Jacques Roubaud.
 
Traigo a colación el poeta francés, porque, como él, he intentado mantener la inspiración mientras caminaba: mi alojamiento estaba en le Marais, en la Plaza de Santa Catalina, y "le Marché", como ya dije, en la orilla izquierda, en San Sulpicio. Tiempo suficiente durante estos días para intentar enhebrar algunos versos dignos; pero los ojos encandilaban la inspiración que se iba a otros lados: esos candados de Pont Neuf que los amantes enganchan a la rejas del puente, como signo de la fortaleza de su amor; un hotel sin nombre (L'Hotel) desconocido en la Rue Mazarine con placas recordando que allí se alojaron Oscar Wilde y Borges, ese poeta, africano quizá, de gabardina amarilla, camisa azul y sombrero de paja... Demasiados alicientes que anotar con los ojos.



Quizá todavía pueda contar que allí me encontré con Sonia (¡porque lee este cuaderno y sabía que iba a ir!; la doctora Sonia Fernández hubiera debido decir); que frecuenté el café de la Mairie, en donde tuve un lance que a mí hubiera gustado que fuera amoroso; que hice otra foto al Polidor, en recuerdo de Cortázar; pero que no alcancé a visitar los lugares de Chopin, Vallejo... ni los míos propios, en la Butte aux Cailles, el viejo barrio parisino de un otoño perdido.


Mientras tanto: ha fallecido Saramago en Lanzarote; se ha descubierto otro apócrifo más de Pessoa, se han comenzado a publicar las obra completas de Reverdy... Demasiadas cosas, y de todo los tipos, como suele ser la realidad. Contrasté la noticia sobre Saramago leyendo en el Parque de Luxemburgo el Herald Tribune, que le tachaba de comunista recalcitrante, y Le Monde, que trazaba una necrológica bastante digna y encomiástica.
Y ahora de vuelta a Madrid, recompongo papeles, tareas y tiempos.