Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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sábado, 1 de agosto de 2015

Me abandonaron los mac

Probablemente esta es la ultima entrada que pueda publicar hasta dentro de unos días. Mi mac portátil hoy por la mañana ha decidido no reconocer mi contraseña, después de lo cual --a una máquina no le puedo jurar por mis muertos-- me ha pedido que cambie la contraseña, para lo cual a continuación me solicita  que entre en el ordenador en el que no puedo entrar con mi identificación de appel.... ¡Oh maravillosa inteligencia de los hacedores de los macs, que primero te dicen que no puedes acceder y, una vez que te lo han negado, te indican (¡oh sutileza!) que en la barra de la página  inicial conectes con algún wifi! ¿Y por donde entro?

Acudo al support desde un iPad, pero hete aquí que entonces me abren varias opciones:
1) que acuda a una tienda mac, sin embargo no reconocen en que país ni dirección estoy, aunque se lo digo en chino y en español. Por tanto, no me lo pueden decir, no puedo seguir.
2) que lo haga por chat, pero para poder continuar tengo que enviarles mi numero de ordenador que esta.... ¡Nueva y exquisita sutileza! En la primera página una vez abierto el ordenador, pinchando la manzana, o en la factura o en la tienda ( a once mil kilómetros).

Todas estas multinacionales han estudiado cuidadosamente el modo de que no puedas mandarles a la mierda.

Derrotado me voy.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Originalidad y chicos guapos



Uno de los modelos de A&F
La búsqueda de la originalidad es sin duda un  rasgo esencial de la conducta humana, aunque no de modo tan genérico como lo he anunciado –solo en algunos casos muy extravagantes–.  Pero sí, sí está en algúno o en varios rincones de cada uno de nosotros; por ejemplo, y para jugar en mi campo, en la expresión literaria o en la expresión de los propios sentimientos. Ya casi lo he dicho, si son “propios” no se deben confundir con los de los demás y por tanto tendrán que canalizarse de modo inconfundible. Ando discurriendo en los párrafos anteriores por argumentos conocidos que conciernen a las sociedades burguesas, es decir, a las nuestras, sin demasiados dibujos, porque voy de paso para referirme a las últimas tiendas “originales” que he visitado.


Al introducir el sustantivo “tienda” complico el limbo del argumento anterior con el ingrediente “mercantil”, con lo cual la originalidad ahora cobra velocidad vertiginosa, porque de ella se hace depender el elemento mercantil.
Con ese ligero bagaje teórico invito a visitar el enlace de A&F, la tienda de ropa que ha extremado la originalidad no tanto en la ropa –que puede ser original, bonita, etc. según los gustos de cada cual–, y que yo he podido ver en la que ha abierto en la 5ª avenida de Nueva York. El elemento original es que ha contratado medio centenar, calculo, de modelos masculinos y femeninos que son los dependientes de la tienda, oscura como la boca de un lobo, de tres pisos, con música actual continua y estridente (“playlist” que se escucha en la web también, en este enlace http://www.abercrombie.com/webapp/wcs/stores/servlet/category1_11203_10901_41448_-1_12203.)

Y que se caracteriza por el ritmo muy marcado por una batería fundamentalmente de cuerdas y una voz que lo acompaña y lo remacha, a modo de fuga simple.

Boston

Los modelos están situados estratégicamente, a la entrada dos –masculinos– en actitud nonchalance, pero enseguida, en la misma entrada, en el porche, una pareja más, el modelo masculino desnudo de la cintura para arriba (pude hacer la foto, discretamente). Están insinuando el baile de la música, y parece que eso es una consigna, pues según va uno subiendo, bajando, desplazándose de un cubículo a otro, etc. asoman modelos que te saludan de modo muy simpático y que se mueven, con la gracia que se mueven los guapos y guapas bien elegidos, mientras cumplen su función. Y hay muchos, pero muchos.  Confieso que las vendedoras que vi superaban ampliamente el nivel más alto de belleza que en estos momentos parece llevarse: cigüeñas de cintura imposible, que sin embargo se aborbotoneaban apretadamente debajo de la cintura.

Tienda Mac en Boston, escalera interior
En esas circunstancias, sinceramente, vi pocas camisas, aunque sí me di cuenta de que predominaba el “vintage”, la camisa clásica americana, que a veces he oído llamar de leñador (es decir: cuadros de colores), y la ropa informal de algodón tazado (esta palabra es rara, viene de mi tierra), con profusión de pegotes por todos lados, cómoda a más no poder. La originalidad puede buscarse, bien lo sé, y en ese mismo terreno mercantil, a partir de otros procedimientos. Las tiendas de MAC, por ejemplo, ya venían empleando una multitud de gente joven, pero ni se seleccionaban por su presencia ni se les obligaba a bailar torso desnudo y cosas así. Hablaremos en otra ocasión del intento de originalidad sin sacar los pies del plato, es decir, de Góngora, cuyo mejor correlato puede ser la preciosa tienda de Boston de la que ofrezco foto, y no solo por el escaparate, desde luego, sino por el producto mismo que ofrece, la ropa, la poesía. Volvemos a A&F.

La tienda estaba llena, por cierto, y oí hablar bastante en español. Me dicen que pronto va a extender sus cuatro tiendas (Sidney, dos en Nueva York y otra en California) y que llegará a España... Veremos cuánto dura la rabiosa actualidad o si ocurre como las oleadas de Banana Republic, HM, etc. La originalidad excesiva se quema antes; pero la que se apoya en constantes o en elementos básicos –y la atracción física lo es– no está tan claro que padezca de erosión.
La página web resume, hasta con escenas graciosamente subidas de tono, algo de lo que he intentado explicar: la originalidad a partir de la sacralización de la belleza de la gente joven, pero descaradamente, sin tapujos.
No, no me compré nada; la Filología no da para mucho. Además, entre las dependientas no había ninguna chinita.

¡Ah! desde el enlace se va a la página principal de A&F: